01 de Junio del 2020

Mala memoria, dispersión, poca concentración y ansiedad ¿Te suena?

Por Betzabé Vancini / /

Tú, yo y el Ello...

Poca concentración para hacer las cosas, dificultad para iniciar o terminar proyectos, dificultad para concentrarse en una tarea específica, dispersión y vaguedad en las conversaciones, ansiedad por lo que sigue y poca atención al presente, mucha capacidad para recordar información sobre temas de interés pero muchos problemas para recordar lo que se le acaba de decir. ¿Te suena familiar? Esta es la vida de una persona adulta con un trastorno por Déficit de Ansiedad (TDA).

El Déficit de Atención puede verse en los primeros años de vida de una persona, especialmente en la etapa escolar que comprende los años de Primaria, sin embargo, el diagnóstico no siempre se realiza de manera temprana y muchas veces, aunque el diagnóstico se haya hecho a tiempo, los padres son renuentes a tratar a sus hijos con medicamentos. Los adultos que ahora tienen entre 30 y 40 años de edad, pertenecen a una generación en la que, aunque se les diagnosticó este trastorno, nunca se les trató médicamente por lo que ahora son adultos que cumplen las características descritas en el primer párrafo junto con sus respectivas consecuencias emocionales que te describiré más adelante.

¿Qué es el TDA?

Según Barkley, el TDA es un trastorno neurológico del desarrollo caracterizado por niveles de falta de atención, sobreactividad, impulsividad inapropiados desde el punto de vista evolutivo. Se asocian frecuentemente a conductas de dificultad para acatar las reglas y pasos de un procedimiento. Este trastorno puede tener -o no- hiperactividad, que es cuando al niño se le dificulta mantenerse quieto incluso durante un periodo corto de tiempo.

A los niños con TDA frecuentemente se les estigmatiza en las escuelas y se les trata como poco inteligentes, sin embargo, contrario a lo que se piensa, las personas con TDA suelen tener un coeficiente intelectual un tanto superior al promedio, lo que les hace más difícil aún concentrarse en tareas que no les interesan o no satisfacen su curiosidad. Los niños que crecieron con TDA y que nunca fueron tratados médicamente suelen tener las mismas secuelas que se describen durante su vida adulta.

Algunas de las consecuencias de estas conductas y del trato que recibieron en la escuela o por parte de su familia son:

  • Frustración constante por sentir que no han logrado mucho en la vida.
  • Se sienten estancados en su trabajo, su vida personal y familiar.
  • Frecuentemente recurren a sustancias como el alcohol o algunos estupefacientes para bajar sus niveles de ansiedad y de frustración.
  • Suelen ser impulsivos en sus reacciones: compras, forma de conducir, relaciones sexuales, comida.
  • Suelen ser personas irritables e impacientes o que se alteran cuando se sienten contrariados o presionados.
  • Sienten que todos los demás a su alrededor han logrado más que ellos.
  • Experimentan mucha dificultad para seguir reglas o procedimientos por lo que frecuentemente se les llama la atención en el trabajo o en procesos institucionalizados.
  • Parecen desafiantes con la autoridad en ocasiones.
  • Postergan todos los temas que no les resulten interesantes: pagos, revisiones médicas, algunos procesos dentro del trabajo, etc.
  • Dificultad para mantener relaciones interpersonales y de pareja estables y duraderas. Suelen tener varias parejas en periodos cortos de tiempo pues se aburren con facilidad de las personas.

Dentro de la consulta psicoterapéutica, es común encontrar adultos con TDA residual que nunca fue tratado y que no saben por qué sus relaciones no funcionan o por qué no les va tan bien en el trabajo como ellos quisieran. Es frecuente que su familia los haya etiquetado como “distraídos”, “desordenados” o “dispersos” y no los tomen muy en serio cuando les cuentan de algún nuevo proyecto. Muchos de ellos han ido perdiendo el apoyo de sus familiares con el paso del tiempo pues éstos ya no les creen cuando se comprometen a algo.

¿Hay remedio?

Sí, pero el remedio suele ser algo controversial. La manera más adecuada de tratar el TDA en un adulto es a través de una consulta psiquiátrica y tratamiento farmacológico acompañado de terapia. Dado que es un padecimiento neuropsicológico, es prácticamente imposible que el cerebro se repare solo sin la ayuda de un medicamento. Los fármacos diseñados para el tratamiento del déficit de atención suelen ser controversiales debido a que, en su mayoría, son sustancias derivadas de las anfetaminas que están satanizadas en la sociedad mexicana. No obstante, el tratamiento farmacológico para el TDA poco tiene que ver con los efectos ‘recreativos’ y disfuncionales de estas drogas y en mucho abonan a que la vida de la persona sea mejor: tienen mayor capacidad de concentración, mejor capacidad para relacionarse, para iniciar y terminar proyectos, para concluir incluso las tareas que les resultan molestas. Esto frecuentemente resulta en un mejor desempeño en sus trabajos, mejora en sus relaciones de pareja e incluso en poder concretar sus proyectos de vida ya sean profesionales, familiares o artísticos.

La psicoterapia para adultos con TDA va enfocada en trabajar el control de impulsos, generar un plan a media y largo plazo que puedan cumplir, trabajar la sensación de fracaso, y mejorar la forma de relacionarse con las personas a su alrededor. Nunca es tarde para iniciar un tratamiento y corregir el TDA.

Para más información sobre el TDA te recomiendo visitar www.fundacioncadah.org

Como siempre, estaré atenta a todas tus preguntas y comentarios vía Twitter. Me encuentras como @betzalcoatl