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Uno no comprendería los continuos errores cometidos por Enrique Agüera y su equipo en tan sólo dos meses. La campaña que encabezó se vio plagada de grandes equivocaciones, pifias y descuidos.
Con la percepción de que nunca hubo estrategia y si la hubo la escondieron porque no se vio.
Y como dicen los especialistas en marketing político Roberto Trad y José Adolfo Ibinarriaga en su libro “El arte de la guerra electoral”: “Las buenas estrategias con malos candidatos no ganan elecciones. Los buenos candidatos con malas estrategias tampoco ganan elecciones”.
Cambios de discurso. Cambios de mensaje continuos en su propaganda institucional. Un arranque tibio. Creación de encuestas apócrifas que lo colocaban en el primer lugar y que fueron desmentidas por quienes supuestamente las habían levantado.
La organización de manifestaciones en el zócalo de estudiantes de distintos bachilleres del estado de México en donde les repartieron dinero para alcohol, chemo y marihuana a cambio de que pidieran que el candidato de Puebla Unida se muriera.
El pago de pasquines y periódicos de baja penetración para distribuirse en colonias y juntas auxiliares con noticias a favor de Agüera y en contra de su adversario.
La falta de comunicación por parte de Agüera con los sectores del poder. Ignoró a quienes toman las decisiones y al final no cumplió todos sus acuerdos.
El candidato de la Alianza 5 de Mayo no buscó el apoyo del círculo rojo –como bien dice un amigo- sino se sostuvo sólo del círculo rojito, ese anaranjadito, que ni pinta.
Para cerrar con broche de oro: la creación por parte de sus asesores y corifeos de la más ridícula supuesta orden de aprehensión contra Tony Gali emitida por la Procuraduría General de la República y que fue dada a conocer sólo por redes sociales y jamás por las autoridades correspondientes.
Es decir, fue más falsa que una promesa de campaña.
Su pésima actuación en el debate que también hay que incluirla, pues desaprovechó un momento clave para remontar y lo dejó ir, con una mala presencia, mal manejo de cámaras, con un traje que le quedaba apretado, una corbata que le escondió el cuello y un mal mensaje: habló de todo sin decir nada.
Según el consultor en imagen pública Darío Mendoza –quien trabajó en Presidencia de la República como asesor- en los debates el 70 por ciento es la imagen y el 30 restante es el mensaje.
Y Agüera no tuvo ni uno ni otro.
Lo que mejor pudo hacer en la campaña fue ayer cuando tanto él como los demás aspirantes en el zócalo actuaron de teloneros de Joan Sebastian, pero nada más.
No obstante, no toda la culpa la tiene el abanderado de la Alianza 5 de Mayo. Uno de los principales enemigos de la contienda ha sido Jaime Alcantara Silva, el coordinador de su campaña.
No están ustedes para saberlo y menos yo para andarlo contando, pero desde el inicio de la contienda uno de los personajes que labora ahí con ellos les presentó un plan muy completo para su campaña.
Por supuesto, a dicho personaje lo hicieron a un lado y solo le dijeron que “sí señor, como no, con mucho gusto”.
Dicho plan venía establecido con una ruta crítica, con objetivos por fechas y fue enviado para Agüera y para Alcantara Silva por correo electrónico y sólo le dijerom: “ajá, sí, como no, sí claro, gracias”.
En dicho documento se proponía que desde un principio el candidato se deslindara de Mario Marín, para evitar que enlodaran al ex rector de la UAP.
Que se diera mucho énfasis en el trabajo en la Universidad.
Además se establecía un documento –desde el inicio de la contienda- en el que se hacía saber públicamente que venía una guerra sucia. Una especie de lavado de manos antes de que se ensucien.
Se pedía además en los primeros días que Tony Gali hiciera pública su declaración patrimonial, pues se preveía que los de Puebla Unida lo usarían contra los abanderados del 5 de Mayo.
Además se buscaría ligar a Rafael Moreno Valle y a Tony Gali con Elba Esther Gordillo, si es que ellos (Puebla Unida) sacaban a Mario Marín.
Y finalmente se usarían audios y videos en donde tanto Gali como Moreno Valle hablan maravillas de Agüera como rector de la UAP, para usarlos como spots.
El documento era más amplio y estaba, además, bien escrito.
Tenía orden e idea de lo que se iba a buscar, contaba con metas y objetivos.
No obstante, tanto para Agüera, sus españolizados asesores y su coordinador de campaña, eso no servía.
Como los abogados, dicho documento, lo archivaron. Y le dieron un avionazo a quien lo propuso.
Ahora la estrategia del ex rector es buscar presionar a académicos y a estudiantes de la UAP el día de la contienda, más la exportación de porros y mapaches del estado de México y Yucatán para el día de los comicios.
Como dice el clásico: Lo que Salamanca no da natura no presta.