07 de Julio del 2020

Cuando no tienes filtros

Por Yonadab Cabrera / /

Chingen al guapo

¿Se han puesto a pensar lo peligroso que es el altavoz del celular?

De verdad es tan peligroso que hasta las más entrañables amistades, las fraternidades más unidas y los matrimonios más ejemplares se han roto por culpa de esa función del demonio.

Y es que las personas que nos llaman para contarnos algo nunca se imaginan si están en altavoz, pero además quienes recibimos las llamadas y tenemos el altavoz activado, jamás nos imaginamos que nos llaman para contarnos algo de alguien que curiosamente está a nuestro lado.

O simplemente, decimos cosas reveladoras, indiscreciones, secretos o leperadas sin saber por supuesto que estamos en altavoz y que la persona con la que hablamos no está sola.

Y por supuesto, en aras de abonar y reconstruir la amistad de amigos y familiares que han sido cachados hablando mal de otra persona por celular, no contaré sus historias aunque están algo chistosa, si no pregúntenle a Viridiana Lozano.

Bueno, esta historia también involucra a Viridiana Lozano. El otro día me llamó para lo de siempre: que si Central, que si aquello, que si Bebesina, que si Arturo Rueda, Mundis, Barbosa y todos nuestros temas del día.

Al final, me dijo que si íbamos a Angelópolis a comprar un "trapito", o sea algo pa' estrenar, le dije que sí, que me parecía muy bien su idea.

"Amigholoooooo vamos por un trapito a Ange", me gritó Viri en tono de Viri emocionada que casi me revienta el tímpano y por supuesto le dije que sí.

"Sí, vamos amighola, amo los trapitos. Yo me desocupo como a las 4 de la tarde", dije imitando el tono chillón de Viri como el cotorro que sale en ese popular juego de Facebook llamado Confetti.

"No amigholo, vamos ahora mismo, en media hora porque la tarde no puedo", me dijo en su ya famoso tono de intensa que dije que sí.

"Oooook, solo me lavo la cola en chinga y allá te alcanzo porque no me he bañado", le dije y de pronto un silencio abrumador invadió la conversación y de inmediato supe que algo andaba mal.

"¿No estás sola, verdad?", le pregunté angustiado pensando en quién me había escuchado, si Ale, la chava que le ayuda a cuidar a Bebesina o Marco, el marido responsable que cuida de Bebesina, pero no era ninguno de ellos dos.

"Está mi mamá conmigo, escuchó todo lo que dijiste", me dijo Viri y soltó tremenda carcajada y yo sólo respondí: "Ay por Dios, señora qué pena, no sabía que estaba ahí con Viri, ya escuchó mis vulgaridades", expresé completamente apenado. Incluso, me miré al espejo y estaba rojo de la pena.

Desde ese día ya no puedo ver a doña Eva a los ojos, una pena inmensa embarga mi alma.

Moraleja: que no se les vaya la lengua en el celular, nunca saben quién más es escucha.

¡Claro! Chinguen al guapo.