22 de Julio del 2026

Estado

CRÓNICA Tepexco y Cohuecan: los pueblos a los que no les duele haber linchado a 7 personas 

- Foto: Agencia Enfoque

En las calles los habitantes caminan en calma, como si cuatro días antes no se hubieran convertido en una turba furiosa que arrebato la vida a cuatro posibles secuestradores.

Por Osvaldo Valencia / @Osva_Valencia /

Si hay algo que no se percibe en las calles de Tepexco y Cohuecan es tensión. Como sucede después de la tormenta, el sol irradia sobre sus casas, su zócalo, sus tiendas y carreteras.

En sus calles los pobladores caminan con calma, como si cuatro días atrás no hubieran intentado secuestrar a uno de los suyos a plena luz del día, y ello terminara en una masacre para hacer justicia por su propia mano que dejó muy en claro que no son vulnerables ante la delincuencia.

Nadie parece recordar la tarde-noche del 7 de agosto. Nadie recuerda que una población enarcedida le arrebató la vida a cinco personas al mediodía y a otras dos en la noche; todas acusadas por la marabunta de ser secuestradores.

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Si no fuera por la presencia de las camionetas de la Policía Estatal, el Ejército, la prensa y el gobernador del estado, Miguel Barbosa, la mañana del domingo 11 de agosto podría pasar como una más en el municipio de Tepexco.

Al llegar Miguel Barbosa, las personas se congregan alrededor de él. El gobernador habla con sus secretarios, con la alcaldesa y algunos representantes de la comunidad. Se encierra en un cuarto de la presidencia municipal.

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Tarda 20 minutos en hablar con los encargados de la gobernabilidad del municipio y sale sin detenerse. Habla con unos cuantos pobladores y se dirige al presidium desde donde dirigirá unas palabras a un grupo de habitantes, que lejos de hacer barullo o rechifla al gobernador, se quedan inmóviles como si esperaran un regaño.

Frente al gobernador un poblador toma la voz del evento. Su ritmo es pausado, muy calmado. Quien habla es Teoboldo Pérez, padre del empresario ganadero de la región Armando N., a quien trataron de plagiar hace cuatro días.

Teoboldo no usa el micrófono para reprochar al gobierno municipal su nula intervención en el intento de secuestro de su hijo. No hace un llamado enérgico contra el gobierno del estado para atender la inseguridad. Agradece a su gente, a su pueblo, por retener a quienes trataron de llevarse a su vástago. Agradece a quienes, en cuestión de horas, colgaron y calcinaron a posibles delincuentes.

VER: Padre de secuestrado en Tepexco agradece a pobladores por linchamientos: “rápido recuperamos a mi hijo”

Después, Miguel Barbosa se traslada a  Cohuecan. El escenario no es diferente. Todo es tranquilidad para los pobladores de la región. Para quienes no son de ahí, el instinto de supervivencia es lo primero que se activa al llegar.

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Los foráneos buscan la presencia de los policías y militares, replegados en sus camionetas; evitan acercarse a cualquier árbol que se le pudiera considerar alto, cualquiera que les recuerde el destino que tuvieron siete hombres.

Al ver llegar al gobernador, nadie hace gran alboroto. Si acaso las palmas se escuchan, pero nada más.

Para autoridades y habitantes de la comunidad, lo que inició en Tepexco y concluyó en Cohuecan no es necesario repetirlo frente al gobernador. Ya es sabido por todos. Es el motivo de su visita.

Mejor aprovechan para pedirle ayuda para arreglar carreteras, para que se reconstruyan templos y escuelas, que se restablezca la seguridad, y apoyo para los artesanos.

Al verlos, Miguel Barbosa comprende que lo vivido hace cuatro días sólo fue una reacción del momento que se ha repetido varias veces para los pobladores: el de esperar la atención del gobierno estatal, municipal o federal y no encontrarlo.

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Miguel Barbosa se olvida de los reproches y se compromete a apoyar "en lo que pueda" en los temas que le pidieron.

Al finalizar el acto oficial con el gobernador, los pobladores comienzan a dispersarse poco a poco, a continuar con su vida, siguen con ella con la calma, como si no hubieran hecho justicia por su propia mano y siete personas estuvieran muertas. Como si no hubiera pasado nada.

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