Tragedias
#ArchivoNegro: Avión de la Fuerza Aérea se desploma en San Baltazar Tetela, en marzo de 1970
El grupo de militares que acudió a la zona del incidente solo pudo rescatar los dedos de una mano y un pie del Subteniente, Gerardo M., porque el resto de su cuerpo se calcinó
Por Eloy Rodríguez Linares/@linares_eloy
Un fotorreportero de la fuente policiaca nunca se acostumbra a retratar sucesos sangrientos, debido a que siempre se impresionan por los accidentes y las escenas de crímenes que deben fotografiar, algunas de ellas, por varias semanas, les llegan a producir insomnio, estrés o tristeza.
Durante los 50 años que Enrique Metinides Tsironides trabajó como fotorreportero de la fuente policiaca, nunca se le quitó su miedo a la muerte, como tampoco se le olvida la forma en que se paralizó su cuerpo la tarde del 30 de mayo de 1984, cuando acudió a la calle de Insurgentes de la Ciudad de México para retratar una balacera, y observó que el periodista Manuel Buendía, comunicador que durante muchos años había sido su jefe, perdió la vida.
En una entrevista que la periodista Adriana Restrepo Leongómez le hizo a Metinides, el fotorreportero le explicó que no le gustaba retratar muertes de niños, y cuando tenía que cubrir ese tipo de sucesos, al llegar a su casa lloraba por varias horas.
Otra de las anécdotas que Metinides le platicó a Adriana Restrepo, fue cuando lo mandaron al volcán Popocatépetl para fotografiar un accidente aéreo, y durante tres días se perdió junto con un grupo de rescatistas de la Cruz Roja en la zona de la montaña.
“En otra ocasión, se cayó un avión en el volcán Popocatépetl. Yo subí, hice mis fotos y cuando estábamos bajando nos perdimos con otros tres que eran rescatistas de la Cruz Roja. Durante tres días, estuvimos solos y no nos morimos nomás porque comíamos caña muy delgadita y nos pusimos periódicos debajo del traje para que nos calentara. Lo bueno es que yo le había pasado mi equipo a otro de la Cruz Roja y el, que no se perdió, entregó el material al periódico y pudieron publicar las notas de la catástrofe aérea. Pero mire: tengo nueve costillas rotas, dos veces me ido a barrancos y me he dado contra las piedras, he estado en medio de las balaceras más horribles. ¡Qué me ha pasado! Es más, una vez, esperando a unos heridos de la Cruz Roja, me dio un infarto. Me salvé porque estaba ahí mismo en el hospital y logré llegar a la sala de urgencias arrastrándome por el piso”, recordó Metinides a la periodista Adriana Restrepo.
El atentado terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York, fue uno de las tragedias que a Metinides le hubiera gustado retratar, pues piensa que supera todas las cosas horribles que observó al trabajar como fotorreportero.
A finales del mes de marzo de 1970, un accidente aéreo conmocionó a los poblanos, el incidente ocurrió cuando tres aviones de la Sexta Base Aérea realizaba maniobras de entrenamiento y de forma repentina una de las aeronaves perdió altura y se desplomó en el municipio de San Baltazar Tetela.
Militares de la Sexta Base Aérea acudieron al lugar del percance, pero solo rescataron los dedos de una mano y un pie del subteniente Gerardo M., porque el resto de su cuerpo se calcinó por la explosión que ocurrió cuando la nave que tripulaba se impactó en el cerro conocido como “El Tecorral”.
Testigo
La mañana del 30 de marzo de 1970. Los habitantes de San Baltazar Tetela se divertían al observar tres aviones de la Fuerza Aérea Mexicana que volaban por encima de ellos, los pobladores no despegaban su mirada del cielo, porque al vivir en el fin del mundo eran pocas las ocasiones en que presenciaban algo singular, como cuando una persona se ahogaba en el lago de Valsequillo, y se amontonaban para presenciar las labores del rescate del cadáver.
Los habitantes estaban atónitos con las maniobras de los pilotos, cuando observaron que un aeroplano comenzó a perder altura, pensaron que serían testigos de algo extraordinario, sin imaginar que segundos después la aeronave se iba estrellar en el cerro de “El Tecorral”.
Maniobra mortal
La noche del trágico accidente, Andrés Herrera Ruiz, reportero de El Sol de Puebla, junto con Julio César Hernández, reportero gráfico, acudieron al cerro de “El Tecorral, guiados por los pobladores, llegaron a la zona donde se estrelló el avión, y, gracias a la luz de una linterna observaron que las partes de las aeronave se encontraban esparcidas en un diámetro de 100 metros, algunas de ellas colgaban entre las ramas de los árboles.
De acuerdo con la declaración del Capitán Segundo, Ageo Escamilla Hernández, el Subteniente, Gerardo M., realizaba una maniobra de entrenamiento cuando ocurrió la tragedia; además, explicó que el piloto José Luis Sánchez Vizcaíno, quien tripulaba una de las tres aeronaves que se dirigían a la zona tres de la Sexta Base Aérea, con sede en Puebla, le informó que uno de sus compañeros estaba perdiendo altura y, segundos después, alarmado, le comunicaba que la nave se había estrellado en un cerro de San Baltazar Tetela.
Un contingente de militares de la Sexta Base Aérea se trasladó al lugar del incidente para rescatar al Subteniente, Gerardo M., pero la brigada solo localizó los dedos de una de sus manos, y unos de sus pies porque el incendió, que se originó cuando se estrelló la aeronave en el cerro, calcinó todo su cuerpo.