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Javier Arellano

Mixteca poblana: puerta para el crimen organizado

En distintos momentos de la historia reciente grupos criminales han intentado asentarse en el estado de Puebla. Hasta el momento ninguno lo ha logrado

Hasta el momento.

Controlar la venta de narcóticos en las principales ciudades como Puebla, las Cholulas, San Martín Texmelucan, Teziutlán, Atlixco, Tehuacán sería un primer paso para posteriormente imponer el “derecho de piso” tal y como sucede en otros estados donde hasta los más pequeños comerciantes -como vendedores de gelatinas-, tienen que pagar a los criminales. 

Los intentos del crimen organizado han sido reiterados. Cada cuatro o cinco meses se sabe de algún despliegue en territorio poblano.

El estado de Puebla está en el centro de un fatídico círculo. Al oeste tiene a la Ciudad de México, Morelos y Guerrero y al este Veracruz.

En Morelos y Guerrero imperan las células del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y la Familia Michoacana que prácticamente han rebasado a los Rojos, Los Ardillos y han desplazado de algunas regiones a Guerreros Unidos. Los principales municipios los controlan los cárteles y los menores otras organizaciones.

La Ciudad de México es feudo de La Unión Tepito que cohabita con una docena de grupúsculos como el Cártel de Tláhuac, Los Rodolfos, Los Peluches, entre otros.

En Veracruz los Jaliscos y Zetas Sangre Nueva ya se repartieron la entidad, entre una decena de bandas pequeñas.  

Y Puebla queda en medio de esa geografía criminal. 

El caso de Jolalpan, municipio poblano en el que fueron calcinados dos cuerpos, ratifica que la gran puerta del hampa sigue siendo la Mixteca.

El Fiscal Higuera Bernal declaró que buscarán un intercambio de información con autoridades de Morelos y Guerrero para profundizar en el caso. Obviamente estamos ante la intromisión de grupos ajenos a Puebla.

Empero desde hace mucho las células criminales se percataron que en Puebla no es necesario entrar a sangre y fuego; tampoco se requiere enviar convoyes de camionetas con sicarios.

Los capos de Guerrero saben que basta con negociar con los presidentes municipales. Los ediles no se resisten a recibir un pago mensual por permitir que en sus municipios se instalen una decena de narcotienditas donde se venden grandes cantidades de “cristal” a adolescentes y jóvenes. 

Ese es el gran reto de la Puebla actual.

Cada día que pasa sin desmantelar una célula de narcomenudistas es un día de retroceso para la sociedad.

Es un día que Puebla se acerca más a Tijuana.

Los enervantes son el centro de la telaraña delictiva. 

Tehuacán frente al primer hecho de criminalidad política

Se llama Raúl Martínez Ortiz.

Es un hombre modesto que se gana el sustento con pequeño taller de torno en Tehuacán.

En sus años mozos Martínez fue soldado; recibió instrucción militar. Sabe de armas y en días recientes ese conocimiento le salvó la vida.

Frente a la ola delictiva que azota a Tehuacán Raúl inició un movimiento llamado “Vecinos Vigilantes”. 

Realiza reuniones en colonias populares, invita a los ciudadanos a organizarse en grupos de Whats App para reportar a sujetos o vehículos sospechosos. También tiene conocimientos en electricidad por lo que apoya colocando alarmas vecinales y luminarias en calles oscuras.

Su labor social se centra en apoyar a colonias populares para enfrentar la inseguridad.

Pero también apoya movimientos sociales de otros municipios, como es el caso de Coyomeapan que enfrenta un cacicazgo. Hace unas semanas Raúl acompañó la marcha que cientos de coyomeapenses realizaron en calles de Tehuacán hasta llegar al bloqueo de la supercarretera. 

Hace una semana Martínez Ortiz comenzó a recibir mensajes con amenazas. En una ocasión llegaron a su taller dos gatilleros con la intención de asesinarlo. Afortunadamente el activista había salido unos momentos y pudo verlos a la distancia.

La tarde del miércoles 22 de marzo Raúl salió a hacer unos trabajos y regresaba a su taller cuando se percató que era seguido por una motocicleta.

Como mencionamos el activista fue soldado en sus años jóvenes por lo que de inmediato se puso en alerta. Se percató que eran sicarios.

La moto le dio alcance y se colocaron frente al vehículo; el sujeto que iba en la parte posterior sacó un arma de fuego.

La reacción de Raúl fue instintiva; con su auto impactó a los motociclistas quienes cayeron al pavimento, pero rápidamente uno de ellos se reincorporó y comenzó a disparar contra el activista quien no detuvo su marcha. 

En segundos los gatilleros subieron a la moto y huyeron. Frente al vehículo quedaron los casquillos del atentado.

El tema de fondo es que Raúl Martínez Ortiz no tiene problemas con delincuentes; su situación económica es muy modesta por lo que no fue un intento de asalto.

Sus atacantes buscaban ejecutarlo por órdenes de figuras públicas de Tehuacán. 

Algo que nunca se había visto: un crimen con motivaciones políticas. Querían liquidar al activista quien es un estorbo para sus planes rumbo a las elecciones de 2024.  

¿Qué va a pasar?

Solamente podemos adelantar que esto no se va a detener y Tehuacán entrará en una vorágine -aún mayor-, de violencia.

Al tiempo.

Como siempre quedo a sus órdenes.

Tw @CupulaPuebla

cupula99@yahoo.com

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Javier Arellano

Javier Arellano es uno de los periodistas más reconocidos y experimentados en Tehuacán; en su columna Cúpula, detalla y desnuda a la elite tehuacanera, los líderes de la región y también analiza...