11 de Noviembre del 2019

Yo también quiero un amigo como Tavo Vargas

Por E. Sarah Goza / /

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Todos en la vida deberíamos de tener un amigo como Gustavo Vargas Cabrera, el alcalde de Huauchinango emanado de Morena. Si yo fuera Miguel Barbosa, valoraría mucho su amistad. De veras, se los juro, quien sea amigo de este alcalde se habrá sacado la lotería y si no pregúntenle al candidato de Morena a la gubernatura.

 

Algunos sí contamos con amigos entrañables como el Tavo Vargas. Por ejemplo, yo tengo a mi más fiel amiga Serafina —una hermosa Schnauzer plata— literal, nos vamos de perras, bebemos agua de sabor, comemos croquetas y vamos al spa de perros. Hay infinidad de casos sobre amistades que duran toda la vida, ahí tenemos a Pedro Infante y Luis Aguilar en A toda máquina, Viruta y Capulina, Rin tintín y Firulaís, entre otros.

 

Guauuuuu, guauuuuuuu, guauuuuuuuu.

 

Ya hasta empiezo a creer que el Tavo Vargas es como el Chapulín Colorado y no precisamente por los brincos que da, sino porque es más noble que una lechuga, más ágil que una tortuga, más fuerte que un ratón, y su escudo es un corazón. De otra forma, no me podría explicar según dicen las buenas lenguas de Huauchi, que el presidente municipal está tan al pendiente de su amigo, que pasa varios días en la ciudad de Puebla.

 

¡Claro! Una amistad así de estrecha se debe cuidar y preponderar. Ni la inseguridad, ni la basura, ni los feminicidios, ni el huachicol, son temas prioritarios como una amistad. El día que me separen de Serafina, haría exactamente lo mismo, y aunque estuviéramos a kilómetros de distancia, viajaría todos los días para verla.

 

Guauuuuu, guauuuuuuuu, guauuuuuuuuuuu.

 

Pero el amor de Gustavo Vargas, la solidaridad, la fraternidad y amistad con Barbosa no se queda ahí, siempre que viaja de Huauchinango a Puebla, le trae su cecinita, su quesito, su choricito, su chiltepín, su pancito con requesón y toda una despensa para consentirlo. Así hasta yo me hacía amiga del alcalde.

 

Ya me vi. Para empezar estoy segura que él viajaría todos los días del municipio serrano hasta Puebla para darme mis paseos matutinos. Me regalaría un bonito collar con piedras preciosas y mi nombre grabado, una correa con hilos de oro. Me traería mollejitas, higaditos y patitas de pollo en chiltepín. Mis croquetas con sabor a cecina y unas galletas de requesón.

 

Sí, Tavo Cabrera, yo también busco un amigo y dueño no para el fin del mundo, sino para la Cuarta Transformación, porque se ve que a tus amigos sí los sabes consentir.