La Fiscalía General del Estado (FGE) de Puebla atraviesa momentos críticos. La percepción de inseguridad, la crisis de credibilidad institucional, las acusaciones de corrupción y la realidad de la violencia en la entidad han colocado a la institución bajo una presión ineludible.
No es secreto para nadie que los homicidios dolosos y los delitos de alto impacto se han convertido en el talón de Aquiles de la administración de justicia en el estado.
Entre hallazgos macabros y ejecuciones a plena luz del día, la urgencia de un “golpe de timón” era no solo necesaria, sino vital.
En este escenario de aguas turbulentas, la fiscal general, Idamis Pastor Betancourt, ha realizado una jugada estratégica: el nombramiento de Jorge Alfredo Mena Villaseñor como encargado del despacho de la Coordinación de Investigación en Homicidios Dolosos.
Pero ¿es este movimiento suficiente para sanear una institución que la ciudadanía observa con escepticismo?
La situación en Puebla no es menor. El archivo criminal reciente del estado incluye desde cuerpos desmembrados en recintos feriales hasta asesinatos de extranjeros en zonas comerciales de alta plusvalía, como Plaza Solesta, ocurrido apenas en julio de este 2025. La impunidad ha sido el fantasma a vencer, y la Fiscalía necesitaba un perfil que no solo llenara un escritorio, sino que conociera las entrañas del monstruo.
Aquí es donde entra el análisis del perfil de Mena Villaseñor. No es un improvisado; su trayectoria en la institución data de 2019, iniciando en la Unidad en Delitos contra la Vida e Integridad Corporal en la Fiscalía Metropolitana.
Su currículum se lee como una crónica de los horrores recientes de Puebla, pero también como una lista de “fuegos apagados”.
Se le atribuye la resolución de casos mediáticos y políticamente costosos: desde la tragedia de la explosión en San Pablo Xochimehuacán en 2021, hasta el grotesco y doloroso caso del bebé Tadeo, hallado en el penal de San Miguel en 2022.
Lo que se espera de Mena Villaseñor no es poco. Su historial sugiere una capacidad para operar contra el crimen organizado que ha permeado la entidad. El documento que respalda su nombramiento destaca la desarticulación de células del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y la “Operativa Barredora”, así como bandas locales que tenían asoladas regiones específicas: “Los Negros” y “Los Orea” en San Pedro Zacachimalpa, o “Los Camarones” y “Los Truchas” en la región de Tehuacán y Ajalpan.
Sin embargo, el reto es monumental. La FGE necesita más que “audacia” y “métodos de investigación”; necesita resultados sistémicos. Si bien Mena resolvió el asesinato del abogado en Tehuacán y avanzó en el caso de la madre buscadora de Betsabé, la ciudadanía exige que estos resultados dejen de ser la excepción para convertirse en la norma.
La llegada de Jorge Alfredo Mena Villaseñor a la coordinación de homicidios se vende como la solución para lograr una baja en delitos de alto impacto. Es una apuesta alta de la fiscal Pastor Betancourt. Con un estado donde la violencia no da tregua, Mena Villaseñor no tiene margen de error: o confirma por qué se le considera “el mejor candidato” para pacificar Puebla, o será otro nombre más consumido por la crisis de una Fiscalía que urge de credibilidad.
El tiempo, y las cifras de homicidios, dictarán el veredicto.
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