Laura Artemisa García Chávez defendió la labor que ha realizado la Secretaría de Bienestar ante los escándalos de algunos de sus funcionarios.
Sin embargo, “La Maestra” responsable de esta dependencia, llamó a los funcionarios de su dependencia a definirse:
Estamos o no estamos (…) Hay que observar los códigos y no nos podemos quitar el traje de servidores públicos. Tenemos derecho a la vida privada, pero corremos el riesgo de ser cuestionados por todos”.
Al mismo tiempo, la titular de la Secretaría de Bienestar, Laura Artemisa García Chávez, consideró que “no hay que caer en la presión mediática ante escándalos”.
Por ejemplo, los ocurridos con delegados y funcionarios, por lo que “La Maestra” consideró que cada trabajador debe ser medido por sus resultados.
De familia de docentes a liderar la Secretaría de Bienestar, trayectoria de Laura Artemisa García Chávez
En entrevista con CENTRAL, la secretaria de Bienestar de Puebla abrió su historia personal.
García Chávez detalló que proviene de una familia de maestros que llegaron hasta los rincones más apartados del estado.
Comenzó como docente frente a un grupo a los 24 años, con un hijo recién nacido, en una época en que aún se exigía certificado de no gravidez para ser contratada. Esa experiencia, dice, es la que hoy define la sensibilidad con la que conduce a la Secretaría de Bienestar.

Mencionó que a muchos les llama la atención el mote “La Maestra”, con el que se le presenta; sin embargo, dijo que no es un guiño estratégico, sino más bien un linaje.
Yo vengo de una familia de maestros, orgullosamente, de mi familia paterna”.
Sus abuelos se desempeñaron como docentes en la Sierra Norte y en buena parte del estado. Su abuela empezó como alfabetizadora a los 15 años en Tetela de Ocampo.
“El abuelo”, recuerda con cariño y con risa, era uno de esos maestros “de la vieja guardia, de los que la letra con sangre entra”. Su abuelo fundó instituciones educativas y recorrió comunidades muy lejanas en una época en la que llegar costaba caro.
Algunos de sus tíos, dice, fallecieron muy pequeños por las condiciones en que les tocó vivir en esos pueblos.
Su padre, en cambio, se formó como ingeniero químico y laboraba como petrolero. “LA Maestra” recuerda que su padre trabajaba en el ingenio de Atencingo cuando una visita presidencial a Puebla cambió la historia familiar.
Su abuelo, como muchos docentes de la época, fue invitado a recibir al presidente de la República y le entregó una solicitud para pedir una oportunidad para su hijo.
Días después, sonó el teléfono de la casa, era de parte de la presidencia. “Le iban a dar su base en Pemex”, recuerda Laura Artemisa. Era 1965, la antesala de la bonanza petrolera.
Mi papá siempre fue un hombre que creyó firmemente en las instituciones, porque a través de un maestro como fue mi abuelo, se le hizo caso”.
Aunque la docencia atravesaba a la familia, Laura Artemisa estudió Administración de Empresas. La idea era ayudar a su mamá, que llevaba el negocio familiar mientras su papá pasaba largas temporadas fuera por su trabajo en Pemex.
A los 24 años, se abrió una vacante en el Bachillerato Hermanos Serdán, turno vespertino, frente al Paseo Bravo en la capital poblana.
Uno de sus tíos le tendió el puente. La asignatura: Estructuras Socioeconómicas de México, donde cubría doce horas, además de desempeñarse como mamá.
Doy muchas gracias a Dios, porque me abrió la puerta a una profesión de la que me siento muy orgullosa”.
Más adelante, se preparó con la Maestría en Excelencia Educativa y doctorado. Asegura que el camino no fue fácil. Su primer grupo de tercero de bachillerato tenía alumnos de 21 años, mientras ella tenía 24.
Te querían ver como su compañera”.
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La estrategia fue clara para Laura Artemisa García Chávez: poner límites sin perder la cercanía y emular a los mejores maestros. Al mismo tiempo que recordaba cómo conectaban con los estudiantes. Recuerda que le gustaban los debates y quería que los jóvenes encontraran su voz.
Los jóvenes tienen voz, y de los jóvenes se sigue aprendiendo mucho”.
Pasó diez años frente a grupo. Después se desempeñó como directora, supervisora y coordinadora de desarrollo educativo. Acumuló treinta años de servicio educativo, repartidos entre Puebla capital, la Sierra Norte y la Mixteca.
Aprendí a conocer los contextos de cada una de estas regiones, de las familias poblanas, que varían mucho por las condiciones. En las aulas tenemos a los hijos y las hijas de Puebla. Es ahí donde entendemos la problemática social de las familias poblanas”.
La disciplina es algo que mantiene y agradece. Por lo que ha intentado recalcarlo en su equipo de trabajo:
Cada trabajador y trabajadora debe ser medido también por sus resultados. No es solamente caer en la presión mediática ante los escándalos. Sino tener una revisión pertinente de nuestros avances. Acá tenemos metas, tenemos resultados, y estamos dando avances importantes”.
También, asegura que existe un compromiso que no se negocia: el de quien aceptó formar parte del proyecto del gobernador Alejandro Armenta:
Hay reglamentos que nos obligan a actuar de determinada manera como servidores públicos. Donde estemos no nos podemos quitar el traje de servidores públicos, y eso conlleva una responsabilidad. Cierto es que todos tenemos derecho a la vida privada, pero si esa vida privada no la cuidamos de no llevarla a lo público, permitimos que sea observada y cuestionada por todos”.
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