20 de Noviembre del 2019

De la espuma voraz de Valsequillo a la espuma peligrosa del Garotos

Por Yonadab Cabrera Cruz / /

yonachinguen ident

A propósito de la espuma voraz de la que apenas nos enteremos y que cubre todo el dren de Valsequillo, mi gran, sincero y admirable amigo Tío Mundis recordó un episodio de mi vida que había enterrado en lo más recóndito de mi memoria.

Uno de los episodios que más vergüenza me ha dado en la vida; tal vez es el motivo por el que sigo soltero, puesto que fue la fiesta del año en la que toda la comunidad gay de Puebla se daba cita, era la tradicional fiesta de espuma del Garotos, en plena primavera.

A mi favor tengo que decir que nunca me gustaron las fiestas de espuma, pero en aquella ocasión no sabía que había, mis amigos insistieron en que saliéramos a divertirnos un rato al Garotos y después de que me estuvieron rogando por 2 horas, por fin acepté.

Al llegar leí la gran lona que estaba a las afueras del antro “Fiesta de espuma por Spring Break… 20 de abril, no te la pierdas”, algo así.

Era el lejano 2007, llevaba unos meses trabajando en Cambio, y por supuesto pensaba que debía cuidar mi reputación. Además, si hay algo que no soporto es mojarme, entonces por más esfuerzos que hice para irme, mis amigos ya no me dejaron.

De pronto empezaron a salir los encuerados, muchos llevaban traje de baño, sandalias y otros que no iban preparados solo se quitaron los pantalones y se quedaron en calzones. La espuma empezaba a salir de una tina y fue preparada con jabón Roma y agua del baño, todos estaban muy mojados y pegajosos. Incluso, a algunos ya les empezaba a dar urticaria, pero era lo que menos les importaba, seguían en la fiesta.

Por supuesto, yo muy chocoso, criticaba a todos. Al muchacho que ya había azotado sobre la pista resbalosa, el que se estaba ahogando con la espuma, el que traía raja de canela en el calzón, y por ningún motivo permitía que si quiera me rozaran con lo pegajosos que estaban, me daba ñañaras.

Pero bien dice mi mamá, todo me pasa por chocoso y siempre hay un karma. Dios me pasó la factura por mmmm, digamos, discriminar a los que se quedaron en calzones y a quienes llevaban sus puti trajes de baño, y se las cobró muy cabrón.

¿De qué forma le podía hacer ver su suerte a alguien que miraba de arriba abajo a todos y que se reía de todos?

Pues de la forma más cruel y despiadada, desde entonces comprendí que Dios sí castiga. Subía por las escaleras del rincón hacia el segundo piso, pues tuve que bajar al baño, la espuma ya había avanzado hacia lo alto y tenía inundado todo el primer piso. Me pegué lo más que pude a la pared para no mojarme y no rozar a nadie y como ya todo estaba tan resbaloso, me resbalé al subir un escalón.

Pero eso no fue lo peor, para no irme de espaldas y desnucarme y morir ahí, de inmediato me sostuve de lo primero que encontré: unos cables pelados con corriente eléctrica y de inmediato empezó la sacudida, me sostuve del otro barandal, es decir, el que estaba a mano izquierda y la sacudida fue doble.

Nadie hizo nada por mí, olía a quemado, mi cabello se había achicharrado y mi moral se había derrumbado. Por supuesto, en cuanto me pude incorporar, salí corriendo, ni siquiera respondí a los pocos que se animaron a preguntarme si estaba bien.

De todo lo malo que pasó lo único en que pensaba es que Bendito Dios no había ningún conocido y mis amigos no se habían dado cuenta pues estaban perdidos en la espuma.

Pero qué equivocado estaba, pues sí hubo una conocida, una amiga a quien llamamos la Chata quien de inmediato contactó a Mundo para comentarle lo sucedido y él hasta hoy se ha encargado de esparcir la experiencia por todos lados.

Moraleja: nunca se sientan más que alguien, porque no sabes cuando Dios te dará una sacudida.

¡Claro! Chinguen al guapo.