11 de Noviembre del 2019

Se busca…

Por Yonadab Cabrera / /

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A veces conoces a personas en situaciones tan extrañas, un tanto absurdas o de mucho riesgo. Ahora creo en esas películas de Hollywood donde la muchacha y el muchacho tienen un romance pasajero, pues aunque promete ser para toda la vida el destino se interpone entre ellos y uno de los dos muere o simplemente se va.

Sí, ahora sé que historias como la de Jack y Rose en Titanic son más frecuentes, comunes y reales de lo que puedo imaginar, nunca más me negaré a ver esas cursis cintas, puedo aprender mucho de ellas, sobre todo a reconocer cuando estoy frente a mi único y verdadero amor, pero a la vez comprender que uno de los dos morirá.

Les comento esto, porque hace tres semanas encontré a mi único y verdadero amor, en una situación en la que cualquiera de los dos podía perder la vida o peor aún, los dos. No sé nada de él ni cómo se llama, en donde trabaja, a qué dedica el tiempo libre, solo que conduce un Passat negro, así que si ven a un cuate bien parecido en Passat negro díganle que lo ando buscando.

Resulta que hace tres semanas tuve un tiempo como de una hora para hacer ejercicio, pero al llegar al gimnasio ya habían pasado 30 minutos, por lo que no disponía de tanto más que para bañarme y decidí meterme al vapor. Atrás de mí se metió un chavo alto, bien parecido, rapado, barba cerrada y muy galán.

Cada uno tomó una esquina del cuarto de vapor, pasaron los segundos, los minutos y se empezó a sentir más calor, de pronto una densa nube de vapor invadió el espacio y ya no vi nada: “A este muchacho sí que le gusta el vapor a todo lo que da”, fue lo que pensé y decidí aguantar el calor todo para que viera que era un macho aguantador.

Pero de un instante a otro, el vapor me quemó la piel; me empecé a sofocar y fue cuando decidí salir corriendo despavorido, manoteé buscando mis cosas de baño, pero al sentir que ya no tenía aire y en cualquier momento me desmayaría al faltarme el oxígeno y luego moriría como guajolote hervido, salí corriendo.

Mi sorpresa es que el hombre guapo y misterioso ya estaba afuera, o sea nunca se preocupó por mí, ni pensó que era el amor de su vida, solo salió y ahí me dejó, mientras que yo ya imaginaba una trágica historia como la del Titanic, y lo peor del caso es que me vio agitado, sin aire, con la chancla rota y una tremenda cara de espantado, ni siquiera me dio tiempo de ponerme guapo o en mi pose de “Yo todo lo puedo”, me vio en mis  peores momentos.

Solo mencionó: “Estaba bien fuerte el vapor, seguido les pasa que se traba la válvula y sale todo el calor”, a lo que respondí “sí, casi morimos, sentí muy feo, pero lo importante es que logramos salir y sobrevivimos para contarlo”, se me quedó viendo de arriba abajo, hizo una cara como tratando de razonar lo que le quería decir y se fue.

Ahí me dejó parado, ahí me dejó en el vapor, salió sin pensar que podía morir y yo esperando y haciéndome el valiente para que se diera cuenta que existe el amor a primera vista.

Moraleja: El amor a primera vista no existe, no arriesguen su vida.

¡Claro! Chinguen al guapo.