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Desde que Rafael Moreno Valle se incrustó en las filas de Acción Nacional, los panistas de cepa, los ultra conservadores, los dogmáticos, los yunquistas, los custodios, los de tradición y hasta los bien portados, reprocharon la intromisión del priista y su ascenso meteórico en las filas albiazules: senador-gobernador y ahora, hasta presidenciable.
Rafael Moreno Valle irrumpió en el PAN y poco a poco, paso a pasito, se ha apoderado de cada rincón del partido fundado por Gómez Morín. Hoy, Rafael Moreno Valle es uno de los panistas más poderosos y las probabilidades están a su favor para el 2018, aunque a un precio desorbitado.
La elección abierta a la militancia; la confrontación de los equipos maderista y corderista; la guerra de lodo entre ambos candidatos; la operación cínica de los gobernadores a favor de Madero; la persecución contra los corderistas; las prácticas electorales priistas ejecutadas por los neopanistas. En efecto, ganó Moreno Valle y ganó Gustavo Madero, pero el PAN es el gran derrotado de esta contienda.
Los saldos de este encontronazo interno tendrán consecuencias en un año, en la elección intermedia federal. El PAN está devastado y Moreno Valle fortalecido, curiosa oposición de condiciones.
¿De qué le servirá mañana a Rafael Moreno Valle ser el candidato presidencial de un partido resquebrajado, dividido, polarizado y que hoy, a estas alturas del sexenio, es uno de los principados aliados del presidente priista?
Moreno Valle tiene casi la candidatura en la bolsa, pero por poco se queda sin partido.