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Cada vez hay menos habitantes en el Centro Histórico de Puebla, mientras la gentrificación avanza en la zona monumental considerada Patrimonio de la Humanidad.

En el corazón de Los Sapos, la vida comunitaria cede terreno a un modelo económico que prioriza al visitante efímero sobre el residente permanente.

Generaciones de poblanos que crecieron en la Angelópolis emigraron hacia los extremos sur y norte de la ciudad, ante el encarecimiento de la vivienda.

Los testimonios de los pocos habitantes de la 5 Oriente muestran un patrón constante en la transformación del barrio.

Las vecindades, que durante décadas funcionaron como hogares colectivos, hoy enfrentan la presión directa de inmobiliarias privadas.

En entrevista para CENTRAL, Rebeca Flores, vecina del Centro Histórico, advirtió que este proceso marca “el inicio del fin” para los residentes originales.

Con la llegada de capitales privados, los contratos de renta se vuelven inaccesibles o derivan en juicios de desalojo.

Como resultado, familias que dieron identidad al primer cuadro de la ciudad enfrentan un desplazamiento forzado y silencioso. La expulsión no solo afecta a quienes habitan el centro, sino también a quienes lo mantienen vivo diariamente.

Donde antes predominaba el aroma de tamales por la mañana, hoy resuena el ruido constante de maletas rodando rumbo a departamentos de Airbnb.

Es una situación que viene desde hace mucho tiempo, pero que se ha acentuado en los últimos años, o por lo menos así lo percibo yo”.

Este fenómeno también impactó a los comerciantes tradicionales que ofrecían alimentos a trabajadores de la zona.

Muchos se vieron obligados a mudarse a la periferia, rompiendo la dinámica de vivir y trabajar en el mismo barrio.

Así, inmuebles que antes albergaban familias hoy operan como alojamientos temporales para turistas.

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Transición de propiedades a manos de inmobiliarias aceleraron la Gentrificación en el Centro Histórico de Puebla  

La transición de propiedades familiares a manos inmobiliarias se aceleró tras la crisis sanitaria por Covid-19 en Puebla.

Desde entonces, los costos de vivienda dejaron de ser compatibles con la economía local y fragmentaron el tejido social.

Creo que a partir de la pandemia nuestros vecinos se empezaron a ir. No sé bien las condiciones, pero me da la impresión de que les subieron mucho la renta o incluso hubo juicios de por medio”.

Mientras algunas casonas se remodelan con acabados de lujo para el turismo, otras permanecen en abandono.

En calles como la 5 Oriente, varios inmuebles sobreviven con humedad e insalubridad, a la espera de ser gentrificados.

Rebeca Flores denunció que la inversión no llega a las vecindades aún habitadas, donde el deterioro estructural es evidente.

Los vecinos señalan que este abandono no es accidental, sino parte de una estrategia económica. Primero se deja que el inmueble se degrade, luego los habitantes se marchan por presión económica o desgaste.

Una vez vacío, el edificio queda listo para una remodelación que lo transforme en negocio turístico.

El riesgo para Puebla es convertirse en un “cascarón arquitectónico impecable”, pero sin la vida que le dio sentido histórico.

Así, el ADN poblano se diluye entre contratos inmobiliarios, mientras las vecindades resisten su último turno como hogar.

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Luis Camacho

Luis Camacho

Licenciado en Televisión y Producción Audiovisual de As Media. En el periodismo digital ha laborado en medios como e-consulta, Diario Cambio y actualmente en Periódico CENTRAL