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La falta de autonomía y de ideas claras sobre las funciones del Poder Legislativo han provocado que la LVIII Legislatura insista en quedar en ridículo una y otra vez. Los diputados poblanos han brillado por su obediencia ciega a Rafael Moreno Valle y por su ineficiencia para resolver problemas.
Hoy, gracias a los señores diputados —que cobran una dieta mensual de 120 mil pesitos—, se ha desatado una guerra territorial entre Puebla y Cholula, en la que ambos bandos hacen hasta lo imposible por recaudar los impuestos de la zona en conflicto sin que el Congreso meta las manos.
En el Primer Periodo de Sesiones, los diputados de Puebla se dedicaron a pasear en sus curules. Su inutilidad llega al grado que ni siquiera han calificado una cuenta pública y no lo harán hasta que culminen las elecciones del próximo 7 de julio.
Cholula ha propuesto un descuento del 80 por ciento de impuestos en la zona limítrofe y el Ayuntamiento de la capital advierte que los ciudadanos se arriesgan a pagar doble tributación. La Suprema Corte de Justicia de la Nación le pidió a la Cámara de Diputados resolver el problema de una buena vez ¿Y el Congreso de Puebla qué ha hecho al respecto? ¡Nada!
El presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política, Mario Riestra, anunció que habrá una resolución al conflicto hasta que culminen las elecciones y los más de 6 mil poblanos que habitan en las fronteras de Cholula y Puebla vivirán en la incertidumbre. Los Diputados no se cansan de hacer el ridículo una y otra vez.