12 de Noviembre del 2019

El día que odié Zacatlán, Chignahuapan y todo...

Por Yonadab Cabrera / /

yonachinguen ident

Jamás pensé que odiaría a tierra tan prospera.

Tierra de grandes amigos, hazañas históricas.

Tierra mojada con olor a tierra.

Pero en efecto, el odio a Zacatlán y Chignahuapan me llegó, no quiero volver a pisar ambos municipios… Bueno sí, pero espero que pase un tiempo.

La semana pasada me dispuse para ir al Festival de Luz y Vida de Chignahuapan y hacer una gran nota para RAYAS. Ya saben, me sentía reportero de México Desconocido, Nat Geo, etc.

Pero al llegar me topé con una serie de eventos desafortunados y que casi acaban con mi paciencia, mi vida y mi sueño.

Para iniciar, no había habitaciones. Sí, todos los putos hoteles y las cabañas y los hostales estaban llenos. No me explico cómo en un pueblito tan pintoresco hay ocupación hotelera al 100%.

Hacía un chingo de frío, estaba nublado y empecé a comer a las 5 de la tarde, esperando a que una alma caritativa me ayudara a encontrar hotel.

Y abro un paréntesis para agradecer a Jessi, Malturito y Witzo por luchar contra la ocupación hotelera y brindarme un techo donde refugiarme.

Luego me dispuse a ir a Chignahuapan al mentado festival, nadie nunca me dijo que se tenía que pagar boleto, que tenía que hacer fila y menos que los boletos ya se habían agotado, además de que no había acceso para la prensa.

Ahí estuve, congelándome, mojándome, escurriéndome por más de una hora, esperando al dichoso encargado de Comunicación Social, viendo como la gente pasaba y si hay algo que no soporto es que los trabajadores de los municipios no sepan quién soy.

Son unos igualados, cómo se atreven a no conocerme, qué no ven Los troles.

El caso es que después de una hora me desesperé y ya muy mojado decidí irme, pero tomé otra decisión equivocada, pues en lugar de hacer checkin en el hotelito que me reservaron mis amiguitos de última hora, decidí dar un tour por Chignahuapan, bajo la lluvia y en medio del frío.

Al regresar a Zacatlán, por qué no, en lugar de hacer checkin me fui al centro y me metí a un bar a tomarme una cerveza, escuchar buena música y esperar a mi amigo Witzo a quien tenía mucho tiempo de no ver.

Estuvimos hasta las 2 de la mañana, y luego por qué no, en lugar de ir al hotel a dormir como Dios manda, decidí seguir la peda, ya encarrerado, con el frío, bajo la lluvia, decidí irme a otro bar. Salimos a las 5 de la mañana, ahora sí ya dispuesto a hacer checkin lo malo es que no sabía en qué lugar estaba el pinche hotel y mi amigo Witzo tuvo que contratar un taxi para que nos guiara.

Subimos por veredas, montañas, pantanos, atravesamos ríos, y al fin llegamos al hotel que está en la cima de lo más alto, del cerro más grande de Zacatlán.

¿Y qué creen?

Estuvimos tocando como 40 minutos y nunca salió la o el recepcionista a abrir, a hacer mi checkin y a recibirme. Fue en ese momento que entré en pánico, pues estábamos como a 2°, todo nublado y con una brizna muy tupida que calaba hasta el tuétano. Witzo me vio ya muy preocupado y desesperado.

“Tranquilo, encontraremos hotel”, me dijo con su voz tan calmada que te inspira a la paz interior. Fuimos al centro de Zacatlán, tocamos y tocamos las puertas de todos los hoteles. Fuimos de aquí para allá. Todos estaban ocupados, no había ni una colchoneta libre, vaya ni la pajarera.

Estaba a punto de soltarme a llorar cuando Witzo me ofreció quedarme en su casa. Y así fue como ya no dormí en las bancas del centro del pueblo mágico o como perro de la calle a la intemperie.

Moraleja: Reserven, reserven, no lleguen sin reservación.

¡Claro! Chinguen al guapo.