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¿Qué le pasó a Enrique Agüera que de llevar varios puntos de ventaja antes de la elección se fue al suelo, a morder el polvo?
Enumerar su campaña de errores sería el primer paso de análisis:
1. Nunca llamó a congregar un voto resentido con el sexenio. Al contrario, dudó, tembló, parecía que le tenía pavor a Rafael Moreno Valle, cada que lo atacaba o intentaba criticarlo salía corriendo. No se puede jugar una campaña con miedo. Los miedosos nunca ganan, son perdedores natos.
2. Su soberbia le impidió ver un voto de castigo: Mientras él fue rector de la UAP pateó muchos traseros. Él y sus principales operadores se dedicaron a humillar, a golpear, a amenazar académicos, administrativos, así como estudiantes. A través de José Manuel Alonso “El Oso” como director de Atención de Asuntos Estudiantiles se dedicó al control de alumnos y consejeros universitarios con compra y coacción. Ello provocó en ocho años iras y enojos. Fue un exceso de soberbia por parte de los agüeristas.
3. Agüera nunca tuvo estrategia en su campaña. Tuvo más de cinco cambios de mensajes durante el proceso electoral. Nunca conectó con los ciudadanos. El hecho de haber contratado a los españoles a través de uno de sus prestanombres (luego les digo quién) y con estos inventar una serie de ocurrencias no basadas en métodos ni rutas críticas lo hundió más. Por cierto, un reportero del equipo de Agüera escribió en una revista por ahí que el asesor del priista era el Xavi Domínguez, por si ahora salen a decir que La Armada española no participó.
4. Fue un pésimo candidato. Siempre jugó a ser el segundo lugar. Nunca planeó ganar. Los priistas lo saben y saben bien que quien perdió fue él. Quien terminó de clavarle la puñalada al PRI a parte de Pablo Fernández del Campo, de Fernando Moreno Peña y el aspiracionista Juan Carlos Natale fue Agüera, porque nunca jugó a ganar, siempre jugó a perder.
5. Jamás se deslindó de su compadre Mario Marín Torres. Si estuvo o no Marín en la contienda nunca lo sabremos, pero el hecho de que no puso tierra de por medio y que dejó que ese rumor creciera eso lo humilló más. Enrique Agüera también le temía a Mario Marín. Sólo que nunca sabremos si es que fueron cómplices y por eso prefirió agachar su cabecita y esconder hasta su cuello.
6. Un pésimo debate. Agüera no sólo escondió el cuello. Sino que desaprovechó una oportunidad histórica para remontar.
7. Nunca dio un discurso claro y contundente. No se trataba de una guerra de lodo sino de ser contundente, claro, preciso y dejar de actuar como el Mesías de Xilotzingo.
8. La estrategia de comprar y contratar pasquines, libelos, panfletos y periódicos de baja circulación eso lo llevó a demostrar su nivel. Pagó millonadas en impresiones que no sirvieron ni para el boiler ni como papel de baño.
9. Otro error fue pagar las movilizaciones en contra de Gali por colonos del sur, primero, y estudiantes del Estado de México que vinieron a Puebla a ponerse pachecos y chemos. Por cierto, los responsables de esas operaciones apuntan otra vez al “Oso”, José Manuel Alonso, además de Marcos Mazatle, Julio Galindo, Raúl Arroyo, entre otros.
10. Millones de pesos de Agüera tirados a la basura.
11. Nunca se preparó para la contienda. El año pasado pudo armar una estructura fina, real con el control del PRI municipal y no poner al vejestorio ese que apesta a naftalina de apellido Hickman.
12. Siempre pensó tanto él como sus operadores más cercanos que una elección constitucional es como la política dentro de la UAP. Nunca midió que aquí los golpes y las traiciones son de a de veras.
13. Minimizó a los verdaderos asesores. No le hizo caso a las recomendaciones que le hiciera un personaje inteligente que sí le presentó un plan para armar la contienda y que de ello hablamos la semana pasada en este espacio y nos referimos a Emilio Trinidad Saldívar, a quien no le dieron recursos y aguantó hasta el final de la contienda. Ya platicaremos de él más adelante, pero créanme que no le hicieron caso.
14. Ignoró a los medios de comunicación. A los reporteros les huía y a los directores de los medios no los convocaba, a diferencia de su contendiente.
15. Nunca fue su momento. Y quien se atrevió a decírselo le respondió con: “estás en mi contra”.
16. Fue una pésima decisión nombrar de coordinador de campaña a Jaime Alcantara. Este ya es un cartucho quemado (muy quemado). Que actúa con políticas basadas en los años setenta y de la CNC (es decir huelen a estiércol).
17. Puebla no se escribe con Ü. Esa fue una de las peores tonterías de la campaña. Mucha gente no entendía que querían poner un emoticon de una sonrisa. Puebla (y eso lo sabemos los oriundos de por aquí cerquita) no se escribe así. No la chinguen.
18. Se sobre asesoró.
19. Por haber asistido a unos cuantos diplomados de la George Washington no le hace ser consultor. Agüera en su soberbia siempre pensó que él ya sabía cómo se ganaba y su séquito de empleados que lo acompañaron a Estados Unidos le hacían fanfarrias.
20. Se engañó él mismo, al no aceptar la realidad.
Pero no debe buscar ser víctima porque tanto él como su séquito sabían que estaban mal. Sabían que iban a perder. Ahora Enrique Agüera es un cadáver político que caminará como un zombie y que tratará de controlar la universidad con esta derrota, pero de eso ya platicaremos más adelante.
No se busca quien gana, sino la pregunta por qué se pierde, sobre todo, cuando Agüera encabezaba las preferencias en febrero de este año.
¡Salud!