24 de Junio del 2019

Educación sexual: ¡sí!

Por Betzabé Vancini / /

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Que los libros de texto de secundaria incluyan diversidad sexual entre sus temas es la gran noticia de la semana en términos de educación y psicología. Y sí, señores padres de familia, antes de que peguen el grito en el cielo o se desgarren las vestiduras, permítanme decirles que eso es lo que sus hijos necesitan.

Comenzaré diciendo esto: los niños y niñas que no reciben educación sexual son más proclives a ser víctimas de abusos, de explotación sexual y de contraer enfermedades de transmisión sexual a más temprana edad. Es decir, la ignorancia es la principal causa de que muchos niños, niñas y adolescentes no denuncien a sus agresores sexuales pues el tema sigue siendo un enorme tabú en sus familias. Ahora bien, si usted cree que por no hablar de sexo con sus hijos va a mantener su inocencia intacta, está en un error. La edad promedio para empezar a ver contenido pornográfico en México es a los 12 años de edad y el inicio de la vida sexual, según el INEGI, ha bajado de los 15 a los 13 años de edad en nuestro país. La curiosidad sobre el sexo es muy natural durante la adolescencia, ¿no sería mejor que pudieran leer al respecto en un libro en lugar de consumir contenidos distorsionados y violentos como la pornografía? ¿Estará usted ahí para responder a todas las dudas que sus hijos tengan sobre su cuerpo y su sexualidad?

Durante estos días he estado escuchando frecuentemente el argumento de que en México no estamos preparados para ese tipo de educación, y es en parte cierto. Los que no están preparados son los maestros que van a impartir la clase de biología y que seguramente proyectarán sus propios prejuicios y miedos en lugar de hablar objetivamente de los contenidos. El principal obstáculo de esta iniciativa es que durante siglos hemos vinculado la sexualidad con la moral religiosa y nos hemos desapegado por completo de la ciencia y la medicina para explicar fenómenos que son perfectamente naturales. No hay nada de moral en la menstruación, en las primeras erecciones nocturnas o en los cambios físicos que atraviesa un adolescente en esa etapa, son reacciones biológicas que el cuerpo desencadena para probar que está listo para reproducirse y esto, nada tiene que ver tampoco con la voluntad de la persona que lo experimenta. Hemos vinculado durante tantos años la culpa al placer sexual que ahora parecen casi imposibles de separar. Uno de los derechos más importantes de los seres humanos es vivir una vida sexual sana y plena, para esto, cada uno de nosotros tendría que estar consciente de sus necesidades, sus valores personales, su libertad de elegir cómo y con quién practicar su vida sexual. Saber que la otra persona, como nosotros, es libre de decir que no y que debemos respetar ese límite. Que el sexo, en cualquiera de sus modalidades, debe ser mutuamente consensuado, no obligado, coaccionado ni producto de una persuasión insistente. Es la ignorancia la que alimenta a los depredadores sexuales pues se enfocan en convencer a sus víctimas de acceder a sus deseos. Con el término “depredador” me refiero a todos aquellos que coaccionan o condicionan la sexualidad de otro/a que puede ser desde el maestro que seduce a sus alumnas/os hasta el chico que aprovecha el estado de ebriedad de una chica para tener relaciones. Le decimos a nuestras hijas que “se tienen que dar a respetar” en lugar de enseñarles que merecen respeto por ser personas y que nadie tiene derecho a obligarlas o chantajearlas para tener cualquier actividad sexual. Les decimos que se tienen que casar con aquel con el que perdieron su virginidad o que ya no valen nada una vez que la han perdido en lugar de decirles que ellas pueden tener relaciones con la persona que las haga sentir seguras, valoradas, acompañadas, que escuche sus deseos y sobre todo, que respete sus límites. Seguimos siendo partícipes de una cultura prejuiciosa llena de ideas erróneas sobre la diversidad sexual, una cultura hipócrita que tacha a los homosexuales de enfermos pero que encubre actos de pederastia que nos llevan a los primeros lugares de este delito atroz en el mundo.

Es importante que nuestros niños, niñas y jóvenes sepan que dentro de la naturaleza humana existen diversas orientaciones sexuales y que ninguna está equivocada o ninguna es más valida que otra. Bien diría Alfred Kinsey, psicólogo y sexólogo estadounidense que entre la heterosexualidad y la homosexualidad hay una gama de grises en las que se coloca la mayoría de las personas. Sí, la mayoría. Qué diferente sería nuestra sociedad si ningún chico/a sintiera vergüenza y miedo de decirle a sus padres que le gustan las personas de su mismo sexo, como si estuviera mal, como si lo hubiera decidido y se hubiera equivocado. Uno de los argumentos de la ultra derecha es que si abrimos esta información a nuestros jóvenes de pronto “todos se van a volver homosexuales y esto va a ser un caos”, cuando tendríamos que empezar por aclarar que la orientación sexual no se decide ni se cambia, por lo tanto, no hay ninguna terapia que “corrija” las orientaciones sexuales distintas a la heterosexual. ¿Usted podría cambiar la suya? ¿Lo intentamos?

Queridos padres de familia, si su miedo es a que esto se vuelva un caos, permítanme decirles que ya vivimos en él y que nada tiene que ver la educación sexual sino por el contrario, la represión. Cuando el ejercicio de la sexualidad va ligada más a valores morales-religiosos que a los derechos humanos y a los valores éticos universales lo que tenemos como resultado es una sociedad doblemoralina, que actúa de una manera ante el ojo público y de otra muy distinta en el ámbito de lo privado. Por ejemplo, Puebla es un estado conservador que rechaza activamente a travestis y transexuales pero, ¿sabía usted que Puebla capital es el segundo lugar nacional en consumir sexo servicio travesti? ¿No sería mejor que todos veláramos por ejercer nuestra sexualidad de manera libre y sana en el ámbito público y privado de manera congruente? ¿Por qué unas personas tienen más derecho a mostrar su amor y otras deben reprimirse? Le prometió usted a su hijo/a amarle incondicionalmente, entonces ¿por qué le rechaza y le hace sentir que le decepciona cuando le dice que no es heterosexual? ¿No es eso condicionarlo?

Sí, sí, sé perfectamente que estoy tratando de mover una maquinaria ideológica que tiene siglos funcionando, sin embargo, aquí están los primeros pasos. Que en el aula se aborden temas de sexualidad y que los niños, niñas y jóvenes puedan llegar a casa a compartir lo que vieron en la escuela o a comentar sus inquietudes con sus padres. Pero, “en México todavía no estamos listos para tanta información”, no, no lo estamos los maestros y los padres, porque nuestros hijos ya están listos para ello y si no les acompañamos nosotros en ese proceso lo hará el internet, la televisión o algún maleante abusador.

Usted, ¿qué prefiere?

Como siempre, estaré atenta a todas sus preguntas y comentarios vía Twitter. Me encuentras como @betzalcoatl