18 de Marzo del 2019

Cómo perder a un amigo en 10 horas

Por Yonadab Cabrera / /

yonachinguen ident

¡Alabado sea el señor! Dios escuchó mis plegarias y por primera vez esta columna no se trata de mí. Por fin encontré a alguien que es más caótico y calamidades que yo, alguien que no solo mete la pata sino las dos, que en cada cosa, cada aventura, cada salida, se le hace bolas el engrudo y además desespera a sus amigos en menos de una hora.

Sí, así es mi amigo Kimo. Estimados lectores, ustedes serán testigos y me dirán si de verdad se la voló o fue una simple exageración. Todo lo aquí escrito y leído ha sido reproducido fehacientemente para que vean que me apego a la realidad, y si saben de un grupo de amigos en el que pueda encajar, no duden en hacerle saber.

Incluso, podría ser protagonista de una buena película Kimo busca un amigo para el fin del mundo.

Capítulo uno: el timbre

Todo empezó a temprana hora. Pobre Kimo, no sabía lo que le depararía el futuro, no tenía idea de la tormenta que se avecinaba, porque de haberlo sabido de todas formas se hubiera levantado de la cama pero al menos hubiera estado preparado.

Tenía un largo día por delante de desayunos, citas, comidas, reuniones y más citas, comidas, cenas y reuniones. En su itinerario decía que tenía que pasar por Arturo Rueda a las 9:30 de la mañana a su casa. Muy puntual llegó a esa hora ¡Madres! Olvidé mi teléfono… bueno, no importa, hoy en día nadie necesita de su teléfono y no creo que me llamen o sea indispensable pensó el iluso, inocente y torpe Kimo. En efecto, en el teléfono llevó la penitencia.

Dindon, dindon, diiiiiiindon, diiiiiiiiiiiiiindooooooooooooooon…. Sonaba incesantemente el timbre de Arturo Rueda, parecía que alguien estaba deesesperado porque le respondiera y al interior de la vivienda, el Doctor como todos lo conocemos, se ponía la almohada encima de la cara, con ella se tapaba las orejas, daba vueltas de un lado a otro hasta que ya no aguantó.

—¿Quién es?

—Ya vine por ti amigholo, ya sal—dijo Kimo desde el otro lado del auricular del timbre con una sonrisa, esperando un premio por su puntualidad, pero en cambio solo recibió un regaño.

—¡No mames! Qué estás loco o pendejo o estás loco y pendejo, por qué tocas como desquiciado el timbre, me caga que me despierten ¡Me caaaaaaaaga!

—Sí, pero me dijiste que llegara a las 9:30 de la mañana y aquí estoy afuera.

—Pues me hablas por teléfono, no tocas el timbre.

—Es que no traje mi teléfono— dijo Kimy en tono de niño regañado.

—¡Aaaaah y a mí qué madres me importa si traes tu teléfono o no, ya estás grandecito para olvidar tus cosas!— dijo Rueda en tono de pocos amigos y odiando a todos.

Al salir Rueda espetó —Eres un dolor de wevos, me pusiste de mal humor tan temprano ¡Qué estás loco! Por qué me despiertas, solo hay dos cosas que me cagan: que me despierten y que me despierten tocando el timbre—.

—Bueno ya vámonos, ya olvídalo.

Pero eso era solo el inicio. Kimy iba manejando cuando tuvo un destello de luminosidad —Ah, por cierto que vemos aquí al amigo Gus Gus, ya no es necesario que vayamos hasta su pueblo—.

Por supuesto, Rueda se tenía que levantar temprano porque viajaría cuatro horas para ver a un importante hombre de negocios —¡Triple aaaaaaaaaaaaaaahhh y a qué hora pensabas decirme, no me hubiera despertado tan temprano!— gritó Rueda aún más enojado y conforme pasaban los minutos más se enojaba.

—¡Wey me acaba de avisar que lo veamos aquí! De todas formas tenemos un desayuno, o sea que no es mi culpa que te levantaras tan temprano.

—Tienes razón. Me desocupo como a las 12 del desayuno y me voy al gym, pero me hubieras dicho para que cada quien se fuera en su carro y no andar como muéganos pegados todo el día.

—¿Pero qué no íbamos a pasar todo el día juntos?— preguntó Kimy con tanta inocencia y gracia que demostró que de verdad tenía planeado pasar el día con Rueda, ni siquiera con su esposa, pero la respuesta de su amigo no fue precisamente la que esperaba.

