21 de Julio del 2019

La bipolaridad de José Juan

Por E. Sarah Goza / /

queperra ident

Hasta hace unos días pensaba que ya no era noticia la bipolaridad de José Juan Espinosa.

Ya sabemos que un día amaba a Moreno Valle y al otro lo odiaba.

Guauuuuu, guauuuuu, guauuuuuuuuuu.

Un día quería a Tony Gali y al otro lo mordía.

En un proceso electoral era el más ferviente aplaudidor de Miguel Barbosa y ahora lo niega como Pedro a Cristo.

Guauuuuuuuu, guauuuuuuu, guauuuuuu.

Un día era hermano de sangre, carnal y valedor de Biestro y ahora le ruega porque no corra a sus allegados del Congreso local.

En fin, ya sabemos cómo se las gasta el JJ con su bipolaridad política, pero ya comprobé que no solo en ese ámbito se deschaveta, bueno tiene que ver con el trabajo solo esperemos que alguien le pague un psicólogo o psiquiatra.

Guauuuu, guauuuuu, guauuuuuuuu.

Fíjense que hace unos días salí a tomar el café con mi amiga Luna, una hermosa Golden que tiene la desdicha de vivir en la casa de José Juan Espinosa. Bueno desdicha para ella, dicha para mí porque luego me trae cada chisme que hasta se agita mi respiración y se me saltan más mis ojos de Pug.

Fuimos a Sonata a tomar un rico latte, y mientras estábamos morboseando a los perros que luego pasean por ahí, me contó que José Juan es todo un Moreno Valle en potencia.

El otro día escuchó cuando entró a comer sus croquetas a la cocina como el diputado local le platicaba a su esposa, la senadora Nancy de la Sierra un acto de represión e inhumano que en lugar de darle pena le daba risa y ambos reían a carcajadas malévolamente.

Guaaaauuu, guauuuuuuuuuu, guauuuuuuuuu.

José Juan Espinosa le platicó a Nancy de la Sierra que estaba regañando a dos de sus colaboradores, que porque no le pusieron jabón en el baño, que la toalla para secarse las manos está sucia, que no piensan en nada para recuperar el Poder del Congreso, que gracias a ellos era el hazmerreír.

Conforme pasaban los minutos y aumentaban los regaños, José Juan se iba poniendo más rojo del coraje hasta que lo hizo: les aventó una sección amarilla justo a la cara, pero los jóvenes hábilmente se quitaron, por lo que tiró una bonita decoración que le había regalado su mamá.

Obviamente como fue un regalo muy preciado, José Juan Espinosa enloqueció más:

—¡Chingada madre! Por qué se quitaron, para qué se quitan— les reclamó iracundo con los ojos saltados y unos gritos que hacían eco en todo el Congreso.

—Pssss, pssssssss, psssssss, ni modo que nos pegara. Perdón por quitarnos, no lo volvemos a hacer, prometemos que para la otra que nos quiera aventar algo pondremos la cara.

Respondieron sarcásticamente los muchachos y el JJ de inmediato cambió de expresión.

—Ay ni aguantan nada, es broma, cómo creen que yo les pegaría, si soy amo y defensor de la paz, los derechos humanos, la cordialidad… Vénganse p acá, un abrazo grupal y olvidemos lo que pasó— les dijo haciéndose el chistosito.

Por supuesto, Luna quedó horrorizada al escuchar el relato y las risas macabas de José Juan y Nancy de la Sierra.