16 de Noviembre del 2019

Érase una vez un “abogado” acosador que quiere ser ombudsman

Por E. Sarah Goza / /

queperra ident

Imagínense, yo todavía no había nacido, creo que ni mis papás caninos cuando casi se perpetra un abuso sexual y aunque han pasado ya varios sexenios, el tema ha trascendido y llegó a mis oídos.

Transcurría el sexenio de Melquiades Morales Flores cuando un “notable abogado” de nombre Luis S. —La S por serpiente— trabajaba en la Secretaría de Educación Pública cuando era dirigida por Carlos Alberto Julián y Nacer.

A la Secretaría de Educación Pública llegó una recomendada del gobernador, llamada Rosario y de inmediato Luis S. le echó el ojo. Primero el destacado y “decente” abogado le lanzaba miradas lascivas, era tan tímido que no se atrevía a dirigirle la palabra, pero con el paso del tiempo y como la mujer era buena onda, él fue agarrando cada vez más confianza.

Guauuuu, guauuuuuu, guauuuuuuuuuuuuu.

Amo estos chismes, no se pierdan el desenlace.

Las miradas lascivas se convirtieron en piropos, luego en invitaciones a salir, luego en cosas y comentarios más grotescos, propios de un acosador. Hasta que le pusieron un alto, no hubo demanda ni nada, pero sí amenazas y advertencias, sobretodo porque se trataba de una recomendada del entonces gobernador.

Y digamos que el chisme podría quedar ahí porque fue hace muchos, pero muchos años. El problema es que ahora este abogado de “intachable reputación” quiere ser ombudsman, o sea presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Puebla. Según él, es honesto, buen ciudadano, de bonitas prácticas y costumbres, salvo esta manchita negra en su currículum.

Guauuuuuuu, guauuuuuuuuuu, guauuuuuuuuuuu.

Tal vez pensaba que nadie se acordaba, pero para eso estoy yo, para refrescarle la memoria. Además, el señor ya se siente con los dos pies dentro de la CDH solo por haber quedado bien parado en la Cuarta Transformación, con los de Morena y está usando como bandera el hecho de que fue el abogado de los burócratas despedidos por el gobierno de Rafael Moreno Valle.

Sí, todo muy bonito y muy sabroso, pero deberían de practicarle algún tipo de prueba psicológica para ver si realmente es apto para velar por los derechos humanos de los poblanos, porque ahora sí cualquiera puede decir misa, pero eso de andar acosando a las muchachitas no es de un ombudsman y aunque haya sido hace muchos años, las malas mañas se quedan.

Guauuuuu, guauuuuuuu, guauuuuuuuu.

Como dice mi abuelita perra “Las malas mañas, la finura y las pulgas, no se pueden ocultar”.