A mi manera

Un gran contador de historias puede contar lo que sea

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¿Les ha pasado que ven una historia y pareciera que habla de ustedes?

Y no, no necesita acercarse o proyectar siquiera a la mitad de nuestra vida, basta con un esbozo, un destello, algunas referencias, matices de nuestro presente y nuestro ayer para saber que esa historia bien podría llevar nuestro nombre.

Eso experimenté con una película, me encanta el cine, pero pocas, muy pocas veces uno logra conectar tan profundamente. No me haré pasar por un experta ni una crítica con la pluma bien afilada, sólo quiero platicar la reminiscencia a la que me transportó “Dolor y Gloria”, la nueva película del multilaureado director español Pedro Almodóvar.

Que más da que la historia se desarrolle en otro país o en otro continente, al final las historias personales y familiares siempre terminan pareciéndose.

Salvador Mallo (Antonio Banderas), el ficticio Pedro Almodóvar, navega entre su deterioro actual y las vivencias del pasado, entre el recuerdo de su primer y gran amor y las ganas de levantarse de su silla, a pesar del dolor de espalda, para seguir haciendo cine.

Cuánto recordé las calles del Apizaco donde crecí, insisto, dejen a un lado lo meramente visual y vean más allá de España. Regreso: cuánto recordé mis días de infancia, mi relación con mis padres y mis hermanos, el primer amor y las ansias de comerme el mundo en las grandes ciudades. Y después querer regresar a los días de tranquilidad, donde no hay nadie más que tú.

Recuerdo mis desayunos de la infancia sentada junto a mi madre o, a veces, junto a mi hermana. A mamá le encantaba cocinar, sobre todo lo que nos hiciera felices, nada le llenaba tanto de felicidad el alma como mandarnos a llamar a la mesa para disfrutar sus 'guisos' y extender el plato para pedir más. Llegaba al grado de colarnos comida al cine (perdóname, madre, por platicar estos secretos).

Recuerdo el primer amor, el verdadero, el que sentimos que se mete como virus y taladra hasta los huesos, el que invade y se extiende, pero también el primero que se va. Recuerdo el despertar del deseo y la pasión y las ganas de conocer de todo un poco.

Almodóvar es un experto en envolverte en esa magia que muchos elogian y a otros aún escandaliza. Dolor y Gloria es su mejor filme en los últimos años, nos muestra un poco de su vida, de la que recuerda y la que ha construido, un recorrido que va del pasado nostálgico a otro pasado, el que vive en su imaginación, a ambos los mezcla y moldea para llevarnos de la mano con él, lo hace tan bien que cuando menos lo esperamos la pantalla se torna borrosa, sí, son lágrimas.

Yo también tengo deudas con mi pasado, también tengo deudas con mi madre, a quién si pudiera ver otra vez le daría el más grande de mis abrazos y le cumpliría la última promesa entre nosotras que quedó pendiente. A veces también quisiera verla tanto en mis sueños como Almodóvar en su cinta.

Hay historias que sin llevar nuestro nombre, bien podrían ser nuestras.

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