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Les juro que me dolió el corazón cuando escuché las historias.
Una lágrima rodó sobre mi mejilla.
Me mordí un dedo de la mortificación.
Poco faltó para que me desbordara en llanto.
Pero me contuve.
Sabía que más allá de sufrir, era necesario mantenerme estoica para contar la historia.
En serio, lo juro por mi ombligo.
Cuando ustedes terminen de leerla, me entenderán.
Advertencia: esta columna no es simpática, es lastimera.
Lo más triste de esta historia es que existan personas que aún le crean a Juan Carlos Natale y a Pablo Fernández del Campo.
Esa es la parte más patética de esta entrega: la confianza ciega en ese par de malandrines.
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La primera timada fue mi querida Bárbara Ganime.
En vísperas del registro de candidatos a diputados, el líder estatal del Partido Verde le ofreció a Ganime la diputación 13 de la capital poblana.
La ex diputada estaba dubitativa.
Ganas no le faltaban.
Ni potencial político.
Su principal problema era el financiamiento de la campaña.
Juan Carlos Natale rio a carcajadas cuando escuchó la preocupación económica de Barbie.
—No te preocupes mi querida Bárbara, yo te daré todo el dinero que necesites. No habrá regateos ni malos momentos. Te ofrezco todas las garantías— juró Natale con ese tono nasal que le caracteriza.
Por algunas horas, Ganime lo pensó y finalmente, aceptó la oferta del periquito —Por lo verde—.
La campaña inició y el recurso no llegaba.
Juan Carlos Natale respondía todas las llamadas de Bárbara con el clásico: “Tú tranquila, preocúpate por ganar, no por el dinero”.
Pasó la primera semana y nada.
La segunda…
La tercera…
La priista se desesperó y se vio obligada a desfalcar sus tarjetas bancarias.
Bárbara buscó en lo profundo de su economía personal y sólo alcanzó a juntar 30 mil tristes pesos para su campaña.
Sí, señores: 30 mil pesitos nada más.
Llegó la cuarta semana de la campaña y Juan Carlos Natale comenzó a fingir demencia.
Ya no tomaba las llamadas.
Ni respondía los mensajes.
Bárbara hizo lo que pudo con su risible presupuesto.
Dicen que hasta pidió prestado para darle de comer a sus brigadas.
Y por si fuera poco, tiene una gorda deuda con el banco por culpa de Natale.
El final de la historia es harto conocido: la priista no tuvo la publicidad suficiente para competirle a Franco Rodríguez ni los espacios ni los mítines necesarios y perdió de una manera aplastante.
Bárbara fue vilmente timada por Juan Carlos Natale.
Ustedes preguntarán: ¿Qué pasó con el dinero etiquetado para ese distrito?
Pues las a-s-p-i-r-a-c-i-o-n-e-s (snif, snif)) de Juan Carlos son muy caras de sostener.
¿O no?
Ay, Natale, como diría la florecita de Tv Azteca: Vive sin d…
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El segundo estafado de la tarde es Be…Be… Be… Beto Barranco.
Por culpa de Pablo Fernández, el muchachito se gastó los ahorros de vida.
Ya no se podrá comprar una casita.
Ni un vochito.
En el pasado quedaron sus planes de matrimoniarse con alguna buena muchacha.
Pobre Betito.
Tan bueno que es.
Resultó un pésimo candidato, pero es buena persona.
E inocente.
Por eso Pablo Fernández del Campo le vio la cara de chino.
El Be…Be… Beto Barranco vació sus tarjetas de débito y sacó los billetes del colchón para juntar un millón y medio para su campaña.
Pablo Fernández le prometió inyectarle recursos a la campaña.
Le aventó el clásico: “Tú tranquilo, preocúpate por ganar, no por el dinero”
Pasó la primera semana… y nada.
La segunda… y nada.
La tercera… y nada.
Obvio, el dinero nomás no llegó.
Ustedes preguntarán: ¿Qué pasó con el dinero etiquetado para ese distrito?
Pues Itika no se surte sola ¿Verdad, Pablo?
Miau.
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Los escotes electorales
Ay Dios.
Pues ahora todo tiene sentido.
Ya comprendo todo.
Digo, es entendible, pues.
Si el consejero presidente del Instituto Electoral del Estado (IEE) Armando Guerrero dice barrabasada y media es por culpa de estos pinches escotes (tan famosos en los rollos electorales de este país).
Cómo diablos vamos a tener consejeros ecuánimes con esas distracciones, pues.
Ahora entiendo por qué Armando Guerrero dice lo que dice y por qué Gustavo Garmendia es incapaz de hilar una oración coherente en las sesiones del IEE.
Como dice el refrán:
Ven que el indio es alegre y le dan maracas…
Ven que el niño es naco y le ponen reggeaton…
Haría tres planas de columna con estas fotos.
Pero sería una pérdida de tiempo.
Creo que las imágenes se llevan la columna.
Seriedad, consejeros.
#Nomamar



*Fotos: EsImagen