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Hay mil formas de hacer berrinches.
¡Mil!
Tome nota mandatario (usted luego como que exagera):
Unos se tiran al piso y lloran hasta que obtienen el objeto del deseo.
Otros dejan de hablar unas horas como medio de presión para obtener el objeto del deseo.
Algunos golpean las paredes.
Se arrancan los cabellos.
Se pellizcan los ojos.
Se hacen tatuajes en la panza.
Se muerden la muñeca.
Dejan de respirar unos segundos.
Ponen ojos tiernos y cristalizados.
Hay quienes avientan cosas por la ventana.
Existen los locos que estampan el carro en alguna avenida, no sin antes gritar:“¡No quiero viviiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiir!”
I know.
Pero habrase visto un berrinche que modifique el Código de Instituciones y Procesos Electorales, someta al Poder Legislativo y violente la Constitución en tan sólo cuatro horas.
Clap.
Clap.
(Creo que ese es mi favorito).
Todos son métodos de desesperación.
Y casi siempre, todos funcionan.
No era necesario llegar a tanto, por Dios.
**
La semana pasada, el líder nacional del Yunque, Juan Manuel Oliva, atestiguó una tremenda escena en Casa Puebla.
El gobernador Rafael Moreno Valle accedió a recibirlo en la residencia oficial del gobierno del estado.
Escuchó la oposición de Moreno Valle con respecto a la permanencia de Juan Carlos Mondragón en la dirigencia estatal del PAN.
Que es bien grosero.
Que es un autoritario.
Que sólo le importa mantener el control del partido.
Que excluye a aquellos que no nacieron en cunas de las familias custodias.
Que es parte del cáncer maligno incrustado en Acción Nacional.
Que por su culpa el PAN perderá.
Que tiene la cara muy tierna.
Que nomás defiende a Lalo Rivera.
Que él, de plano, se siente muy solo.
Wtf!
**
Aquella mañana, el ex miembro del Comité Ejecutivo Nacional brindó una serie de entrevistas exclusivas para algunos medios —Central, entre ellos— en las que aseguró que no había forma de cambiar la dirigencia dada la efervescencia electoral por el proceso de 2013.
El gobernador Moreno Valle consideró aquello un insulto a su imagen e investidura.
Toda una ofensa para el rey de la aldea.
Con los ojos rabiosos, a voz endurecida y con los decibeles más altos que nunca reprochó:
—Todos se están burlando de mí. Dicen que Mondragón ya me ganó y eso no lo voy a permitir. ¡Eso no se vale! ¡No me ha ganado, Juan Manuel! ¡No me provoquen!
—Tranquilo gobernador, nadie ha dicho eso.
—¡Cómo no! ¡Mira a su prensa cómoda! ¡Ve cómo me tratan! ¡Dicen que ya me ganó! ¡A mí nadie me gana! ¡Nadie! ¡N-a-d-i-e!— dijo aquel con la mirada extraviada y girando la cabeza un poco extraño.
—No es así, gobernador.
—¡Estoy quedando en ridículo ante todos! ¡No voy a quedar en ridículo! ¡Soy el gobernador! ¿Qué van a decir de mí? Que ni siquiera controlo mi partido.
—Pero ¿De dónde sacas eso?
—Tú le ayudaste con las entrevistas. ¡Me hacen quedar como un #$%$&%&! Eso no lo voy a permitir ¡Jamás! ¡Jamás! ¡J-a-m-á-s! ¡Soy el gobernador! ¡El g-o-b-e-r-n-a-d-o-r! No me provoquen.
—Cálmate, gobernador.
—Conmigo por las buenas, bueno, pero por las malas, mejor ¡Y no se la van a acabar!
**
No hubo forma de convencerlo.
El góber estaba realmente enfadado.
Fuera de sí.
Tanto Juan Manuel Oliva como el mandatario acordaron determinar todo en el CEN el lunes siguiente…
Ya sabemos qué ocurrió: sometió al Congreso, obligó a los diputados a aprobar una reforma anticonstitucional en materia electoral y finalmente, el CEN ni la razón le dio.
Ja, ja, ja.
Cuando sea grande quiero tener mi propio Congreso para cambiar leyes, evidenciar que los diputados son muertos de hambre y mis empleados, dejar en claro que el Estado soy yo y así bien padre para poderme vengar porque mi novio me puso el cuerno con una vieja flaca y fresa.
Miau.
Debería el góber arrancarse el cabello o patalear en el suelo, eso no le hace daño a la división de poderes, al Estado y a todos esos rollos de democracia que le enseñan a uno en la escuela.
¿Ya tomó nota señor gobernador?
¿O le repito la columna?
CENTRAL, listo para las fiestas patrias y las que vengan.
Ufff.
En cuatro meses de vida, CENTRAL ha mudado de piel un par de ocasiones.
He aquí nuestro humilde tercer intento por adaptarnos al periodismo digital y sus múltiples formas de transmisión del mensaje.
Confiamos que el gusto de este formato nos tarde al menos un año.
Y más allá de la nueva cara y las apariencias de este portal, CENTRAL intenta romper con paradigmas del periodismo y su relación con el poder, al hacer públicos sus contratos de publicidad y detallar el nombre del cliente, el monto y el plazo del contrato. —Tampoco crean que son muchos—
Agradecemos, celebramos y aplaudimos a los clientes que aceptaron la propuesta de CENTRAL para abrir los contratos y eliminar de los mismos la famosa y socorrida cláusula de confidencialidad.
El objeto de hacerlos públicos es que este medio recién nacido se consolide bajo los principios de transparencia y honestidad que como periodistas exigimos a la clase gobernante.
Una vez que las cuestiones técnicas nos lo permitan revelaremos el número de visitas y el tiempo de estancia en este espacio informativo.
Queda.