Tuesday, 16 de June de 2026

Dios en el Poder

Martes, 11 Septiembre 2012 02:32
Selene Rios Andraca

La melancolía etílica de Los Abed Roaunnet

Por :
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Cómo no añorar esos días de frenesí y locura que tentaron a los más puros en aquellos ya polvosos y preciosos días.
Alcohol.
Música.
Manjares.
Mariachis.
Carcajadas.
Promesas.
Yeiii.
Esos hermosos días del marinismo en que secretarios, diputados, constructores o empresarios hicieron tremendas bacanales para congraciarse con la prensa.
Qué días aquellos, hoy tan distantes para aquellos periodistas.
Esos periodistas que gozaron de las orgías marinistas, hoy las recuerdan en sus viernes solitarios.
No se han enterado, sin embargo, que la fiesta continuó sin ellos.
Que el preciosismo cambió de actores.
Que es la misma fiesta pero con otros borrachos.
**

Reporteros de las fuentes gubernamental y empresarial recibieron una curiosa llamada del área de Comunicación Social de la Secretaría de Infraestructura.
Que el viernes los esperaban a cenar.
Que podían llevar a quien quisieran.
Que invitaba el secretario de Infraestructura —mi suegro de mi corazón— Tony Gali.
Que no faltaran.
Que se pondría buenísima la noche.
Lugar: Hotel Aristos —propiedad de los constructores del sexenio, los consentidos de Moreno Valle: los hermanos Abed—.
Hora: 8 de la noche.
**
El anfitrión principal de la noche fue Julián Abed, quien recibió a los periodistas con un agradecimiento y un abrazo.
—Gracias por venir. Adelante, por favor.
El motivo de la fiesta fue agradecer a los periodistas su cobertura de los avances en el Centro Integral de Servicios (CIS).
Obvio, invitaron a aquellos que trataron con flores y halagos la llegada de los hermanos Abed a la mega obra morenovallista.
—Sí, es mi envidia, no me invitaron—.
**
A pesar de que los hermanos Abed Roaunnet hicieron el negocio de su vida con el CIS, los manjares se limitaron a cerveza, tequila, brandy & tacos dorados.
El animador de la noche fue el director de La Opinión, Óscar López. —Ese gran, distinguido, pulcro, culto, elegante y fino hombre—.
Contó chistes.
Habló de las bondades de Los Abed.
De las chingonerías que construyen.
De las maravillas de Antonio Gali —mi suegro del alma—.
Los reporteros bebieron.
Comieron.
Cantaron con el mariachi.
Bailaron unas cumbias sabrositas.
Sacudieron su cuerpecito al son de Yaguarú.
Ánimas que no amanezca.
Les cayó la fiesta hasta las cuatro de la mañana.
Ufff.
¡Qué noche!
¡Hubo de todo!
Hasta taquitos dorados con salsita verde y quesito.
Yommy.
Yommy.
Y para cerrar con broce de oro, los hermanos Abed llenaron de regalos a los reporteros: una playera, un vaso y un lápiz con el logotipo del hotel Aristos.
Ja, ja, ja.
Lo más triste es que todos salieron felices del pachangón.
Conformes con su lápiz, su vasito y su playerita.
¡Tantas cosas que harían con sus ofrendas!
Se pondrían la playera, mientras escribían un poema los Abed, bebiendo un atole champurrado en su tazototota.
#Chingá
Ni hablar.
@Rafagobernador se equivoca cuando dice que se acabaron los días preciosos de Mario Marín.
Esos, aún viven en sus constructores consentidos y en algunos reporteros de baja autoestima.
Miau.

Happy birthday, kiddo.

Confeti.
Pastelitos de chocolate.
Ate con queso.
Black Pearls.
Música de los noventas.
Fanfarrias.
Tataratatá.
Tataratatá.
Tataratatá.
My babe, my kiddo,my Little Sunshine, happy bithday Dios en el Poder.
Fue el martes 11 de septiembre de 2006 cuando Dios en el Poder conoció la tinta y el papel en Cambio.
A partir de ese día, me volví su esclava y rehén. Hasta la fecha, esta columna goza de desvelarme, confrontarme con las personas, enemistarme con los políticos y cargarme de odios, maldiciones, mentadas y críticas.
Ufff.
Sin embargo, como buena víctima del síndrome de Estocolmo, heme aquí celebrando su sexto aniversario de vida periodística.
La historia de Dios en el Poder es muy sencilla: tuvo un par de padres irresponsables Héctor Hugo Cruz Salazar y Edmundo Velázquez, quienes un día sin decir más se fueron y me dejaron la custodia total de este espacio de humor producido en la redacción.
En Cambio vivió cinco años y medio hasta que enfermó de un cáncer en la lengua que sólo CENTRAL y sus quimioterapias lograron extirpar.
Cuando inició el sexenio morenovallista pensé en cambiarle el nombre, pero Arturo Rueda me detuvo, bajo el argumento de que la prepotencia, el despotismo y los malos gobernantes siempre existirán y siempre creerán que son Dios en el Poder.
Y no se equivocó.
Anyway.
Que cumpla muchos años más, que sin ella, al menos, yo viviría muy aburrida.
Miau festivo.

P.D. La imagen de las horrorosas flores la hice hace seis años para la columna. Ya sé, ya sé, pero me pongo melancólica ¡Y me encantan!

ACLARATORIA
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