23 de Abril del 2019

Una semana ¡sin redes sociales!

Por Rolando Ochoa Cáceres / /

panza identifi

La verdad vale mucho la pena intentarlo. Llevo una semana viviendo sin redes sociales y ha sido mejor de lo que suponía. Por eso aquí les dejo cinco cosas que he experimentado sin redes.

1.- ¡Tengo más tiempo!. Me di cuenta que en mi vida las redes sociales son una grandísima pérdida de tiempo. Más allá de cosas que pueden resultar interesantes (las cuales son menos) puedo decir que en mi experiencia el estar pegado a una pantalla no representa en realidad nada importante. Ahora leo más sin interrupciones, soy mucho más eficiente en mi empleo e incluso tengo tiempo ¡hasta para dormir mejor!

2.-Ya no soy tan voluble. Creo que por minuto veía más de diez imágenes, muchos estados de muchas personas, críticas a medio mundo, noticias terribles e inmediatamente noticias alentadoras, ¡todo en un minuto! ¿Se puede imaginar todo el proceso que el cerebro tiene que hacer para entender lo que uno mira en segundos? Y más allá de eso ¿cómo se conecta eso que se ve con las emociones si en un segundo pasas de una noticia terrible a un meme de bob esponja? Pues bien, todo eso me hacía demasiado voluble. Mis estados de ánimo iban de un extremo a otro en diez segundos y mi experiencia de vida se volvía demasiado confusa. Agreguemos el hecho de esperar mensajes, likes, respuestas y compartir a como dé lugar las actividades que uno realiza y pensamientos pseudofilosóficos. Mal y de malas. Ahora que ya no tengo redes parece ser que todo se acomoda fácilmente. Siento más la vida por extraño que esto pueda parecer. Mis emociones son honestas y reales, las experimento con mayor profundidad y puedo incluso detenerme a observarlas, a sentirlas con todo el significado posible. La vida es demasiado emocionante.

3.- Duermo mejor y más temprano. Con redes uno puede pasar horas leyendo y viendo todo y nada y es curioso el fenómeno de estar pendiente de ellas antes y después de dormir. Ahora es mucho mejor ya que sin estar al pendiente de las redes he logrado ocuparme en cosas que realmente valen la pena y por lo tanto me permiten tener la mente ocupada y mi energía se encamina hacia lo positivo. Termino agotado porque como dije anteriormente leo más, mejor y con mucha mayor atención, escribo sin distracciones, mi energía la empleo en actividades laborales y creativas y mis caminatas son cada vez más lentas pero con mayor disfrute. Ahora antes de dormir medito y al despertar, curiosamente, los pensamientos positivos se colocan encima de los negativos y me siento mucho más tranquilo.

4.- Adiós, morbo. Y también otros sentimientos como la envidia y vicios como el chismorreo. Ver la vida de los demás implica siempre comparar la de uno aun cuando la vida de otros sea buena o mala. Comparar nuestra vida puede dar motivos para salir adelante pero la mayoría de las veces no es así. Las redes sociales se encargan mucho de eso. Vemos vidas extraordinarias, vidas sin errores, vidas perfectas, leemos pensamientos únicos, pensamientos súper intelectuales y colocamos en un pedestal a esas personas y cuando cerramos sesión nos sentimos tan vulnerables, tan sin nada. Y también está la otra parte ¿qué necesidad tenemos nosotros de mostrar nuestra vida si es eso, sólo nuestra? ¿qué tan necesitados estamos de mostrarnos ante el mundo? Imaginen la cantidad de energías (y la carga) que uno recibe al ser observado. Ahora imaginen lo mismo pero ahora por estar mostrando lo que nos acontece. Las redes sociales son ventanas que dejamos abiertas hasta para malas energías… Hay que tener demasiado cuidado….

5.- Siempre la vida será mejor afuera del teléfono, afuera de la computadora. Todo mundo lo dice pero pocos lo prefieren. En realidad la vida de afuera, la vida real no es para nada aburrida sólo es real y nos enseña a ser amorosos, pacientes, benevolentes, soñadores, existentes… De unos años para acá mi vida era una especie de Maruchan, toda instantánea y ahora puedo sentir que en la espera se revelan hermosos secretos. Hace unos días fui con mi novia a la presentación metalera de unos amigos y reviví esa emoción al escuchar un riff, un buen redoble, una genial composición sin tener un teléfono en la mano y estar grabando un en vivo para que la gente diga ¡wow, él está ahí! Comienzo a sentirme realmente libre y es lo más lindo que he experimentado a una semana de abandonar las redes sociales.

 

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