Mientras la Secretaría de Movilidad del municipio presume la instalación de nuevos bolardos en Puebla, la infraestructura previamente colocada se encuentra en total abandono.
A través de un recorrido realizado por CENTRAL, se constató que la falta de mantenimiento impera en diversas vialidades de la capital poblana.
Elementos que originalmente fueron colocados para salvaguardar la vida de los peatones y delimitar las áreas de tránsito hoy lucen inservibles, convertidos en chatarra pública.
Peatones de las zonas afectadas señalaron que la infraestructura dañada no ha recibido una sola jornada de mantenimiento, volviéndose insuficiente ante el flujo vehicular.
La Secretaría de Movilidad municipal de Puebla ha enfocado sus esfuerzos en presumir nueva infraestructura, sin embargo, ha dejado en el olvido bolardos que ya cumplieron su ciclo.
Durante el recorrido, se detectaron tres problemáticas principales que anulan por completo la función de estos postes protectores tras ser víctimas de la falta de pericia vial.
Varios bolardos de la ciudad de Puebla se encuentran completamente doblados, sumidos en el asfalto o desprendidos de sus bases debido a choques automovilísticos.
En lugar de sustituirlos, permanecen como monumentos a la impunidad vial como los ubicados en pleno bulevar 5 de mayo, a la altura de la Fiscalía General del Estado (FGE).
Asimismo, un gran porcentaje de la infraestructura ha sido blanco de pintas, grafitis y destrozos deliberados. Lo que deteriora la imagen urbana y refleja la falta de vigilancia.
Tal es el caso de los bolardos ubicados en el Centro Histórico, específicamente en la avenida 11 Poniente, esquina con la 3 Sur.
En ese sentido, los postes que perdieron su verticalidad ya no ofrecen resistencia alguna. Por lo que, ante un eventual atropellamiento, no podrían contener el impacto.
El propósito de un bolardo es crear una barrera física entre el automóvil y el ciudadano. Sin embargo, al estar doblados, el riesgo de accidentes aumenta.
Bolardos en Puebla, una historia de “quita y pon” que cumple años sin un plan de mantenimiento continuo
La actual crisis de abandono que sufren los bolardos en Puebla no es un problema nuevo. Sino el resultado de una política que arrastra vicios desde su origen.
La estrategia de colocar postes protectores comenzó a implementarse a finales de 2019, acumulando años de inversiones millonarias que terminan convertidas en chatarra.
Su origen se remonta al último trimestre de 2019, bajo la gestión de la exalcaldesa morenista Claudia Rivera Vivanco.
En ese momento, la entonces Secretaría de Movilidad implementó los programas internacionales “Visión Cero” y “Entornos Seguros”, interviniendo inicialmente 15 de los cruceros más conflictivos de la Angelópolis.
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En su primer año completo de implementación, la administración municipal destinó más de 14 millones de pesos a la compra e instalación de miles de bolardos y macetones.
Sin embargo, la medida enfrentó desde el inicio el rechazo de automovilistas y la falta de un programa para sustituir los bolardos destruidos por choques.
Con la llegada de Eduardo Rivera Pérez, su administración retiró cientos de postes de avenidas principales bajo el argumento de que estorbaban el tráfico o estaban mal planeados.
A partir de ahí, se pasó de una instalación masiva a una colocación estrictamente regulada, limitándose a resguardar zonas peatonales del Corredor 5 de Mayo.
Hoy en día, bajo la gestión de Pepe Chedraui, la colocación ya no se realiza de forma arbitraria en avenidas grandes. Sino que se ha focalizado en centros educativos y esquinas del Centro Histórico.
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