Friday, 05 de June de 2026

Cultura para mortales

Martes, 13 Agosto 2013 23:23
Sarah Banderas

“Made in México”. ¿Nacionalista?

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Debo confesar que la obra de teatro “Made in México. Otra historia de amor” me llamó la atención por el reparto (sí, acepto que cierta televisora ejerce sus influencias en mí) y porque el Teatro Insurgentes es un foro que normalmente se preocupa por la calidad de las obras que presenta, aunque ciertamente siempre están rodeadas de gran publicidad.

Rafael Inclán con su divertida personalidad, ingenio y chispa, prácticamente lleva a cuestas la responsabilidad de sacar adelante la trama. Es altamente capaz de transmitir su humor de manera magistral, interpretando a un hombre feliz y pleno con lo poco que tiene, y al siguiente instante derramar lágrimas con la plena convicción de estar perdiendo la mayor oportunidad de su vida.

La historia se desenvuelve alrededor de una familia de clase media baja que, como millones en este país, tiene su casa y su negocio hipotecados, ingresos que apenas son suficientes para sobrevivir y aspiraciones que se limitan a obtener el sustento diario.

Esta familia representada por “El Negro” (Rafael Inclán) un mecánico que aparentemente acepta su situación económica con humor, y “Yoli” (Socorro Bonilla), costurera y ama de casa, que también vive feliz con lo que tiene, recibe a sus parientes venidos de los Estados Unidos, quienes tuvieron que emigrar hace 30 años en la búsqueda de mejores condiciones de vida. Desde entonces no visitaban México. Ella, una Laura Flores que nunca se montó en su papel, no quiere saber nada de su país, guarda un profundo rencor hacia él y rechaza la “jodidez” y mediocridad en la que sigue sumido desde que ella se fue. Él, un Juan Ferrara parco, acartonado, siente gran nostalgia, algo que remueve sus entrañas al pisar el suelo mexicano.

Ella reniega de México, de su origen. Ve en el país del norte, el paraíso de las oportunidades, la abundancia y la prosperidad.

Él no ha olvidado México. Lo extraña, lo resiente, pero ha estado alejado tanto tiempo que le sería casi imposible empezar de nuevo en su tierra.

El momento crítico de la obra surge cuando Laura Flores, en su papel de Marisela, y su hermano El Negro, le comunican a sus respectivas parejas que “los parientes pobres” (sí, esa televisora vive en mi inconsciente) se van a ir a vivir a los Estados Unidos. Ya está todo arreglado.

Se inicia una álgida discusión que confronta dos visiones: mejores oportunidades o las raíces mexicanas; una mejor calidad de vida o abandonar todo lo que uno es; no ser nadie o ser “el Negro”; Disneyland vs Xochimilco.

Los razonamientos los encuentro en ocasiones terminantes y un tanto patrioteros. Aunque tiene muchos elementos reales y ciertos -como el hecho de que al llegar a un país distinto uno es un perfecto desconocido y en cambio al quedarse, por lo menos se cuenta con el cobijo de la familia, los vecinos o la comunidad-, tampoco creo que la decisión implique una renuncia tajante a la identidad o mantener infinitamente una situación económica adversa: te vas y abandonas todo o te quedas y sigues pobre.

Sin embargo la realidad ha demostrado que así es, pues millones de migrantes ya no regresan a sus países por la falta de papeles y comienzan una nueva vida abandonando incluso para siempre hijos, padres y esposos.

¿Quién no se ha topado, o ha escuchado de migrantes en los Estados Unidos que después de algún tiempo viviendo ahí,  se niegan a hablar su idioma?

¿Necesidad o malinchismo?

Entonces…

Si tienen ganas de divertirse, reírse un rato y pasarla bien, sin mucho drama, pues vayan a verla. No se debe esperar mucho de los actores. Es una trama “pasable” pero no profundamente pensada, aunque tengo que reconocer que en ocasiones “te llega un poco”.

Alguien muy cercano que me acompañó a ver la obra, ha vivido en otro país desde hace siete años. Le pregunté qué sentía cuando pensaba en México y me respondió que se extraña la familia, la comida, la gente, pero se extraña más ese algo intangible, que se lleva en la memoria, en la sangre: el suelo mexicano.

…By the way

El 4 de agosto se conmemoraron 138 años de que el gran cuentista infantil Hans Christian Andersen (de los primeros escritores en elaborar historias para niños) nos dejara un inmenso legado: “El soldadito de plomo”, “La sirenita”, “El traje nuevo del emperador”, “El patito feo”, son algunas de sus obras.

Yo lo recuerdo especialmente por un cuento que leía mi mamá sobre “Olé Cierraojos” un duende que decía que a las palabras les duele cuando uno las escribe de forma incorrecta. Quizá por eso soy obsesiva con la ortografía…