Frida Guerrera

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Frida Guerrera

Naty y Sebas: ¿Quién protege a estos niños, huérfanos de feminicidio?

“Dicen que el tiempo cura las heridas, no estoy de acuerdo, las heridas perduran. Con el tiempo la mente, para proteger su cordura, las cubre con cicatrices y el dolor se atenúa, pero nunca desaparecen.” (Rose Kennedy)

Cuando conocí a Josefina fue a casi ocho días de que su hija Adriana Arce Cruz fuera encontrada asesinada el 7 de octubre de 2018.

Fue una de sus sobrinas quien me contacto vía Messenger solicitándome apoyo para su tía.

Acudí a su domicilio, luego que Josefina me llamara vía telefónica. En aquel momento vi a una mujer llena de dolor como cada una de las madres que he visitado.

Se encontraba desecha, llena de infinidad de dudas.

¿Quién se había atrevido a lastimar a su pequeña? ¿Quién había osado a arrancarle el corazón?

Sabiendo que Adriana tenía dos pequeños que la necesitaban. “Jose”, como nosotros las Voces de la Ausencia le decíamos cariñosamente, “Tía Pepa”, como la llamaban sus sobrinas, “Doña Chepina”, como era conocida en el Mercado “Ignacio Zaragoza”, ubicado en Virgen del Carmen 87, Virgencitas, Nezahualcóyotl, Estado de México.

Josefina era una mujer originaria de Oaxaca. Nació el 16 de junio de 1959. Desde muy pequeña, sus padres decidieron irse a vivir al Estado de México con sus siete hijos. Lamentablemente, el padre de esta enorme y honorable familia fue atropellado y perdió la vida, situación que forzó a toda la familia a trabajar.

Doña María Albina Sánchez García, madre de esos pequeños, les enseñó a todos que para poder sobrevivir tenían que trabajar muy duro. Ese fue el gran legado que dejó a cada uno de sus hijos. Josefina lo aprendió muy bien. Madre de dos y abuela de seis niños, continúo trabajando hasta el último momento.

El feminicidio de su pequeña Adriana la fue carcomiendo en medio del dolor, la desesperación y la falta de justicia de las autoridades; también lo hacía una hernia umbilical que ya le habían operado unos años antes y que volvió a aparecer a casi un año de que perdiera a su hija.

Adriana Arce Cruz nació el 14 de febrero de 1990. Tenía 28 años cuando fue arrebatada de sus planes, proyectos de vida y de sus hijos y madre. Adriana era el sostén de su familia ante su muerte. El día 6 de octubre de 2018, después de salir de trabajar, abordó un taxi para dirigirse a su casa, esa fue la última vez que la vieron con vida.

El domingo 7 de octubre, su cuerpo fue localizado en la Calle 20 de la colonia Juárez Pantitlán.

Josefina vendía antojitos en el mercado desde hace muchos años, posteriormente acordó con su hija que vendería el puesto y la apoyaría a cuidar a los dos pequeñitos. Adriana trabajaría por las dos. Así lo hicieron.

Sin embargo, llegó un ser o seres despreciables que arrebataron su vida y con ella sus proyectos. Luego de perder a Adriana, tuvo que improvisar un puesto de comida en contraesquina del mercado. Al principio sólo era una lona que cada vez que llovía terminaba empapada.

Nos dimos a la tarea de reunir dinero y del 23 al 27 de marzo de 2020 le hicimos un puesto más en forma: con techo, ayudados por un donante económico que nos proporcionó 8 mil pesos y con el trabajo de nuestra gran amiga y aliada, la arquitecta Olivia Morales, el trabajo arduo de uno de los papás de Voces de la Ausencia, al cual pagamos su tiempo, gasolina y trabajo, y pudimos apoyarla. Lo realizamos con mucho amor y esfuerzo. Josefina estaba menos estresada.

No me puedo operar, ¿quién me ayudaría con los gastos?”.

Cuando Josefina me hizo saber que la hernia que padecía había vuelto, le pedí una y otra vez que se operará, las mismas autoridades lo hicieron. Le sacábamos citas médicas y las cancelaba, una vez y otra más lo hizo.

Cuando iba a verla la regañaba: “Jose, por favor opérate”. Su respuesta siempre fue la misma: “No, Frida, ¿y mis niños? ¿Quién me ayudará con la renta, los gastos de los niños?”.

Le respondía que no la íbamos a dejar sola, sin embargo, ella no aceptaba el apoyo económico que le queríamos brindar. Siempre que iba a desayunar, al no quererme cobrar, la abrazábamos y le dejábamos dinero extra en la bolsa de su mandil para lo que ocupará. Solamente en medio de la pandemia aceptó que le compráramos víveres para que pudiera retomar su venta.

