Alejandro Armenta y el 2026 que viene

Alto a la extorsión

El gobernador Alejandro Armenta Mier carga un riguroso esquema de tiempos y plazos, año por año, en su administración.

En las mediciones de Indicadores y Enkol, donde aparecía bien calificado, había dos rubros importantes que mide la ciudadanía y en el cual resulta una crítica implacable: obra pública y combate a la inseguridad.

Y el primer año quedó corto para todo lo que tenía entre manos. Ahora enfrenta a un 2026 apremiante. Como ya lo dijimos en este espacio hace unos días, el 2027 será el referendum al Armentismo. La etapa de la novedad termina. Por eso, el año que viene es urgente para mostrar beneficios tangibles a los poblanos.

Pero Puebla y el mandatario se enfrenta a un presupuesto federal corto que condiciona la obra pública, fondos que igual se necesitan para los proyectos de infraestructura y tecnología prometidos en campaña.

Durante el mensaje del Primer Informe de Gobierno resaltó el gesto a los dos gobernadores que le precedieron en el puesto, tanto Miguel Barbosa Huerta como Sergio Salomón Céspedes Peregrina.  

La relación con Sergio Salomón Céspedes representa un punto de atención. El exgobernador mantiene cierto capital político y opera desde una cómoda posición federal, que lo presenta con una envidiable cercanía a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

Armenta ha respetado los acuerdos de la transición y, aunque ambos comparten la bandera de la Cuarta Transformación, sus equipos de trabajo conviven en una delgada línea entre posiciones en alcaldías, diputaciones locales y federales, así como la burocracia estatal. La disciplina partidista evita rupturas públicas. Y el reto radica en la diferenciación de estilos de gobierno sin generar fricción.

Mientras que, en el caso de lo que queda del grupo de Miguel Barbosa, el mensaje igual cayó bien, no solamente por el grupo persiste en la estructura. El fallecido mandatario dejó una red de operadores en el interior del estado, en Morena, en las delegaciones de Gobernación y en algunas curules del Congreso.

Armenta aún analiza la utilidad de estos cuadros y es evidente que algunos de ellos perdieron influencia. El gobernador busca lealtad absoluta. La integración de este sector ocurre bajo condiciones estrictas y el control del aparato estatal no admite vacíos de poder.

En el evento del Primer Informe igual fue posible ver migajeando a Ignacio Mier y su hijo, e incluso a otros personajes a los que se le ligó a este equipo, como Enrique Doger. El primo y rival político mantiene la mira en Puebla, pero cada vez más lejos, sobre todo ahora que no logró en el lugar de Adán Augusto López en el Senado.

Con la disputa por las candidaturas de 2027 que comienza en 2026. Mier busca posiciones para sus aliados en las alcaldías y diputaciones. Sin embargo, veremos a un Alejandro Armenta blindando su territorio sin tregua.

El 2026, que arranca en breve, va a definir el sexenio, Armenta aún construye su identidad política en el mando y sus adversarios miden fuerzas. El tiempo corre y la gobernabilidad depende del equilibrio entre factores como la seguridad que demanda estrategia.

Los índices delictivos requieren atención inmediata. La inversión privada pide certeza jurídica.

Y Puebla compite por la atracción de capitales con los estados vecinos, la estabilidad social depende de la pacificación de zonas conflictivas lo antes posible.

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Edmundo Velázquez

Es egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) y cursó la maestría en Periodismo Político en la Escuela de Periodismo Carlos...