Perro oso

Perro oso
Perro oso

Bien dicen que el que las hace no las consiente. Yo tanto que me burlo de la gente que se cae frente a otras personas, que corren atrás del microbús o que tiran algo, y me tocó vivir ¡Santo oso de mi vida!

Me encontraba tomando unas ricas cervezas en el Pop Time, antes El Tiradero, del guapo y talentoso Eric Tirado. En aquellos años mozos, Selene Ríos y su servilleta no salíamos de Él Tiradero.

Nos mojábamos al ver a Eric Tirado y más al escucharlo cantar. Era todo un deleite y no nos lo perdíamos por nada del mundo, podíamos estar en aquel lugar del Circuito Juan Pablo II desde el miércoles hasta el sábado, sin descanso.

¡Claro, bendita juventud!

El caso es que un guapo amigo con el que estaba resultó ser amigo de Eric Tirado. El cantante se acercó a nuestra mesa, saludó a mi guapo amigo y posteriormente nos presentó. Diría mi amiga, la fastidiosa “Tía Mundis”, que yo estaba en mi papel de la India Yuridia con el reboso en la cara; o Viri, que le bailaba como “María Mercedes”.

El caso es que intenté comportarme lo más serio posible: “¡Claro, Eric Tirado! Jejeje si te conozco, bueno no te conozco, pero sí. Es que mi amiga Selene y yo no salíamos de Él Tiradero, siempre te íbamos a ver. Jejeje, jejejeje (léase como risa nerviosa cuando alguien no sabe qué decir). Luego te entrevistamos para la revista 360 grados, fueron las palabras entrecortadas que pude pronunciar.

“¡Ah claro! 360, Selene, cómo no, con razón te me hacías conocido”, dijo Éric Tirado con un tono tan amable y cálidos que, por supuesto, seguramente no sabe quiénes éramos, pero al menos no fue grosero. Y si de por sí la situación ya era incómoda, todavía faltaba el cierre con broche de oro.

Y me da tanta pena porque seguramente mi guapo amigo y Eric debieron haber pensado que ya estaba pedo, o peor aún: que con solo dos chelas me emborracho, tal vez que no tengo control sobre mí. Qué se yo.

Pero nada de eso. Lo que pasa es que cuando estaba platicando con Eric, me quedé parado y mi piecito izquierdo estaba recargado en un soporte de la silla periquera. Cabe aclarar que estos soportes están a ras de piso.

Mientras Eric platicaba conmigo, yo canalizaba el nerviosismo moviendo el piecito izquierdo para que no lo notara; al otro extremo de la mesa, mi guapo y sexy amigo estaba sentado, con los brazos abiertos recargados en las sillas que tenía a su lado y las piernas cruzadas, una pose muy tentadora de dandy.

El caso es que no sé cómo la silla se patinó, se fue hacia atrás, con ella me fui yo porque perdí el equilibrio y empujamos otras dos sillas que estaban atrás, para no hacerles el cuento largo, quedé tendido sobre las sillas, un cristal estrellado y toda mi moral quebrada.

Mi sexy amigo solo dijo “¡Cuidado!” Y Eric Tirado me levantó de entre las sillas cuando quedé bien tirado. Les juro que me moría de pena, quería agarrar mi reboso y salir corriendo, es más ya no los quiero volver a ver de la pura pena.

Moraleja: hagan equilibrio y pongan los pies bien puestos en la tierra.

¡Claro! Chinguen al guapo

Fotografía de Yonadab Cabrera Cruz

Yonadab Cabrera Cruz

Inició como reportero en 2007 y ha cubierto temas políticos, de medio ambiente así como sociales. Cuenta con dos maestrías: la primera de ellas en Mercadotecnia y Publicidad y la segunda en Desarrollo...