En muchas ocasiones, le hicimos saber que si no se operaba no le iba a durar a sus pequeños, muchas veces con lágrimas en los ojos nos pidió que si algo le pasaba, nos lleváramos a sus niños. Situación que siempre le aclaramos era imposible porque no eran nuestros, además, legalmente, el único que podía llevárselos era su padre. Cabe mencionar que las referencias del sujeto no eran las mejores y eso preocupaba a Josefina.

En muchas ocasiones pregunté por el padre de los hijos de Josefina, esta era la respuesta que me daba: “Lo dejó porque tomaba mucho y era muy mujeriego, además, mi hija fue violentada cuando era chiquita y él nunca estuvo para apoyarme, ni aún después de su feminicidio”.

En noviembre de 2019 para AFP, la agencia de noticias internacional, Josefina refirió lo siguiente:

Cuando Josefina Cruz comienza a recordar el feminicidio de su hija Adriana hace casi un año, su nieto Sebastián, de seis años, la interrumpe diciendo con naturalidad, ‘…y un señor la mató’”.

Josefina Cruz, de 60 años de edad, se hace cargo desde entonces de Sebastián y su hermana Ashly Nataly, de 9 años. Los mantiene con lo que gana en un puesto de comida mexicana.

No me pesa porque siempre he trabajado, pero ahorita por mi estado de salud como que se me está haciendo más difícil”, dice entre lágrimas. “No me da miedo morirme, lo único que me da miedo es dejarlos a ellos solos porque no cuentan con un padre, ni familia”, dijo Josefina para el reportaje Huérfanos: las otras víctimas de los femicidios.

Cada una de las familias de Voces de la Ausencia que acompañamos forman parte de nuestro día a día. Josefina se metió muy dentro de nuestros corazones al saberla sola y siempre preocupada por sacar adelante a sus niños.

Naty la niña mayor, ahora de 11 años, fue la que me avisó aquel 8 de mayo de 2022, “Frida, se llevaron a mi mamá Jose al hospital”. Fue lapidario.

Josefina llegó colapsada al hospital, con insuficiencia cardiaca, renal y la hernia necrosada. Acudimos de inmediato a la institución, informé a la fiscal Central de Género del Estado de México, la maestra Dilcya Samantha García Espinoza, a la maestra Carolina Alanís, titular de la Comisión de Atención a Víctimas del Estado de México. La preocupación inmediata de ellas: ¡Los niños!

Cuando acudí al hospital estaban sus sobrinas a quienes siempre tuve presentes porque cada vez que acudíamos a visitar a Josefina a su puesto de comida, ellas iban a saludarnos. Conocí a Emmanuel, su hijo, quien no pudo apoyarla porque ya estaba formando su propia familia, pero no conocí a nadie más. Las sobrinas de Jose nos dieron parte de lo que los médicos decían de su estado de salud grave. La CEAVEM siempre estuvo al pendiente de lo que necesitábamos para ella.

La vi el 9 de mayo cuando pude entrar a aquel espacio dentro del hospital, la cama 4 de urgencias del Hospital “Gustavo Baz”. Josefina estaba intubada, sedada, le sobé sus pies agrietados por la resequedad, hinchados como toda ella, acaricié su cabeza, le hablé al oído, le dije que no se preocupara, que no dejaríamos de buscar justicia por Adriana y que nos aseguraríamos que los niños estarían bien, que la Fiscalía ya estaba tomando cartas en el asunto.

Limpié una lagrima que resbaló de su ojito derecho, la besé la frente, diciéndole cuanto la amábamos y salí. Fue la última vez que la vi. El 12 de mayo, cuando iba rumbo al hospital, me llamaron para hacerme saber que ya había fallecido.

Esta historia tal vez es en un poco fuera de lo común de La Columna Rota, porque habla de lo mucho que sentimos y nos dolió el acompañamiento a Josefina y su muerte.

Pero es necesario tratar de explicar todas las emociones que sentí, me enojé con todos, las instituciones, los asesinos o asesino de Adriana, con la maldita impunidad y la falta de recursos para ayudar más a Josefina. El seguimiento que se debe dar realmente a las familias cuando las acompañas, no sólo en la “nota del momento”.

De cómo el ser pobre complica más poder sopesar un crimen que socava la vida de toda una familia completa. Me sentí culpable porque no le insistimos más, porque a pesar de todo ella sabía que nunca la dejaríamos sola y aun así no logramos convencerla.

Ahora me tocaba decirle a los niños que “Mamá Jose” ya se había ido al cielo con su mami Adriana. Fue uno de los momentos más dolorosos que hemos vivido. Me hinqué ante ellos y les dije que los amaba y que siempre estarían apoyados por nosotros.

Cuando les dije la verdad, gritaron, lloraron, vi el dolor en sus caritas, el terror de pensar que su papá podía ir por ellos y en un grito me dijeron: “Frida, mi papá va a venir por nosotros y no, no podemos irnos con él”. Fue un grito de angustia, de pánico.

