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En su calidad de candidato del PRI a la alcaldía capitalina, Enrique Agüera se armó con una perorata de cifras contra los gobiernos panistas de Rafael Moreno Valle y Eduardo Rivera, sin embargo, la letanía numérica se quedó en el aire, pues el abanderado del tricolor no logró concretar una sola crítica contra sus adversarios políticos.
En sus dos apariciones públicas como el candidato de oposición, Enrique Agüera se ha dedicado a agradecer y a conmover a los priistas con discursos alusivos a la esperanza y el amor, pero hasta el momento, el académico no ha roto el cascarón universitario y se rehúsa a entrar a la disputa político-electoral.
Las campañas electorales en puerta serán así, asépticas, higiénicas, intachables, pues el ex rector no planea un escenario de confrontación ni de contraste para ganarse la simpatía de los poblanos. Su apuesta, hasta el momento, es por la fe que pueda generar.
El problema es que Enrique Agüera es hoy el candidato de la oposición, pero insiste en actuar como el candidato oficial del morenovallismo, ya nada más le falta hablar de continuidad. ¿Y entonces, qué papel le va a dejar a Tony Gali?
La duda que mata es: ¿Se trata de asepsia electoral… o, de plano, el miedo no anda en burro?