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Ejem. Ejem.
Debo confesar que cometí un grave error al criticar la Ruedota de la Fortuna y los 400 millones de pesos de sus giros.
Gravísimo.
He aquí un intento de redimirme.
La Ruedota de la Fortuna no es un capricho ni una ocurrencia. Se equivocan aquellos que vociferan contra el artefacto reconocido por Récord Guinness. Aún con la descompostura de la semana pasada, la Estrella de Puebla ha hecho felices a cientos de poblanos, turistas, colados y demás.
Y esa felicidad —proporcionada por una vuelta de 25 minutos, cuyo recuerdo queda en las almas y en los corazones de los usuarios hasta el último día de su vida— se la debemos a ese gran hombre llamado Rafael Moreno Valle.
Ese gobernante que antepuso a los indígenas, a los estudiantes, a la seguridad, a las medidas populistas y al incremento de la burocracia, por hacer felices a miles de personas sin distinción de ideología, credo, raza, nacionalidad, orientación sexual o lengua.
Porque Moreno Valle lo sabe muy bien: un hombre feliz vale más que un hombre bien alimentado.
Miles de seres humanos felices valen más que casi 4 millones de poblanos en la pobreza.
Porque Moreno Valle entiende que lo que Puebla y el mundo entero necesita es una sonrisa.
Porque una sonrisa es capaz de cambiar al mundo.
Porque no cualquiera está dispuesto a sacrificar tanto por la felicidad de otras personas.
De entrada, si yo fuera la mejor amiga o la asesora estrella del gobernador —Miau— le hubiera dado algunas alternativas para usar esos 400 millones de pesos, que seguramente no darían taaaaaaanta felicidad, pero que tal vez serían un poquito, poquititito más útiles para esta entidad hundida en la miseria.
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Por ejemplo, con esos 400 millones de pesos, yo le habría aconsejado a @Rafagobernador contratar a 4 mil 166 nuevos policías por un año.
¡Un año con 4 mil 166 nuevos policías en tooooooodo el estado!
Con sueldo base de la Policía Estatal que oscila en los 8 mil pesos mensuales.
En una de esas, los delitos con violencia se disminuían.
Con suerte, hasta escalábamos en el ranking de inseguridad.
Además de la generación de 4 mil nuevos empleos.
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O bien, le hubiera dicho a mi amigo del alma Moreno Valle que mejor construyera 13 nuevos hospitales en todo el estado.
Trece.
De 30 camas cada uno y con una inversión de 30 millones de pesos.
Con una generación de unos 400 mil empleos nuevos.
Sin contar los empleos indirectos por la construida y todo eso, verdad.
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Quizá, le hubiera dicho que dignificara la vivienda de las personas que habitan debajo de los puentes, en casas de cartón y de tejas de lámina en la periferia de las ciudades, por un conjunto de casitas de interés social.
Digamos unas mil 333 casas de 300 mil pesos.
Sí, 1, 333 nuevas casas.
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Si me hubiera mandado al diablo con todos mis consejos, le hubiera llegado por un su punto débil: las computadoras a los mejores promedios.
De plano, le hubiera recomendado —en mi papel de Súper Asesora— que comprara con esos 400 millones de pesos 60 mil nuevas computadoras, si consideramos que cada laptop que entrega el gobierno a los mejores promedios oscila en los 6 mil 600 pesos.
¡60 mil nuevas computadoras, por Dios, para los mejores promedios!
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Si con nada lograra convencerlo, me pondría sentimental.
Le diría: hazlo por Marta Érika.
No podría decirme que no.
Ni en sueños.
Con los 400 millones de pesos, podrías becar a 400 mil niños indígenas.
#Esochingá.
Hasta faltarían indígenas para becar.
Martha Erika ya no tendría que pedir patrocinios a empresarios y organizaciones de mil pesitos para los niños indígenas.
¡Problema resuelto, señor!
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Y si ya nada funcionara, le diría que mejor esos 400 millones los invirtiera en Crédito a la Palabra.
Que otorgaría 266 mil 666 créditos a la mujer de mil 500 pesos cada una.
¡Son un chingo, señor!
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En mi desesperación y ya como última opción le diría: Señor tenemos un millón 54 mil poblanos en pobreza extrema.
¡Démosle una despensa a cada uno para que coman un pinche día!
Con esos 400 millones de pesos, podrá comprar un millón 333 mil despensas.
¡Hasta le sobran, señor!
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Ufff.
Claro ninguno de mis consejos lleva felicidad a los hogares, ni pinta sonrisas al por mayor.
Mejor nos quedamos con la Ruedota de la Fortuna.
Y con la sonrisa que impregna en las almas y en los corazones de los usuarios hasta el último de sus suspiros.
Ay Dios.
Qué caro le sale a los poblanos la travesía de Rafa y su búsqueda de la felicidad.
Plop.