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Una vez más el gobierno de Rafael Moreno Valle está metido un escándalo por atentar contra la libertad de expresión y de manifestación. Ahora el ataque fue contra los estudiantes de la Benemérita Universidad de Puebla y de la Universidad Iberoamericana. La gresca terminó con la detención de cuatro estudiantes y con más de una docena, golpeados por los no-entrenados policías morenovallistas.
La solución era muy sencilla para evitar el eclipse total de la visita del presidente y de las inauguraciones de las obras estatales: enviar una comisión para tranquilizar o en el peor de los casos, entretener a los manifestantes contra Peña Nieto por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.
En el zafarrancho, la Universidad Iberoamericana no tardó en fijar una postura y en exigirle determinantemente al gobierno de Rafael Moreno Valle el respeto irrestricto a las libertades de expresión y de manifestación. La BUAP reaccionó ya tarde y tras una serie de reclamos en las redes sociales.
En el transcurso de la tarde hubo una confusión, pues la BUAP emitió un primer comunicado en el que se deslindaba de actos vandálicos —que fue emitido por la mañana, antes de los hechos— y un segundo, en el que la institución dio la cara por sus alumnos. Empero, la percepción ya fue inamovible: la BUAP se llevó el escarnio, la Ibero el reconocimiento.
Dos grandes problemas abren este 2015: la torpeza y la intolerancia de los Policías de Moreno Valle —otra vez— y que colocan a Moreno Valle de nueva cuenta en la palestra como un violador sistemático de los derechos humanos y un represor adictivo, así como la lentitud de la BUAP para arropar a sus alumnos.