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Es más, cuentan los bien informados que poco antes de que iniciaran las campañas, el titular de la casa de estudios mandó a llamar a sus colaboradores y puntualmente les dijo: “Si quieren apoyar a nuestro amigo Enrique Agüera, adelante, están en su derecho de hacerlo, pero no en horarios de oficina, no con recursos públicos ni materiales. Si alguien mete en problemas a la universidad por hacer campaña se defiende solo. La institución no va a salir a defenderlos y la institución no va a permitir escándalos”.
Las palabras de Esparza fueron claras y contundentes. A muchos se le pusieron los pelos de punta.
Desde ese momento varios renunciaron a sus cargos y se fueron a apoyar a Agüera. Los que se quedaron en la UAP se mantuvieron quietos. Incluso, algunos, usaron sus redes sociales para apoyar a Agüera sólo en fines de semana y fuera de horarios de oficina para evitar que les caiga la voladora.
Viene a colación esto, por la revelación que ha hecho Mario Alberto Mejía en sus últimas columnas, en donde ha evidenciado que supuestamente en algunos casos de Contaduría de la UAP y del Complejo Cultural Universitario han salido los troles y los bots (de robot internauta) que alimentan el Twitter y que diariamente nos regalan más seguidores en la red.
Aunque esa situación ha sido desmentida por la casa de estudios, al parecer sí existen dos o tres personajes que de motu proprio se han subido a la guerra cibernética, como lo dijo el periodista de la página de Sexenio.com
Seguramente ya hicieron una revisión y una limpieza en las áreas que sean necesarias para evitar caer en escándalos.
Esparza fue categórico, no quería meter a la institución en guerras mediáticas y partidistas. ¿A qué se deberá? ¿Será estrategia? ¿Evita así conflictos con el actual gobernador Rafael Moreno Valle? ¿Quiere que su interinato y su postulación como candidato a rector esté limpia de cualquier acusación?
Es más, el propio Esparza ha manejado un bajo perfil hasta el momento. Sale a medios pero no abusa. Es discreto. Una nota de vez en cuando, pero nada más.
Qué diferencia de su antecesor que siempre buscaba las primeras planas y qué diferencia de cuando en el 2004, Enrique Doger se fue de candidato a la alcaldía, Enrique Agüera sí puso a disposición hasta los teléfonos de la universidad. Escándalo que fue explotado por el periódico Intolerancia, en su momento.
Quién no recuerda cuando Pablo Rodríguez Regordosa fue abucheado en el Salón Barroco en su exposición ante el Consejo Universitario. Quién no recuerda que Doger salió en brazos de los estudiantes.
Quién no se acuerda cuando a Rafael Moreno Valle le quitaron el aire acondicionado y a López Zavala lo inflaron con loas y odas estudiantiles.
La forma de hacer política de Esparza es distinta. Más ejecutiva. Más directa e incluso más dura. Como todo buen contador no se sale de lo que dice el librito. No busca llamar la atención más de lo normal y ahorrarse los gastos que considere superfluos.
Es el estilo personal de gobernar de Alfonso Esparza. Los medios le han respetado en general. Quizá por su paso por la Tesorería que se supo ganar a muchos. La historia de la UAP se está escribiendo nuevamente.
Esparza, además, mantiene una buena relación con los actuales líderes políticos de Puebla. No va a romper con ellos. En octubre será su elección y deberá preparase para ello. No va a desgastarse en este proceso electoral, aunque Enrique Agüera sea su amigo.
Simple y sencillamente no va a meter a la UAP, aunque eso pueda ser contraproducente para Agüera.