Monday, 11 de December de 2017

¿Se puede amar demasiado?

Por Betzabé Vancini / /

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“Demasiado siempre es malo”, es una de las frases célebres de mi mejor amiga. Y es que hablar de demasiado siempre es referirnos a los extremos, a aquello que no tiene medida o que ya sobrepasó todo límite.

En el caso del amor, puede también manifestarse más allá de los límites, pues en sí, el amor no tiene una escala que nos permita decir que tiene una medida estándar o hasta dónde es normal o ha sido demasiado. Tal vez en el tema del amor, lo que nos pueda ayudar a saber que ha sido demasiado es cuando se ha dado en exceso y entenderemos como exceso todo aquello que cause daño a mí mismo o a otros.

Desde la filosofía budista “el amor es el deseo genuino de que el otro esté bien”, y esto planea que es muy probable que en algún momento tendré que pensar si mi amor le hace bien al otro o si me hace bien a mí porque, desde esta definición, el amor a mí mismo implicará mi deseo genuino de estar bien. Entendamos bien como sano, pleno, equilibrado, feliz.

Cuando el amor se da en exceso pueden producirse dos tipos de daño:

Crearle al otro expectativas no realistas en las que el amor y sus manifestaciones no tienen límites, abrumándolo o condicionándolo.

Vaciándome en mi amor al otro hasta quedarme sin nada y sentir que quedo en una profunda deuda conmigo mismo porque puse antes el bienestar del otro que mi estabilidad.

Ninguna de las anteriores son manifestaciones sanas de amor porque, por ejemplo, a un hijo que se le da todo, le quitamos la capacidad de tolerar la frustración y de aprender a ser independiente superando sus limitaciones. Cuando también hay que enseñarle a frustrarse y a esforzarse, a ganarse las cosas y a que no tenga la idea errónea de que se merece todo solo por ser quien es. Lo mismo pasa en la pareja: si acostumbro al otro a que siempre tiene todo de mí sólo por ser quién es, eso puede crearle la falsa idea de que tiene derecho a maltratarme porque mi amor hará que siempre le perdone y siempre regrese. ¿Suena sano? Por supuesto que no.

El segundo daño puede ser más difícil de percibir pues culturalmente vivimos en el refuerzo de la idea de que el amor todo lo tolera y todo lo perdona. Que se multiplica entre más lo manifestemos y pensamos -equivocadamente- que anteponerse uno mismo al ser amado es egoísmo. Pero nada más lejano de la realidad. Daremos desde nuestra falta y desde nuestros huecos, generando una sensación de deuda con nosotros mismos pues somos capaces de dar a otro lo que no nos damos. Esto produce consecuencias muy graves en el autoestima, pues cada ruptura de una relación de pareja o separación experimentaremos ese “+vacío de sentir o saber que el otro “se llevó todo lo que teníamos”, dejándonos además del duelo, la enorme tarea de reconstruirnos.

A estas condiciones son a las que podríamos denominar “amar demasiado” y las que propiciarían un daño tanto en el otro como en la propia estabilidad emocional.  Tal vez la parte más sana para ponerle una “medida” al amor es pensar que nadie puede dar lo que no tiene y si carecemos de amor por nuestra propia persona, lo que le daremos al otro será meramente un espejismo de amor. En ese sentido, la tarea que nos queda es trabajar en nuestro genuino bienestar, en estar estables, plenos, completos y entonces poder estar en disposición de compartir eso con otro. Pero compartir y no vaciarme en ese esfuerzo de amar. El amor sí tiene medida, es esa que nos ayuda a decir hasta dónde importamos nosotros y hasta dónde es suficiente o equitativo darle al otro.

Espero tus comentarios en Twitter @betzalcoatl 

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