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Una voz autorizada relató a este tundeteclas un incidente en el que José Chedraui Budib intenta demostrar que no es, no ha sido ni será marinista. Lo escribimos porque quien nos contó la historia goza, eso sí, de confiabilidad.
Así que sin más preámbulos, va la anécdota:
Corrían los tiempos de la más reciente campaña electoral.
Es un mitin de esos bien priistas, con confeti y matraca.
En el presidium está Enrique Peña Nieto y su equipo, por supuesto, toda la bufalada poblana apostada ahí en torno a su candidato. De pronto, a lo lejos, aparece Mario Marín.
La cámara se detiene. Suena el tema la película “El Bueno, el Malo y El feo”, compuesto por Ennio Moriconne. Ahora la cámara avanza lentamente mientras Marín, enfundado en una chamarra de cuero, camina rumbo al presidium. Un close up a la sonrisa perversa del ex gobernador quien saluda a los militantes de mano.
La cámara ahora hace una toma a todos los que rodean a Marín. Sigue lenta la toma. Ahora la lente se va sobre los priistas que hacen una valla para que pase el ex mandatario.
Se ven las expresiones de sorpresa de muchos que están ahí haciendo la bola.
Las tomas en cámara lenta muestran al ver ex gobernador caminar como si nada, con un aire de grandeza, con su tufo de cinismo que siempre lo acompaña, con ese toque de “es mi voz pero no es mi voz”, con el “¡así soy y qué!”.
Hay confeti cayendo sobre la cabeza del“exprecioso”.
La música sube de tono.
Marín sigue avanzando.
La música es la que genera angustia, nerviosismo. En el presidium, ya saben: el maestro de ceremonias a quien no le hacen caso. Peña Nieto está sentado. Sonríe, extiende su mano saludando a la militancia. Un grupo de mujeres le manda besos y hay una cartulina que dice: “EPN, cásate conmigo”.
El candidato sonríe ante la pancarta. Les manda el beso esperado con un ademán. A un lugar de él está La Gaviota, su esposa, quien también observa a sus rivales poblanas y también ríe.
Marín está cerca, muy cerca del templete.
De pronto la música de Moricone para de golpe. El coordinador financiero de Peña Nieto en Puebla, José Chedraui Budib camina molesto, habla, da órdenes al equipo de logística, manotea.
Dicen los que saben que dijo clarito que a el ex gobernador no lo quería ahí. Que mejor ni se apareciera. Que se retirara.
Marín por supuesto se impuso y apareció en aquella ocasión, pues hasta foto hubo, aunque más tarde quien vetó a Marín de subirse al carro de Peña fue el propio Pepe Chedraui, pues le dijo a su amigo, el entonces candidato, que la imagen de Marín en vez de ayudarle le perjudicaría y lo convenció.
Por ello, hay versiones que cuentan que Pepe no es marinista. Al contrario, sabe el daño que le haría a su campaña si se apareciera por ahí el mismísimo fantasma del “preciosismo”.
Sea cierta o no la versión, ahí está.
Y es que juran y perjuran que Mario Marín no participará ni para pintar bardas en caso de que la candidatura a la alcaldía la logre el amigo de Peña Nieto.
No obstante, no dudamos que Marín sí se quiera subir a ese carro sobre todo porque quiere recuperar el poder en la entidad y cobrar venganza en contra el actual gobernador Moreno Valle.
¿Será?
Tres finalistas y el factor Agüera
Lo que es cierto es que en el PRI sólo quedan tres finalistas: Enrique Agüera, Enrique Doger y José Chedraui. Del primero se espera logre un buen puesto a nivel federal. Hay quien asegura que sí consiguió enrolarse dentro de los primeros círculos del nuevo presidente. De ser así se cerraría la pinza entre Doger y Chedraui, quienes ya firmaron la pipa de la paz. Lo que parece ser que en Puebla en el caso del PRI habrá, como en los viejos tiempos, un candidato de unidad.
Esto se verá a finales de este mes, ya que de no irse Agüera la moneda vuelve a estar en el aire, ya que el rector juega con muchos positivos para lograr la candidatura.