14 de Noviembre del 2019

Ya mejor llévame Diosito

Por Yonadab Cabrera / /

yonachinguen ident

No sé si es fortuna, desdicha o simplemente una vergüenza, pues las cosas raras y más extrañas del planeta solo les suceden a personas raras, extrañas y más absurdas del planeta. Como el hecho de que te peguen un chicle en el cabello en el transporte público y tengas que hacerte un hoyo en el cabello para quitarlo o que te caiga la polea de la piñata encima, peor aún que habiendo más de un millón de personas en la ciudad de Puebla, solo a ti te dé dengue.

Sí, lo leyeron bien, pensaba que el dengue se mantenía muy lejos de mí, allá en las costas del Pacífico o las del Golfo de México, en la Mixteca poblana, en Morelos, en Chiapas, en cualquier lugar caliente que nunca suelo visitar para no enfermarme de esas enfermedades raras, es más ni siquiera voy a Izúcar de Matamoros por temor al dengue, Zika o Chikungunya.

Pero bueno, de más de un millón de personas que vivimos en la ciudad de Puebla, por supuesto, me tenía que tocar a mí y ahora estoy aquí tendido en mi casa, caminando como embarazada, solo dando de vueltas como Manatí en mi propio eje, ya sea en la cama o en la sala, no me queda más remedio, solo esperar a que el maldito vector salga de mi cuerpo…. ¡Maldito dengue, salde este cuerpo que no te pertenece!

Y veo a toda la gente feliz ir y venir: los padres felices porque sus hijos ya entraron a la escuela, en la mañana los llevan antes de las 8 y para la 1 de la tarde vuelven a salir por ellos y regresan, mientras que yo solo los veo desde mi ventana; la gente en CENTRAL y Cambio siguen buscando notas, información que impacte a los poblanos y yo ni siquiera puedo ver a la computadora porque me duele la cabeza y me mareo.

Los Troles lucen muy sanos en cada emisión y yo ni siquiera puedo verlos para odiarlos por ser tan sanos, porque me mareo ¡Maldito dengue, maldita la hora en que un puto mosco me picó! Y lo peor del caso es que ya ni sé dónde fue, de los tantos lugares que visité y ahora tengo más miedo que nunca de regresar a esos lugares. Incluso, hasta a mi pueblo del miedo que me da.

Hace tres semanas fui a Atlixco a andar en bici de montaña y por supuesto había moscos; hace quince días fui a Zacatlán al baile de Calibre 50 y por supuesto había moscos y hace una semana anduve por Cuautlancingo y para variar había putos moscos. Dios ¿Por qué los moscos y los moscos del dengue ya no respetan entre ciudades, tierra fría, lugares altos y urbanos?

Antes solo picaban en los lugares cálidos, en los que parece que estás en el mismo infierno, pero los desgraciados mutaron y se han hecho resistentes a los climas y la altitud, así nunca estaremos a salvo de ellos, les tengo miedo y no solo hicieron que me enfermara, que me duelan los huesos, los músculos y hasta el c… al caminar parezco embarazada o viejito, también me causaron un gran estrés y paranoia cuando me dijeron que los piquetes que me causaron parecían de chinches.

¿Chinches?

Sí, chinches.

Esos asquerosos insectos o lo que sean que se ven terribles, bueno me imagino porque nunca he visto una, pero imagino lo escalofriante que ha de ser. Y como me sugestiono tan rápido, aquella noche del lunes no dormí, me cambié de recámara, tuve la luz prendida para ver si aparecían, no sé cómo son, pero imaginaba que lo más repulsivo que se apareciera por la pared.

Sentía que todo el cuerpo me picaba, que recorrían todo mi cuerpo, que tenía que darme un baño en insecticida para matarlas y al día siguiente ya no lo resistí más, vino a la casa un fumigador, lo hice inspeccionar toda la casa una y otra vez, revisar hasta el último rincón “No hay nada, no tiene nada”, me dijo.

“Vuelve a revisar por favor, te juro que no podré dormir de saber que esas cosas están en alguna parte de mi casa”, ya de mal humor, el fumigador volvió a revisar la casa y de nuevo, en total fueron 3 veces “De verdad, te lo juro, no hay nada en tu casa”, no me importó lo obligué a fumigar y ahora toda mi casa huele a insecticida, de las chinches ni rastro y del dengue ya ni hablamos.

Han pasado 5 días desde que inició el trauma, siento que nunca se me quitará, siento que el resto de mi vida caminaré como embarazada, como abuelito y que las reumas nunca se me quitarán.

Moraleja: No salgan de sus casas.

¡Claro! Chinguen al guapo.