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Las palabras más odiosas de una noche de diversión retumbaron en sus oídos.
"¿Tienen reservación o ya los esperan?".
La conversación duró escasos minutos.
El famoso conductor de noticias en Telerisa enfureció.
Los colores se le subieron al rostro.
Observó al indefenso cadenero.
—¡Mírame, cabrón! ¡Mírame! ¿A caso no me reconoces? ¡G-a-t-e-t-e!
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Los cristales sudaban.
El sudor escurría sobre los ventanales.
Empañados desde el interior.
Uff‚ ¡Qué calor!
A la derecha del antro, un numeroso grupo de chicos brindaba con las promociones de a litro de La Chilanguita.
Al extremo, las niñas de la mesa del fondo, coqueteaban con unos vodka tónic y unas tutsi pop.
El antro del precopeo de moda a reventar.
Desde el exterior reconoció esa divertida canción.
Girl look at that body
Girl look at that body
Girl look at that body
I work out
I'm sexy and I know it.
I'm sexy and I know it
**
Caminó al ritmo de Lmfao hasta la puerta del antro.
Iba tan concentrado bailando y caminando que golpeó sin querer a la señora que grita: "Chicles, cigarros, joven ¿Cigarros?"¬
Aquél ni cuenta se dio.
Sonreía pícaramente.
Subió el primer escalón y se cercioró de la presencia de su amigo.
—¡Apúrale, cabrón!
—Ah?? voy, wey!
—¿Qué te compraste?
—¡Mi paletita, carnal!
Justo al término de la conversación, llegaron a la entrada.
El cadenero se puso enfrente.
—Buenas noches ¿Tienen reservación o ya los esperan?— preguntó el muchacho.
Alejandro Rodríguez sonrió socarronamente.
—Déjanos pasar!— exigió el empresario mediático.
—¿Tienen reservación o ya los esperan?
—¡Abre, la puerta!
—No puedo. Está muy lleno, señor.
—WTF!
—No puedo dejarlo pasar.
—¡Que abras te digo, pendejo!
—No me falte al respeto, señor.
—¡Eres un pendejo! ¡Déjame pasar!
—¿Tienen reservación o ya los esperan? — insistió el portero del antro de moda.
Entonces, el conductor del noticiero nocturno en Telerisa Puebla sintió la furia correr por su sangre.
—¡Mírame, cabrón! ¡Mírame! ¿A caso no me reconoces? ¡G-a-t-e-t-e!
El joven fingió demencia.
—¡Te estoy hablando, idiota! ¡Mírame! ¡Mírame bien! ¿No me reconoces? ¿Eh?
El muchacho miró hacia los tacos al pastor de la esquina.
—Mírame! ¡No reconoces esta carita, pendejo? ¿No? ¡Eh! ¡Ni tele has de tener, pendejete!
La gente, curiosa como siempre, se acercó al altercado.
El cadenero fijó la mirada en el carro de Hot-dogs de enfrente.
—¡Te estoy hablando, idiota! Tú, pendejo háblale a ________
—Sí, sí, sí, mi Alex, pero ya cálmate— intervenido el espantado amigo del empresario mediático.
—¡Te voy a decir algo naquete, te van a correr por pendejo!
El pobre hombre tragó saliva.
El gerente del antro salió a recibir a la estrella de Televisa.
—¡Pendejete! Es lo malo de darle poder a un gato— le reviró el cotizado conductor de noticias de la televisora.
Anda la osa.
Que nos perdone Dios, no todos vemos la tele abierta.
Cuando sea grande quiero ser como él.
Miau.