01 de Junio del 2020

Siempre la misma mano, el mismo dedo

Por Yonadab Cabrera / /

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Hay una maldición sobre toda la humanidad, cada uno de los seres humanos que habitamos el planeta tierra. Nadie se puede salvar de ella.

Incluso, he llegado a pensar que es el castigo divino de “Dios nuestros señor”, para pagar nuestros pecados, porque de verdad por más cosas que nos pasen nunca escarmentamos como perder la cartera en una peda, empedarte y no recordar lo que hiciste, cuando tu mamá te dice que no hagas algo y hasta te enumera las consecuencias: “Fue lo primero que te dije que no hicieras y lo primero que haces”.

Sí, nunca aprendemos, siempre caemos en lo mismo, tropezamos con la misma piedra y no tenemos un aprendizaje significativo de todos eso que nos pasa a diario. Casi todo lo ninguneamos, casi todo excepto cuando nos lesionamos en alguna parte de nuestro cuerpo.

Verán:

Hace unos días estaba en el Nelson Vargas disfrutando de los nuevos aparatos para hacer ejercicio, específicamente pierna. El caso es que muy amable la instructora del gimnasio me enseñó a usar dicho aparato para sentadillas.

Pasaron unos días y fui al Kompter; me di cuenta que en dicho gym también está el mismo aparato y como aprendí a usarlo, supuse que sería fácil adaptarlo a mi tamaño, pero gran error. Pues al subir la estructura que se supone debe descansar en mis hombros para cargar el peso, y después de tantos intentos, esa cosa no subió, bajó y me pasé a rebanar mi dedo pulgar de la mano izquierda.

Ufffff, me volé toda la yema, me salió mucha sangre, casi me desmayo de la impresión y lloro, pero me aguanté como los machos sobretodo porque había muchos machos alfa, lomo plateado, pelo en pecho, brazo de albañil, por lo que no me podía permitir llorar frente a ellos menos desvanecerme, aunque me dolió con madre y padre.

Nuevamente pasaron los días, y el mismo dedo, el pulgar de la mano izquierda me lo machuqué con la puerta de mi carro al salir para el gimnasio. Ese mismo día más tarde, me volví a machucar el mismo puto dedo con una de las puertas de las regaderas del gimnasio.

Al otro día en Juego de Troles, el salvaje, macho alfa, lomo plateado, pelo en pecho, brazo de albañil, de Héctor Hugo Cruz me dio un manotazo en la mano izquierda y me pasó a traer el dedo pulgar, sí, el mismo que estaba lastimado y que sangraba a cada rato.

Por eso les digo, es la forma en que Dios nos castiga ante tantos pecados y pendejadas que cometemos. Solo así aprendemos, cuántos de ustedes no se han pegado en un dedo del pie y por alguna extraña razón, ese mismo dedo sigue recibiendo golpe tras golpe, tras golpe. Lo mismo cuando te lesionas una pierna, un brazo o cualquier parte de tu cuerpo, es como si la vida te castigara.

Moraleja: Ya no cometan pecados y hagan pendejadas, porque Dios y la vida se encargan de hacerlos pagar.

¡Claro! Chinguen al guapo.