A pesar de su ubicación entre Los Fuertes y el Centro Histórico de Puebla, el barrio fundacional de Xonaca se resiste a la gentrificación.
El barrio de Xonaca no nació como una colonia o un fraccionamiento bien planeado. Se trata de un asentamiento indígena en los márgenes de la traza española durante el siglo XVI.
Lo que hoy vemos como una zona urbana consolidada, fue en su momento una periferia fértil donde el agua del río San Francisco corría libremente alimentando huertas.
Originalmente habitado por grupos indígenas que proveían de mano de obra a la naciente Angelópolis, el barrio creció gracias a su cercanía al río.
Mientras los españoles se asentaron en el centro, los barrios circundantes como Xonaca, El Alto y Analco se convirtieron en espacios para las tradiciones locales.
Si algo distingue la silueta de Xonaca es su arquitectura de piedra y ladrillo con la construcción del Templo de Nuestra Señora de la Candelaria.
A diferencia de las casonas señoriales del centro, aquí domina las casas de techos altos con vigas de madera. Así como los inmuebles con zaguanes profundos y el uso persistente de la cal en las construcciones.
Durante décadas, el barrio fue famoso por sus hortelanos, sin embargo, su identidad está ligada a la fe. Es el hogar de los mejores vestidores de Niños Dios, un oficio que alcanza su clímax cada 2 de febrero.
La Fuente de los Muñecos, en 22 Oriente y 18 Norte del barrio de Xonaca, es escenario de una de las leyendas más tristes y famosas de Puebla.
La historia cuenta que dos hermanos desaparecieron un día de lluvia torrencial y nunca fueron encontrados. En su honor, se erigieron dos estatuas de talavera que parecen observar a los transeúntes con una mirada inquietante.
Xonaca enfrente rastros tras la gentrificación en Puebla
Hoy, Xonaca enfrenta los retos de la modernidad y la gentrificación que asoma desde el Centro Histórico, pero sobrevive más allá de sus leyendas.
En ese sentido, la tradición de los Huehues es el alma del barrio, toda vez que cada año, las cuadrillas de danzantes toman las calles.
Además, desde sus famosas panaderías hasta los pequeños talleres de reparación, la economía interna mantiene el flujo de vida en sus calles estrechas.
Sin embargo, el barrio experimenta una transformación visual a través del arte urbano. Colectivos de artistas convirtieron paredes de adobe en lienzos que narran la historia de sus habitantes.
Xonaca, el barrio que fue trinchera y testigo de la Gloria Nacional en 1862
Más allá de su identidad, el barrio guarda entre sus calles la memoria de ser el escenario estratégico durante la Batalla del 5 de Mayo de 1862.
Debido a su ubicación geográfica, justo a las faldas del Cerro de Loreto y Guadalupe, Xonaca se convirtió en una extensión del campo de batalla.
Por su cercanía con el río San Francisco, el barrio funcionó como un punto de observación y resistencia. Los relatos históricos sugieren que los batallones que defendieron el Fuerte de Guadalupe utilizaron el terreno para frenar el avance de los zuavos franceses.
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La solidez de las construcciones de Xonaca no fue solo estética, sino defensiva. Las casas de adobe y los muros de piedra que aún se mantienen en pie fueron mudos testigos del estruendo de la artillería.
Se dice que los zaguanes y las azoteas de las viviendas más antiguas sirvieron como puntos de refugio y apoyo logístico para las tropas mexicanas.
El Templo de Nuestra Señora de la Candelaria, con su imponente fachada, permaneció como el vigía que observó desde la falda de la colina cómo la bandera tricolor se mantenía en lo alto de Guadalupe.
Actualmente, el barrio transformó ese pasado en una expresión de cultura y donde cada piedra son recordatorios de la frontera entre la invasión y la victoria nacional.
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