01 de Octubre del 2020

Historias huachicoleras

Por Osvaldo Macuil / /
Osvaldo ident
 
Puebla se convirtió en un referente nacional del robo de combustible. Durante el morenovallismo el huachicol se disparó sin control. Pero detrás de las cifras de las perforaciones a los ductos de Petróleos de México (Pemex) hay historias que superan a la ficción.  
 
Una de ellas es la de Don Pedro, un taxista que en medio de su jornada laboral se enfrentó al miedo de no volver a su casa. Como todos los días llegó a su base en la zona de Amalucan para esperar pasaje.
 
De pronto apareció una motocicleta con dos tripulantes y se paró junto a su unidad. Uno de ellos bajó muy apresurado. El otro aceleró el vehículo de dos ruedas. El hombre que se quedó subió de inmediato al taxi.
 
—Llévame a la gasolinera de Chachapa que está en la autopista —ordenó.
 
—Claro —respondió el ruletero y tomó camino. Observó que su cliente llevaba prisa para llegar a la zona del Parque Industrial Chachapa a un costado de la autopista Puebla-Orizaba. 
 
—¿Ya a la chamba joven?
 
—Sí, ya vamos a trabajar  —le respondió de una manera cortante y no intento seguir la plática.
 
El hombre veía y veía su teléfono con ansiedad. Parecía que esperaba una llamada importante. Al ver que su celular no sonaba, tomó la iniciativa de marcar. Cuando le respondieron, el taxista se dio cuenta que era una situación inusual. 
 
—¡Ya agarraron al patrón cabrón! Jálense para la gasolinera de Chachapa. Prepárense con el dinero. 
 
Cuando colgó, se confesó con Don Pedro.
 
—La verdad me dedicó al huachicoleo, robamos gas —reveló sin tapujos el hombre —¡no tenga miedo!
 
Cuando llegaron le dijo que se detuviera junto a una cafetería. Desde ese lugar se veía el fondo de la estación en donde estaban estacionadas dos unidades de la Policía Federal. Los elementos tenían aseguradas a dos personas.
 
Las patrullas estaban en escuadra cerrándole el paso a una camioneta gris tipo Explorer. A lo lejos se veían a los uniformes dialogando con las personas que estaban con ellos.
 
—Ya estoy aquí. Vénganse para acá, porque se están poniendo pendejos. Tienen el patrón. Vénganse preparados porque igual y se arman los chingadazos —respondió de nuevo su celular el huachicolero. 
 
El taxista comenzó a preocuparse y sabía que él estaba en peligro. No podía hacer nada por alejarse del lugar. Arrancar el automóvil e irse a toda velocidad, no era opción.
 
—Cálmese, le dijo. No pasa nada. No sé porque se enoja la gente, si no le estamos robando a ellos, si no al gobierno.
 
El hombre volvió a bajar de su unidad. Pero antes se quitó una maleta pequeña que llevaba colgada.
 
—No te vayas a ir. Ahí te dejó mi pistola.  
 
Mientras se alejaba, le entró la curiosidad sobre el paquete que había puesto el huachicolero debajo del asiento del copiloto. Sin inclinarse demasiado bajó el brazo y metió su mano, lo tentó, estaba pesado, es todo lo que supo, no tenía la experiencia para adivinar si era el “peso” que debía tener un arma. 
 
—El patrón ya está libre —alcanzó a escuchar el taxista, el gritó hizo que de golpe soltara la maleta y se reincorporara. 
 
El hombre regresó, le pagó y le dijo que se quedará con el cambio. A Don Pedro le sudaban las manos, apenas pudo recibir el dinero, encendió el auto y buscó rápido un retorno en el camino. 
 
Cuando dio vuelta se dio cuenta que estaban al menos 10 halcones, en su mayoría adolescentes. Dedujo que estaban armados y a la espera de que dieran la orden para rescatar al Patrón.
 
La zona en la que se encontraban es una de las que tienen mayor incidencia de robo de gas en Puebla. Como esta, a diario se repiten historias similares para mantener el control de este delito ¿Quién era el patrón y cuánto pagó por su libertad? N lo supo ni busca la respuesta.