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La gran revelación de esta semana fue la nota publicada ayer por el diario Cambio en la que Mario Marín celebró con una gran comilona su cumpleaños número 60 teniendo como invitado especial a Enrique Doger quien, en otro tiempo, fuera su principal enemigo.
La lectura de dicha reunión fue que los marinistas ya tienen gallo para el 2016.
El invitado especial fue el mensaje.
El retorno de los brujos envió ya la señal a Casa Puebla.
Los marinistas, por fin, salieron del clóset.
Desde el inicio de esta administración se dijo, se acusó, se señaló y se evidenció hasta el cansancio que todos los grandes problemas que afrentaba esta entidad eran causa del marinismo.
Hubo persecución.
Y muchos lo creímos pues los priistas y en especial Mario Marín, se pasaron por el arco del triunfo a los ciudadanos.
No obstante, a tres años y medio de que inició la administración actual, la situación política no ha cambiado en nada con respecto a la administración de Mario Marín.
Bueno sí, un poco y para mal.
Subimos un escalón en los números de la corrupción.
Se han hecho obras mal planeadas como la inauguraron de vialidades de concreto hidráulico sin drenajes.
La OCDE, recientemente, puso en entre dicho las cifras alegres que la administración estatal intenta cacarear.
El gobierno poblano gastó 400 millones de pesos en una rueda de la fortuna que ahora solo es un adorno pues ya muy poca gente la usa.
Pasó la novedad.
Ahora ese mismo gobierno quiere una ciclopista de casi 70 millones de pesos.
Recientemente a su director del deporte Manuel Youshimatz lo cachetearon y evidenciaron públicamente por un presunto desfalco a un constructor.
Un sistema de transporte -RUTA- que está prácticamente quebrado.
La sombra de la duda invade la mente de los chamacos más perspicaces y calenturientos sobre si es que los familiares del secretario de Infraestructura Cabalán Macari adquieran los nuevos verificentros.
Poca transparencia en el manejo de los recursos públicos.
Una #leybala operada con poca sensibilidad política.
Un partido, el PAN, el cual abandonó su ideario y entró a una lucha por el pragmatismo.
Persecución y encarcelamiento a líderes de oposición.
La ley del pan y palo.
Un intento para instalar parquímetros en la ciudad sin consultar a los ciudadanos y con la sospecha de que el sobrino del diputado panista Franco Rodríguez, Carlos Anaya, se llenaría los bolsillos.
Un primo de un magistrado del Tribunal Superior de Justicia a quien detuvieron porque supuestamente andaba robando una vecindad.
El chamaco, por cierto, es un militante distinguido del PAN.
Y lo mejor está por venir, replican.
Y es que gracias a todo esto, ahora Mario Marín ya puede pasearse por la ciudad y celebrar sus fiestas y sus cumpleaños como si él mismo fuera parte de ese escenario.
Lo dijo el poeta: no lo sé de cierto, lo supongo.
Algo queda un poco claro, a tres años de distancia, ya se puede hacer una evaluación de lo que ocurre a nivel estatal.
Y no han existido grandes cambios puesto que la soberbia del poder sigue siendo la misma.
La corrupción, dicen las cifras y los estudios, se han incrementado.
La verdad es que en esta guerra de góbers no hay ni a quien irle: ni al pasado ni al presente.
Resultó que eran tan radicalmente distintos que terminaron por parecerse tanto.
A partir de la comilona del marinismo la sucesión arrancó.
Y ya hay un primer retador.