19 de Febrero del 2019

No soy mi mente

Por Rolando Ochoa Cáceres / /

panza identifi

La vida es un abrir y cerrar de ojos, claro que lo es pero ¿no da pavor pensar que en realidad esta vida es tan efímera y pasajera y que en realidad nuestras preocupaciones son ilusiones que alguien nos entregó y tenemos que cargar con ellas todos los días aun cuando muchas cosas no las entendemos?

Creo que hubiera agradecido mucho que algún profesor me hubiera preguntado “¿te imaginas trabajar en algo que odias? ¿te imaginas siendo infeliz?” en vez de preguntarme a qué rayos le iba a dedicar mi vida.

Desconozco si estoy pasando por una crisis de edad aunque dudo mucho que sea eso pero creo que sí estoy pasando por una crisis donde la frustración y el estrés son clave. A veces suelo preguntarme el por qué fui tan ingenuo en creer que el hacer una carrera, venderse al mejor postor y trabajar como degenerado era en realidad la vida. Un complejo de más o menos ocho décadas (por decir un promedio de edad) se reduce finalmente a trabajar, a hacer dinero y bueno, si encuentras el amor en el camino, perfecto.

No sé si a ustedes les pase pero en mi caso llego a tener lapsos o episodios bastante enfermizos. Todo comienza desde la autocompasión hasta el decirme en voz alta que detesto mis decisiones, que mi vida es terrible, comienzo a compararme con otros y caigo siempre en un abismo donde la frase “estás desperdiciando tu vida” me fatiga demasiado. Creo que no soy el único que en momentos odia su vida y se autolesiona el alma.

Mi pregunta es ¿por qué no puedo estar totalmente satisfecho con mi vida? La respuesta va en función de lo que he comentado antes, es decir, una niñez fracturada pero también creo que muy poco se me enseñó a tener fuerza emocional y hacerle caso realmente a mi corazón, por muy cursi que suene eso.

La vida todos los días después de las ocho de la mañana me parece realmente apetitosa, amorosa, perfecta pero puedo notar esa persecución de sombras y miedos que me atan y me encadenan a pensamientos tan negativos en el transcurso del día que, cuando medito, tengo que decirme incontables veces “yo no soy mi mente, yo no soy mi mente”. Digo desde las ocho porque despierto a las seis y mis pensamientos son demasiado catastróficos.

Es demasiado tormentoso vivir con ese tipo de intranquilidad. Es decir, el día puede estar precioso y sabes que es hermoso y de repente la mente hace una jugarreta y hace todo lo posible para que no disfrutes. La mente dice “sí, está lindo el día pero se ve triste tu vida a futuro con tu salario mediocre ¿no crees?” o, “claro que el día está lindo pero sabes que eres un monstruo que va a hacer todo lo posible para sabotearlo”.

Algunos podrían pensar ¡ve a terapia! Y lo he hecho junto con la meditación y algo he sanado pero no del todo.

A lo que voy es que creo que no está mal decir que uno no es fuerte del todo y que, ¡Dios santo!, es terrible vivir fingiendo y cargando con máscaras que no le competen a uno. Creo que mi insatisfacción de alguna forma tiene que ver con eso: Hola, soy Rolando Ochoa y soy un fraude como persona. ¿Y por qué un fraude? Porque siempre, cada momento, cada día, cada segundo de mi vida tengo que fingir y ponerme en distintos papeles que algunos me salen muy bien como el del trabajador que da todo, el de buen hijo, el de buena pareja, el de el amigo que siempre está buscando a los suyos… o aquellos papeles que me salen terrible, como el del intelectual (gracias a Dios ya lo estoy abandonando) o el del hombre cien por ciento feliz. ¡Cuál es el problema en decir que uno no es realmente feliz!

La infelicidad se esconde, nos enseñaron a llorar en nuestros cuartos o a decir ¡no voy a llorar en frente de ti! Y cuando somos felices salimos al mundo para mostrar que merecemos la vida.

Sé que es ridículo, sé que algunos pueden pensar ¿y este hombre realmente está insatisfecho con su vida? O como los clásicos intentos de buda ¿te es tan difícil dejar el ego? Y la cuestión es ¿por qué eso es un problema?

A lo que voy es que desde la insatisfacción también se puede hallar muchísima belleza e, irónicamente, una fuerza muy extraña que motiva (por eso digo extraña) a pensar y esperar que todo tarde o temprano será mejor (casualmente mientras escribo esto mi mente me dice que no, que no puedo pensar así).

La vida me sabe maravillosa pero no por eso deja de dolerme. Coincido con una frase que soltó un profesor en alguna ocasión: Esta vida es el paraíso pero nos lo jodieron sus sistemas de creencias.

¿Por qué estoy de acuerdo con eso? Voy a lo que decía en el primer párrafo. Aquí, en esta vida contamos hasta con la dicha de morir, en otro plano parece ser que eso es imposible, es decir, no puede ser vida porque está en ese plano totalmente incompleta. Y entonces ¿qué perdemos con vivir al cien esta vida? El infierno es la mente, el depósito de todo aquello que no somos y que no creemos totalmente… de ahí las disputas, la violencia. La insatisfacción proviene de la mente y a veces debemos repetirnos el mantra “no soy mi mente, no soy mi mente”.

Si la vida es emocionante ¿por qué nos privamos de sentirla? Mi vida es insatisfecha porque amo lo que vivo y siempre a cada momento deseo tener experiencias totalmente intensas, hermosas como es la vida misma, deseo siempre comerme el mundo aunque mi mente dicte lo contrario. Si llegáramos a creer eso de que todos tenemos algo de Dios dentro de nosotros ¿no sienten a veces que algo en su corazón está por explotar, que su alma está hirviendo por eso que añoran, que sueñan?... El zen, el budismo hablan de la dualidad y entonces, con mayor razón, tenemos el infierno y el paraíso habitándonos, ¿con cuál eliges vivir?.

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