07 de Julio del 2020

Cuando la mala suerte te sonríe

Por Yonadab Cabrera / /

Chingen al guapo

Mis queridos GuapoFans. Lamento haberlos olvidado tantas semanas, no piensen que me da weva escribir, solo que por un momento creí que mi suerte había cambiado, que ya no habría más tropezones, más osos, situaciones incómodas en las que deseas que te trague la tierra y te escupa en China o simplemente que Diosito te lleve.

Pero no, no es así, sí me ocurrieron más cosas, de hecho me siguen ocurriendo y al menos ya tengo todo un repertorio para llenarlos de anécdotas absurdas como para dos meses. En otro momento, maldeciría esa suerte, pero al menos me da de qué hablar y no es tan mala después de todo, pues a veces hasta me ayuda a salir avante.

Verán:

Justamente este jueves 25 de abril me invitaron a una fiesta infantil en Cholula. Para los que me conocen, y que me conocen re bien, saben que odio ir a tierras cholultecas, no hay nada peor que me pueda pasar, pero no piensan mal, mi odio es porque siempre me pierdo. Sí, llevo viviendo en Puebla 17 años y me sigo perdiendo en las calles del milenario pueblo.

Ha habido ocasiones en las que me he tenido que regresar a mi casa todo encabronado, harto y desesperado porque no doy con los lugares, con los antros y bares. No voy lejos, nunca puedo dar con el maldito Container, imaginen a qué grado llega mi falta de sentido de orientación que ni siquiera puedo llegar a ese lugar. Y esta ocasión no fue la excepción, me volví a perder y ahora peor.

Conducía muy relajado mi March blanco, mejor conocido como El Suertudo.  Por primera vez, ni el tráfico ni el calor me causaron molestia, hartazgo o fastidio, me sentía contento porque al menos al Mcdonalds que está a la entrada de San Andrés Cholula, pasando la Recta sí logré llegar. De ahí puse el GPS para dirigirme a la dirección del evento.

Me sentía como la Vero Castro cantando Es ella más que yo en “La casa de las flores”:

Es ella más que yo,

Ella,

Cuéntame que te da,

Que no te doy…

Cuando de pronto me meto en una calle que está atrás del Parque Soria y que rodea un cerro, misma que a los 50 metros ya es sentido contrario, me di cuenta de que iba mal cuando todos los coches se me vinieron encima y un honorable cholulteca me gritó: “¡Vas en sentido contrario, pendejo!”.

Pero ya era muy tarde, un sabroso agente de tránsito, de esos chacales que solo hay en Cholula, ya estaba sobre mí y no precisamente como me hubiera gustado: “Dese la vuelta y avance, lo espero en ese portón y no intente escapar, repito, no intente escapar”.

Justo en ese momento comprendí que mi suerte había cambiado ¡Me lleva la chingada, lo único que me faltaba, espeté en voz alta lamentando el tráfico, el calor y el hecho de que las putas calles en Cholula sean tan confusas que parecen un examen de Matemáticas.

▬Su licencia y tarjeta de circulación joven▬ me dijo el policía en tono serio. Saqué la cartera, saqué los documentos y los extendí.

▬¿Por qué iba en sentido contrario▬ me preguntó en tono serio y dispuesto a multarme, su mirada me acusaba de ser un cínico, quebrantador de leyes, violador de las normas y el estado de derecho, situación que me hizo molestar.

▬Pues el GPS me traía por esta calle, yo cómo voy a saber que es sentido contrario”, le respondí en el mismo tono retador.

▬O sea que venía viendo el GPS, eso es peor multa.

▬Ay, el GPS me venía hablando, lo venía escuchando. Qué no sabe que dice gire en tal lugar, dé vuelta aquí, etc.

▬Ah, entonces si el GPS le dice “métase a esa cueva o salte por el barranco ¿Lo hace?

▬Pues si el chingado GPS me trae por una calle yo deduzco que voy bien, cómo voy a saber que es sentido contrario y no hay señalamientos y al siguiente metro ya es sentido contrario.

****

Hubo un momento de silencio y el agente de tránsito se compadeció de mí: “Bueno, no creo que lo haya hecho apropósito, se ve que anda perdido”, me dijo en tono dulce que casi me caso con él.

Y solo respondí: “Llevo más de una perdido, no sé en dónde estoy tengo que llegar a la 23 oriente, número 2015”.

El buen hombre me dijo que ya estaba cerca y se ofreció a llevarme personalmente hasta el lugar de la fiesta. Yo creo que de verdad me vio tan “perdido” que me escoltó hasta la puerta del hogar y gracias a mi pendejez, ya no me multó.

Moraleja: siempre pongan cara de Gato con botas.

¡Claro! Chinguen al guapo.