19 de Febrero del 2019

Propósitos absurdos para el año nuevo

Por Rolando Ochoa Cáceres / /

panza identifi

Siempre que termina un año tendemos a fijarnos en los propósitos que nos destinamos. Como grandes metas, grandes deseos y grandes anhelos estimamos mucho pensamiento dictaminando aquello que deseamos obtener en el nuevo año. Claro que nos entusiasma el pensar que se puede volver a empezar o que, ahora sí, pondremos toda nuestra fuerza y voluntad para quitarnos ciertos vicios o mejorar aspectos personales o profesionales.

El problema está en cuando estas metas nos resultan, más que motivantes, un problema, un bloque de conflictos, muros que nos dicen que le estamos fallando al mundo, que nos estamos fallando a nosotros mismos.

En esa constante de ilusión, porque nuestros propósitos los vemos y los convocamos únicamente a futuro, solemos vernos como una versión súper mejorada de nosotros mismos y cuando termina el año nuevo y nos vemos al espejo cumpliendo poco o nada que nos propusimos con anterioridad, de una o de otra manera, nos sentimos un tanto mal o desilusionados.

Por eso creo que los propósitos de año nuevo deben ser aspiracionales pero reales y verlos con humildad y con honestidad. Comparto algunos propósitos absurdos que nos fijamos pero que nunca cumplimos.

1.-  El “te prometo que ya mañana”… Mangos, pues. Si usted quiere dejar un vicio contemple que necesita fuerza de voluntad, consciencia y estar preparado para una de las mejores épocas de su vida. Para un vicioso, esa frase es casi casi como un “dame chance sin enojarte de echarme un cigarrito porque voy a sufrir”. No se engañe, no vale la pena. Si le es difícil dejar el vicio de un día para otro le recomiendo invertir en un especialista y verá que existen muchas posibilidades para dejar de fumar o dejar otro vicio. Si de plano no resulta puede excusarse diciendo “la culpa es de mi psicólogo” ¡JA!

2.- El “pareces botella de coca cola”. No, no propongo que corra a inscribirse al gym, que en una semana lleve una vida fitness y se sienta la última coca cola del desierto para que a la segunda semana claudique. Nos han empujado la idea de que ser sano es comer veinte mil frutas, ir setenta mil horas al gimnasio, cargar mamuts para tener unos súper brazos y hacer mil ocho mil abdominales a lo Cristiano Ronaldo. Qué ridículo. Claro que para muchas personas eso puede ser una motivación pero para otros es hasta una película de terror. Yo, en mi caso, me arrepiento de haber becado al mamado terminator que me ponía mis rutinas. Hacer ejercicio va en función, creo yo, de lo que soporte nuestro cuerpo poco a poco. Pensamos en la última noche de año “voy a comer como si no existiera mañana” y nos comemos hasta un brontosaurio. Pero eso sí, el primero de enero voy al gimnasio y hago una rutina de a jugador de futbol americano. ¡Absurdo! El hacer ejercicio tiene que ir siempre ligado a una dieta para que el cuerpo sea capaz de equilibrarse. No hay nada de malo en comenzar sólo caminando, corriendo unos cuántos minutos o andando en bicicleta. No es necesario que los primeros días de enero se compre un outfit Nike águila emprendedora del cuerpo para que lo use de pijama en febrero.

3.-El Leónidas. Seguramente mientras se atragantaba la uva que le correspondía al mes de noviembre se dijo “terminar de pagar mi deuda” Y en enero paga sus dos mil pesos pero los meses siguientes le sigue echando a su tarjeta los clásicos “300” pesitos porque se le cruzaron las caguamas, el jersey del América, el concierto de Mon Laferte o la película de los Avengers en 4d para ver la historia de siempre con el final de siempre. Sé que molesta darle dinero al banco pero pagar nuestras deudas nos hace descansar el alma. De 300 en 300 sumas batallas imposibles de pagar. Hasta Leónidas perdió, está en las escrituras. Así que no importa si no puede comprarse el jersey del América, pídaselo a su mujer o a su esposo o a sus hijos emprendedores que están en su cama ideando la idea revolucionaria al estilo Jobs.

Y el más aspiracional:

4.- El carbono 14. ¡Ya titúlate! Tu nombre se está fosilizando en los grandes archivos de la universidad. Recuerda que hasta Peña Nieto se tituló “haiga sido como haiga sido” y tú sigues pensando en explicar a Foucault desde la escuela invisible con la fenomenología paradoxiana para describir las puntuaciones de Deleuze con la nomenclatura Hegeliana…. Ya aplíquese, los títulos ya los dan hasta por respirar. Sin título no lo contratan ni en la Universidad MexicoAngloAmericana del golfo pérsico latinoamericano de Nativitas.

¡Feliz año, gatos garabatos!

Ah por cierto, después de años ya ando en twitter otra vez. Mi cuenta @EnchilaGato

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