—¡Aaaaaaaaaahhh llevo apenas 20 minutos contigo y ya acabaste con mi poca paciencia, en 20 minutos acabaste con la paciencia que tenía para este día. No, ni madres, yo me voy al gimnasio, quiero desestresarme, yo no te quiero ver.

***

Por fin llegaron al desayuno con otra mujer importante de negocios. Algo hizo Kimy que de pronto le echó la mesa encima, le tiró el café, el pan y todo lo que estaba sobre el mueble. Todavía la mujer guapa e importante tuvo que limpiar con servilletas todo el relajo que hizo el muchacho en menos de un minuto, mientras que Rueda solo lo veía con cara de fastidio y él con la cola entre las patas.

Capítulo dos: el teléfono

Kimy cambió de carro con su hermana solo por ese día. Olvidó su teléfono en el carro suyo de su propiedad que por ese día traería la guapa Irla. Pobre, al final creo que nunca más volverá a aceptar un intercambio de esta naturaleza, pues su hermano le dio tantos problemas, la hizo subir y bajar escaleras y todo para recuperar el chingado celular.

Chequen toda la trama que hizo solo por su celular:

—Amigo Yona ¿Tienes el celular del arqui Alain?— me preguntó.

—No amigo, cómo por qué lo tendría.

—No seas malito, llámale a Dania (su esposa) para que te pase el celular del arqui Alain y que le diga que le vas a llamar, para que le llame a Irlanda para decirle que va a ir por el celular y que me lo lleve a dónde quiera que esté.

Sí, así como lo leen, no entiendo por qué una tarea tan sencilla como recuperar un celular se volvió tan compleja que involucro a tanta gente. En otras palabras, hizo un cagadero y para dejarlo más sencillo a continuación un diagrama:

Yona le llama a Dania.

Dania le llama a Alain.

Alain le llama a Irlanda.

Dania le llama a Irlanda.

Irlanda le llama a Yona.

Irlanda le llama a Alain.

Irlanda a Dania.

De otra forma:

El caso es que yo le hablé a Dania para que Dania le llamara a Alain, para decirle que me tenía que llamar, para que le llamara a Irlanda, todo eso para que Irlanda y Alain se pusieran de acuerdo para que ella le diera el celular y él se lo llevara.

Pasaron tres horas y por supuesto Irlanda con 100 pacientes que atender, Alain sin saber dónde trabaja Irlanda y buscándola por todos lados para que le diera el celular. Ambos subieron y bajaron escaleras de un hospital de 10 pisos, se cruzaban en el elevador y los pisos, hasta que por fin decidieron verse en el estacionamiento.

Luego Alain me llamó para preguntarme dónde estaba Kimy para llevarle el celular, yo le llamé a Viri para que le dijera a Kimy que Alain lo andaba buscando para darle su celular y Kimy le llamó a Irlanda para que le dijera a Alain que lo esperaba en La Noria.

Jajajaja, se los juro, así estuvo de mareado.

Capítulo tres: el facineroso

—Señorita, su chofer debe esperar en su auto o el estacionamiento— le dijo un amable guardia de seguridad a Viridiana y ella respondió para quienes la conozcan, imagínense su cara de fuchi, apenada, haciendo muecas volteando a ver a Kimy y de inmediato lo vio de arriba abajo, de abajo a arriba.

Parecía que había tomado el pantalón de mezclilla más viejo que tenía, los tenis más viejos y rotos, la chamarra más sucia y la sudadera más aguada. Súmenle que estaba todo despeinado como si se acabara de levantar y una barba desalineada.

—¡No mames Kimy, hasta te cuelga un pedazo de pantalón de lo roto que está— le dijo Viri en su tono de desaprobación y nuestro pobre amigo solo bajó la mirada mientras todos los hombres guapos y relucientes se paseaban frente a él.

Ya para la tercera reunión Rueda tuvo que hacer un fashion emergency al pobre Kimo. Con decirles que él calza del 29 y tuvo que ponerse las botitas del Niño Dios de Rueda del número 22, es decir lo castigó y por el resto de la tarde tuvo que traer esos zapatos y los dedos de los pies como garra.

Moraleja: Tener un amigo Kimy te hace el día feliz.

¡Claro! Chinguen al Kimy.

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