Las esferas que adornan año con año el árbol navideño son una muestra de unión, de color y de alegría, que hasta hace algunos años le provocaban también dolores de cabeza a los padres de familia, pues estaban forjadas en vidrio soplado, tradición que aún conserva el pueblo mágico de Chignahuapan en Puebla. Sin embargo, actualmente son elaboradas con plástico para evitar que se rompan y causen accidentes o se desgasten con el paso del tiempo.
Su origen se remonta al obispo inglés San Bonifacio, a quien se le atribuye la invención del árbol de Navidad en su misión por evangelizar a los habitantes de Europa que practicaban el paganismo, pues adornó un pino con manzanas, las cuales representan en la religión católica, el deseo y las tentaciones de Adán y Eva, fruta por la que fueron expulsados del paraíso.
Cada esfera simboliza una oración y el color denota una intención: las rojas son las peticiones y el pecado original, las blancas o plateadas representan los agradecimientos, las azules simbolizan el arrepentimiento, las doradas son alabanzas y las verdes representan la esperanza.
