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Va pa’ atrás, papá
Señoras y señores, me temo decirles que las buenas noticias no son noticia.
Por eso arranco esta colaboración en Periódico Central con una muy mala noticia.
No habrá Ley Agnes Torres, ni se instituirá el Día contra la Discriminación en Puebla, y mucho menos se harán lo cambios esperados al Código Civil del estado en esa materia.
“¡No, no y no!”, dijeron funcionarios conocedores del tema.
La orden ya está dada y háganle como quieran.
Resulta que ya tiró línea el gobernador.
Y los diputados pues ni pío dirán.
Edgar Salomón Escorza ya tiene la orden de hacerse bien menso con el tema.
Los acuerdos que existían ya quedaron bien olvidados.
Sí, así como lo leyó.
Una vez más estamos frente a un caso de homofobia institucional. Viene de buena fuente y es ya un hecho que para el gobierno del Estado está más que cerrado el caso Agnes Torres.
Es más, ellos aseguran que ya bastante se hizo con la detención de casi todos los involucrados.
E incluso dirán que el Tribunal Superior de Justicia ya trabaja para seguir todo “conforme a derecho”.
Y qué decir de los casos y casos por ahí olvidados y que formaban parte de las situaciones a atender de parte de nuestras autoridades…
La misma historia de siempre.
Es más, en conversaciones entre funcionarios y legisladores hasta del tema se burlan.
-¿Ley de putos?
-¡Ni madres!
Así se refieren sobre el tema. Así merito.
¿Qué pasa entonces con los acuerdos alcanzados entres activistas y representantes del gobierno?
¿Acaso hay sensibilidad de parte de diputados y funcionarios estatales?
¿Les importa el tema todavía?
¿Hay ciudadanos de primera y de segunda?
Primero el tema se estancó porque andaban muy ocupados con los festejos del 150 Aniversario de la Batalla de Puebla. Luego vinieron las elecciones. Y este domingo se cierra el proceso electoral ¿después qué detendrá a gobierno del estado?
Quizá los detenga la homofobia institucional que impera en Puebla.
Al “Huevo” le faltan yemas
En el Distrito VI la cosa está que arde.
Y los panistas no quieren que la gente se entere de la última traición que vino de gente que consideraban “de mucha confianza”.
Resulta, que al pobre de Enrique “El Huevo” Guevara, candidato de Acción Nacional a la diputación federal de dicho distrito, ya le estaban haciendo de chivo los tamales.
Y nada menos que su coordinadora de estructura territorial, Julia Jiménez, quien se encargaba de reclutar a sus simpatizantes en el distrito.
Quién sabe por qué o cómo pero a la señorita Jiménez fue cachada en la maroma.
Se le ocurrió entregar toda la información del distrito, direcciones, nombres, santo y seña de todos los líderes del Distrito 6 al candidato de enfrente. Sí, al priista Enrique Doger Guerrero.
¿A cambio de qué? ¡Quién sabe!
El hecho es que le faltó pericia para esconderse y la vieron en la casa de campaña de Doger pasando los reportes.
A su vez el chisme llegó a manos del buen Enrique Guevara, quien montó en cólera y pues le dio las gracias por la traición.
¿En qué habrá fallado Guevara como para que su gente comenzara a brincar de proyecto la última semana de campaña?
¿A poco “El Huevo” se está quedando sin yemas?
¿Lo van a dejar solo sus cuates?
Ya lo veremos el domingo.
Rapidín (1)
Damitas y caballeros.
Chacalones y mujeres engañadas.
Señoras con y sin copete.
Reyes y reinas adoradas.
Me complazco en anunciarles que estoy de vuelta.
Sí, de vuelta a esto de la columna, género que odio gracias al incontable número de personajes que se embriagan con sesudos análisis.
Esos “pe-rio-dis-tas” que opinan de todo porque se sienten la rencarnación de Kapuchinski.
Es más, yo sigo pensando en porqué carambas a ustedes debería importarles mi punto de vista. Así que preferiré hacer como que no escribo columna. Haré como que cuento historias. Eso sí me late, y me late un chorro.
Ahí les va una muy personal:
Resulta que Selene Ríos (o sea la reina de estos lares, la madrota de esta página web) y un servidor, somos compadres desde hace rato.
Neto.
Aunque no lo quiera admitir, la señorita Ríos me debe el garbo, la chispa, el poco buen gusto que tiene. Sí, seguro lo va a negar. Pero ni doña Soco, ni don Isidoro, sus adorados padres -que casi son como mis padres adoptivos porque soy el hijo joto que nunca tuvieron- la terminaron de educar como lo hice yo en la universidad.
Hay testigos y confirmarán que no miento.
Bueno, ese no es el caso.
El asunto es que ni modo que no le escribiera una columna.
Periódico Central es un buen proyecto. Una tortota de jamón de la que todos queremos una mordida. De esas fiestas a las que muchos quieren colarse pero pocos son los convidados. Agradezco entonces a Selene Ríos por la invitación a su pachanga.
Acá nos leemos. Cada jueves.