26 de Abril del 2019

Fastidiarse para volver a la vida

Por Rolando Ochoa Cáceres / /

panza identifi

Hace poco, como ha sido desde hace quince años, recibí la información de que no accedí a un apoyo cultural para poder forjarme una carrera en la escritura. Palabras más, palabras menos, fui rechazado, REJECTED, una vez más.

Aquella tarde, transitando la ciudad con mi novia, le dije que en realidad era mejor así porque deseaba cerrar un ciclo de intentos y de sueños que desde esta distancia resultan un tanto difíciles de conseguir.

Claro que no falta quien diga que la gente exitosa es la más necia del mundo, que la perseverancia comanda por encima del talento y esas frases raras sacadas de la logia de los sacerdotes de la felicidad. La verdad en los sueños es una y la realidad es otra.

Decidí abandonar ese camino por la única razón viable: me harté. Aun cuando mucha gente me dice que tengo talento, que mis cuentos son geniales y que podría hacer mucho con mis inspiraciones, la verdad es que prefiero hacerme a un lado que continuar en el vaivén de la nada.

Como lo he dicho antes, mi escritura me sirve para sanar y prefiero apartar la idea de que a alguien en su vida le puede beneficiar un poco lo que escribo y colocar mi energía en otro lado.

¿Por qué cuento esto? Por la simple razón de que creo que también es válido, cuando uno siente el hartazgo, de moverse hacia otros senderos, otros aprendizajes.

Creo que la palabra idónea a esto es “fastidio” y así como el miedo nos perturba creo que el estar fastidiado nos mueve hacia no sé dónde pero nos permite estar en movimiento.

Creo que en esta época se ha idealizado mucho la idea de “picar piedra” y sinceramente esa frase la detesto con todo mi ser, ya sea porque soy demasiado impaciente, demasiado desesperado o porque, en realidad, me llegan momentos en los que mi frustración puede más. No es que vaya a dejar de escribir, es que voy a dejar de dejar de regar mi energía en algo que no va hacia ningún lugar.

Es fácil decir “se dio por vencido” o, “si no continuas intentando entonces en realidad no estás preparado para lograr eso que te propones”. Es muy reduccionista y lamentable el pensar así. La gente tiende a hartarse y a fastidiarse por no conseguir eso que uno se propone y no es nada malo. También los sueños deben tener fecha de caducidad para poder dejar de convivir con anhelos que sólo se cuelan en los suspiros.

El fastidio no es nocivo, lo dañino es convivir con él hasta altas horas de la vida. Siempre lo he hecho así porque aprecio un tanto mi vida como para continuarla frustrando. Hace poco renuncié a mi empleo porque el fastidio me indicó el camino y cuando lo comento, la gente me cuestiona el por qué dejo algo “seguro” y mi respuesta es “estoy harto de hacer lo mismo exigiéndome más y obteniendo menos”. Y sin embargo no es nada lamentable el hecho de cambiar, de abandonar, de proyectar hacia otros sueños, hacia otras ilusiones.

Cuando supe que no obtuve el apoyo iba manejando, respiré hondamente y le agradecí a la vida, a Dios, por permitirme intentar y darme cuenta de que el camino de la ilusión dista mucho de ser el camino de la verdad.

Sí, es muy bonito perseguir sueños e intentar alcanzarlos pero también es necesario observarlos desde la posibilidad y desde el tiempo y creo que fastidiarse y abandonar la partida, como dicen ahora los jóvenes gamers, no es un acto de fracaso, es un acto de sinceridad y también de orgullo y de dignidad.

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