Luego de velarla y sepultarla, conocí a su hermano mayor, a otros familiares de Josefina, platicamos y les hice saber que la Fiscalía estaba preocupada por la seguridad de los niños, que habían decidido que algún familiar fuera del Estado de México se los llevará para procurar su seguridad. Y así fue.

Una de las tías paternas de los niños, hermana de quien fuera esposo de Josefina, pidió hablar conmigo para hacerle saber dónde estaban los niños. Por seguridad, yo no podía revelar eso, por lo que le expliqué que ellos estaban bien, que hablaran con la maestra Dylcia para que ella les diera la información a la cual podían tener acceso.

Luego de esa plática de adultos, donde se supone quedó claro que a todos nos importaba el bienestar de los niños, el lunes 23 de mayo recibí una llamada bastante hostil de otra de las excuñadas de Josefina.

Posterior a ello, recibí una serie de mensajes donde me amenazaban diciéndome que nos denunciarían por “secuestro” a las Voces de la Ausencia y a mí, lo único que les comenté fue que hablaran con la Fiscal. El jueves 26 de mayo recibí otro mensaje donde me decían que me denunciarían por “secuestro”.

Hace un par de días, vi unos volantes de búsqueda de los niños. Y nos preguntamos, ¿realmente les importan los niños o es sólo el beneficio que como víctimas indirectas tienen?

No, nosotros no tenemos autoridad alguna para mantener a unos niños resguardados, los únicos que las tienen son las autoridades. La tarea que tuvimos y tenemos con ellos es salvaguardarlos, pero no depende de nosotros decidir con quién pueden estar. Nos molesta de sobremanera saber que en todo este tiempo jamás vimos interés por ayudar a los niños de algún otro familiar, tan es así que Josefina está muerta porque nunca se pudo operar por falta de apoyo familiar.

¿Quién protege a estos niños, huérfanos de feminicidio? La otra cara de este deleznable crimen, esa que pocos ven o entienden. Ahora ¿ayudar y empujar para que los proteja la autoridad es delito?

Y como seguimos siendo la extensión de la voz de las familias, aquí una carta redactada por una de las sobrinas de Josefina. Porque seguimos siendo la voz de Josefina y Adriana.

Para mí tía Josefina;

Quiero expresarle mi admiración y respeto por saber salir adelante después de la muerte de su hija Adriana y hacerse cargo de sus nietos, en verdad que para mí fue un ejemplo del gran ser humano que fue, siempre tan valiente, guerrera y trabajadora, que a pesar de estar con el alma rota, usted brindaba una sonrisa y un gran apoyo moral, siempre que sus herman@s y nosotros como sobrinos necesitábamos de usted. Le estaré agradecida eternamente, porque cuando murió mi padre, estuvo con nosotros y nos dio palabras de aliento, sé que a usted le dolió mucho la muerte de mi papá por la gran unión que tenían, de verdad tía.

Mil gracias, fue una gran inspiración de vida y sé que su mayor preocupación fue y serán sus nietos, yo no tenía idea de todo lo que usted cargaba en sus hombros hasta el día en que murió. ¿Sabe? Lo primero que pensé fue en Naty y Sebas, me rompieron, tía, al ver su tristeza y escuchar su llanto y su miedo de que usted ya no iba a regresar, nos hace tanta falta, tía, yo que soy un adulto me rompí, no logro concebir su dolor, hace casi cuatro años les arrebataron a su mamá y ahora el fallecimiento de su abuelita; le pido a Dios fortaleza para ellos y para nosotros como familia, la amaré eternamente y perdóneme si algún día la decepcioné o fallé como sobrina, deseo de corazón que todo lo que pase después de su muerte sea para bien de Naty y Sebas, que ahora son los que más nos necesitan.

Gracias por dejar huella en cada uno de nosotros.

Atentamente

Familia Sánchez Cruz

Q.E.P.D. Josefina Cruz Sánchez

Lo próximo que viene son ataques de algunos seres despreciables (activistas y algunas periodistas) que están ahí agazapados esperando para querer aniquilarnos, desprestigiando y desacreditando no solo a Frida Guerrera, a Voces de la Ausencia.

Pero aquí estamos de pie y de frente, porque sólo defendemos y hablamos con la verdad, abrazando y cuidando a nuestras Voces. Y así como Josefina decía, “Para defender a mis hijos me vuelvo perra”. Para defender a las Voces y nuestros niños y niñas, yo me vuelvo leona.

Frida Guerrera

Frida Guerrera

Frida Guerrera es una de las periodistas más reconocidas en cuanto a seguimiento de feminicidios a nivel nacional. Ha relatado casos, acompañado a familias e incluso ella misma ha apoyado a la detención...