Entre el bullicio de la vida universitaria, el Barrio de Santiago esconde uno de los asentamientos más antiguos y emblemáticos de Puebla capital.
La llegada de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (Upaep) en los años 70 convirtió a Santiago en el epicentro de la vida estudiantil.
Al albergar el campus central, el barrio mutó y hoy funciona como hogar de miles de estudiantes de México y del extranjero.
En ese sentido, resulta común ver a vecinos de toda la vida compartir la banqueta con jóvenes que cargan planos y laptops.
Por su parte, las antiguas casonas ahora albergan residencias, cafeterías y centros de copiado, lo que aporta un aire de barrio intelectual.
Además, para muchos poblanos el Barrio de Santiago también es sinónimo de buen comer. Desde puestos de antojitos hasta restaurantes de comida corrida, el lugar ofrece a los estudiantes distintas opciones de platillos.
A pesar de la modernización, Santiago conserva su traza colonial y edificios que destacan como joyas del barroco, como la Parroquia de Santiago Apóstol.
Su cúpula y su atrio funcionan como punto de referencia visual, pues el templo representa el centro de la identidad vecinal.
Cada 25 de julio, el barrio se detiene para celebrar a su santo patrono Santiago Apóstol en una festividad que fusiona la herencia prehispánica con la fe católica.
De acuerdo con sus habitantes, desde las primeras horas de la madrugada el ambiente de júbilo transforma las calles del barrio. Así, por un día, Santiago recupera su esencia tradicional.
Vecinos explicaron a CENTRAL que la jornada comienza a las 5:00 de la mañana con las tradicionales Mañanitas en la parroquia para el “Señor Santiago”.
Además, el aroma a incienso se mezcla con el del café de olla que los mayordomos reparten entre los asistentes.
Barrio de Santiago, la traza de la resistencia durante los siglos XVI-XIX en Puebla
Mientras el centro de Puebla se reservaba para los colonizadores españoles, en las periferias como Santiago se asentaron las manos indígenas que construyeron la “Ciudad de los Ángeles”.
Fundado en el siglo XVI, poco después de la traza original, Santiago nació como un barrio de indios.
No obstante, con el paso del tiempo dejó de ser periferia y se consolidó como un referente intelectual y gastronómico.
Santiago no solo funcionó como centro habitacional, también resistió durante la intervención francesa de 1863 al convertirse en escenario de combates cuerpo a cuerpo.
En ese contexto, los vecinos no solo observaron, también convirtieron sus hogares en trincheras y reforzaron un espíritu de unidad vigente.
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El templo de Santiago Apóstol funcionó como punto de referencia para los viajeros que entraban a la ciudad desde el sur. Así, marcó el límite entre el campo y la ciudad.
A finales del siglo XIX y principios del XX, familias de clase alta establecieron aquí casas de campo y huertas.
Sin embargo, con la llegada del ferrocarril y la modernización, el barrio comenzó a transformarse.
Las grandes extensiones de tierra dieron paso a vecindades de patio central que modificaron la dinámica social.
El punto de inflexión ocurrió en 1973 con la fundación de la UPAEP, que atrajo una nueva demanda de servicios.
Incluso, algunas calles pasaron a ser peatonales, entre las primeras fuera del primer cuadro con esta modalidad. Esto evidencia la evolución del barrio hacia una vocación marcadamente estudiantil.
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