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Y sucedió lo que tenía que suceder: la salida de Juan Carlos Mondragón de la dirigencia estatal del PAN.
Adiós al zombie que se negaba a salirse de las oficinas de Bugambilias golpeándose contra las paredes y que sólo espetaba el: mrggsgsgs, correspondiente cada que le pedían una opinión de algo.
Adiós a esa etapa del panismo.
Adiós.
La tregua entre Rafael Moreno Valle y Eduardo Rivera sigue. Han existido panistas que la han tratado de dinamitar. Hay panistas, de ambos bandos, que dicen, hacen, declaran, escriben, con tal de que esto no ocurra.
La realidad supera la ficción: hay tregua y se está cumpliendo.
Ambos grupos saben y están concientes que si no llegan unidos a la elección de julio del 2013, que sino llegan con un Congreso del estado con mayoría, las cosas se pueden poner feas.
Ya saben que Fernando Morales -el más morenovallista de los priistas- se va y que ahora en la dirigencia puede llegar un priista, priista, pues la Presidencia de la República será de ese partido y las delegaciones federales apoyarán con recursos al sustento de esa que dejó de ser la súper secretaría.
Saben en el PAN, en el ayuntamiento y en el gobierno del estado que un Congreso de mayoría priista puede ser el peor enemigo a la hora de revisar las cuentas públicas. Saben de la parálisis gubernamental que genera el Legislativo, saben que dejará de ser la ventanilla única de trámite del Ejecutivo.
Y que sí lo sigue siendo, saldrá más cara.
Por ello, tanto el gobernador de Puebla así como el alcalde de la capital saben que tienen que aplicar la máxima “comer sapos sin hacer gestos”.
Por ello, el operativo Winnie Pooh, conocido por otros como la Ley Mondragón y por los menos como zombieland, rindió sus frutos.
Aún con parches legislativos. Juan Carlos Mondragón se va del partido y llega un personaje que en otro tiempo fue señalado como “el chofer de Lalo (Rivera)” y por otros como el morenovallista en el PAN.
Un híbrido llamado Rafael Micalco que es como una sopita, un caldito de pollo, un tecito, no le hace ni bien ni mal a nadie, nomás sirve para entrarle al plato fuerte.
Es amigo de los Yunques, es amigo de los panistas que gobiernan el estado.
Así no habrá ni para Dios ni para el diablo.
Habrá una nueva discusión en quién quedará como candidato a la alcaldía de Puebla, y aunque no lo crean, ambos grupos irán con toda su fuerza a apoyarlo.
No permitirán perder la plaza, ya que una derrota en este momento puede ser letal.
El propio Juan Carlos Mondragón tuvo que apechugar diciendo:“¿mrggsgsgs?”.
Pues él seguramente tendrá una buena posición, incluso, en el Congreso del estado.
La tregua se romperá –si sobrevive a los tiempos electorales- un día después de las elecciones y ahí sí se darán con todo, hasta con la cubeta.
Mientras, seguirá miel sobre hojuelas o mejor dicho, la vieja técnica de tragar sapos sin hacer gestos.